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¿Quo vadis, dictadura?

Los que están al frente de la dictadura que nos sojuzga parece que no se dan cuenta de que llevan al país a la ruina. En un comunicado público del lunes pasado, la Conferencia Episcopal Venezolana nos recuerda que “la primera responsabilidad de todo gobernante es atender las necesidades básicas de la gente, que por desgracia hoy está obligada a pasar hambre, a no contar con los servicios mínimos indispensables para la vida, en ocasiones hasta morir, y en otras, a emigrar ante la necesidad de sobrevivir”. Esto lo dice, no un agitador político de la oposición, sino los que

La tragedia que vivimos tiene cotidiana comprobación. Atravesamos un colapso económico en el que se ha destruido el valor de nuestra moneda, el bolívar, cuyo poder adquisitivo cada día se desvanece con imparable velocidad. El Cendas-FVM ha reportado que, en el pasado mes de diciembre, la canasta básica familiar aumentó a más de 25 millones de bolívares (25.123.437,24), inalcanzable para el 82% de la población azotada por la pobreza. ¿Quién puede extrañarse de que se esté rebuscando desperdicios alimenticios en la basura o que la diáspora se haya incrementado a tal nivel que organismos internacionales estén instalando campamentos de refugio de los compatriotas que se han ido? La escasez, por su parte, se retrata en los anaqueles vacíos de los supermercados, que se agravará con la amenaza de que, como los inventarios se agotan y no se reponen, la situación va a empeorar. Esto pasa a pesar de que el precio de la cesta petrolera venezolana ha venido teniendo un ascenso sostenido hasta ubicarse en 61,35 dólares por barril la semana pasada, pero que no se ha traducido en lograr un mayor ingreso de divisas porque, como lo ha informado la OPEP, la producción de crudo cayó 40% en el año 2017, y actualmente ha resbalado al mínimo histórico de 1.600.000 barriles diarios. La responsabilidad de este desastre, o catástrofe, es de PDVSA, corrupta y en manos incompetentes, cuyo flujo de caja deficitario se salva con los préstamos que le entrega el BCV mediante emisiones dinero inorgánico, lo que, a  su vez, retroalimenta la hiperinflación.

Lo insólito es que la dictadura no da señales de rectificar, ni en el ámbito económico ni en el político, por contumacia o porque no sabe adónde va, lo que explica el título de este artículo.

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