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¡Quítense-ustedes-pa-ponernos-todos!

Y lamentablemente invertimos inmensamente mayores esfuerzos en buscar de quienes deben ser esas pocas manos, que en buscar ajustar nuestro modelo económico político a nuestras realidades. Y eso por cuanto en materia de ideologías también sufrimos el efecto puerto… o sea preferimos lo importado a lo nuestro… venga de Estados Unidos, Cuba o de cualquier otro pensum extranjero.

Nuestra ineludible realidad económica, de ya pronto cien años, y por lo que puede ser mucho tiempo más, es que somos un país extraordinariamente rico en petróleo. Y el petróleo, cuando con la ayuda de OPEP su carácter no renovable es debidamente valorizado, nos provee de unos ingresos que alteran nuestros equilibrios internos.

Primero: Por lo del síndrome holandés (niño de pecho comparado con el síndrome nuestro) nuestra divisa, nuestros salarios, en fin toda nuestra economía interna, se mantiene tan fuerte que se nos hace difícil competir con el mundo exterior, por lo menos de las maneras tradicionales.

Segundo: Mientras esos ingresos petroleros se concentran en pocos centros de decisión, estaremos en manos de un cacique emplumado dictatorial y de su entorno íntimo, lo cual nos enferma. Puesto que enfermos estamos cuando, sin rechistar, aceptamos que se cometan crímenes económicos contra la humanidad, como por ejemplo que el precio de la leche sea 278 veces superior al de la gasolina.

En la semana acudí a una de esas tantas conferencias donde bien-intencionados tratan de solucionarle a países sus problemas con la «maldición de recursos naturales». Y en ésa conferencia lo que se trataba era como los Estados Unidos, por medio de la ley conocida como Dodd-Frank Act, y la Comunidad Europea, con leyes de transparencia corporativa, buscan imponerle a sus empresas petroleras y mineras unos fuertes requisitos de información con respecto a su relación con los gobiernos.

Mi posición como siempre fue: «Eso suena muy bonito pero la verdad sea dicha que para alguien que vive bajo el manto de una gigantesca ‘maldición’ como la de Venezuela, el saber sobre lo que pasa en cada contrato, puede resultar interesante, pero solo distrae la atención de lo que pasa en general».

Si quieren ayudar, mejor publiquen mensualmente en un periódico de alta circulación mundial, su mejor estimación sobre cuánto en valor de recursos naturales no renovables extraídos, por ciudadano, por mes, deberían estar recibiendo los distintos gobiernos alrededor del mundo. Y luego deje que los ciudadanos pregunten. Les ruego, no causen que los ciudadanos crean que ustedes les están haciendo el trabajo que a ellos les corresponde.

«No nos sirve para nada que ustedes se esfuercen en hacer que las empresas suyas se comporten dignamente, si nosotros no nos esforzamos para que nuestros gobiernos se comporten dignamente».

Y ese cálculo del cuánto por ciudadano por mes es el que hoy, no como resultado de un diálogo entre los «aquí-estoy-yo-y-no-me-quita-nadie» y los «quítate-tú-pa-ponerme-yo», sino como resultado de un diálogo entre ciudadanos «chavistas», «oposición» y «ni-ni», le deberíamos pedir a nuestras universidades que nos reporten, para que todos estemos claros sobre qué exigir.

(ElUniversal.com)

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