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Recuperar nuestro timón

Cada actividad humana tiene su autoridad natural. Su gobierno. Su propio timón, su ekuberno. La Iglesia se gobierna así misma. La familia también. Igual la universidad, sede del conocimiento. La persona, en cuanto individuo único e irrepetible, posee también su propio timón natural: la voluntad racional. La voluntad racional que la hace libre. Así somos por naturaleza.

El esfuerzo individual es el gran motor de la civilización. Sin esfuerzo individual no hay iniciativa colectiva alguna. Lo personal antecede a lo colectivo. No puede ser de otro modo. Poseemos una autoridad natural que solo la esclavitud, antigua o moderna, nos puede arrebatar.

El Estado surge como expresión de la necesidad de coordinar la vida política de las personas. Coordinación de la civilidad. Seguridad, justicia y defensa. Suplir, por vía de excepción, deficiencias de los grupos sociales, familias y personas, temporalmente, mientras alcanzan o recuperan la autosuficiencia. El Estado racional lo es por tener claros sus fines, los cuales son a su vez los límites de su existencia y ámbito de acción.

El “Estado” venezolano actual no es uno racional. El asunto sobrepasa a los gobernantes y se instala en las leyes que orientan la acción del Estado. Sin límites, un Estado es irracional, como lo sería una persona. La acción del Estado asalta nuestra naturaleza humana. No solo obstaculiza nuestro desarrollo, sino que se bate en duelo en contra de nuestra libertad.

Todos los venezolanos navegamos a través de la misma tormenta. La utopía del mar de felicidad, resulto ser la catástrofe real de la existencia venezolana. Quienes llevan el timón nacional en este momento de nuestra historia, andan embriagados de irracionalidad. Una irracionalidad intencionada. Un proyecto de destrucción para subyugar nuestra voluntad a la del Estado.

El Totalitarismo del Siglo XXI ha creado las condiciones para ir anulando progresivamente nuestra libertad. Esto es “el proceso”. El pensamiento, por ejemplo, cada vez se expresa y divulga menos. No vamos quedando sin espacio público. Nos expropian nuestro esfuerzo. Nos secuestran el derecho a un proyecto de vida. El derecho, en cuanto bien humano esencial, naufraga. La iniciativa buena es castigada, la acción criminal premiada.

El cambio es inminente. Las fuerzas venezolanas resisten, cada una a su manera. La máscara se ha caído. El voto, la palabra, el quehacer, todo suma. No nos queda sino asumir nuestra autoridad natural y luchar por instaurar un Estado racional democrático.

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