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Resolución Bienvenida

Recibí de mi amigo de por lo menos 65 años, Nelson Geigel Lope-Bello, graduados juntos de bachilleres (1959), de abogados (1964); y por si eso fuera poco, lo más importante, de campeones de fútbol del Distrito Federal en el torneo de Infantil A correspondiente al año 1956; recibí repito, la transcripción de la Resolución del Parlamento Europeo de fecha 19 de septiembre de 2019, sobre la importancia de la memoria histórica europea para el futuro de Europa, que voy a poner a circular junto con este artículo.

La Resolución está llena de “vistos”, pero yo quiero llamar la atención de mis lectores a los números 2, 8, 12, 14 y 15. ¿Qué tienen en común? La idéntica calificación del Nazismo y el Estalinismo como idénticos totalitarismos; y no podía ser de otro modo, porque ellos son los modelos por excelencia. Creo que acertadamente la resolución menciona primero el estalinismo y luego el nacismo, puesto que Iosif no solo precedió en unos cuantos años a Adolf en la conducción del régimen totalitario, sino que lo continuó a la muerte de éste.

Pero, cosas de la vida, Hitler rompió el pacto (Molotov-Ribbentrop) que había firmado con Stalin para repartirse Europa; y Stalin se encontró como aliado de las democracias occidentales, lo que le daría la condición de potencia vencedora en la Segunda Guerra Mundial, con un derecho de veto en el Consejo de Seguridad al formarse las Naciones Unidas (ONU). Lo más singular es que ese régimen con aspiración a implantar un gobierno único para la “humanidad”, acabando con el concepto de patria o de nación, “que no es sino un prejuicio pequeño-burgués”, por su condición totalitaria lleva implícito una finalidad contraria a la que aparece como la meta ideal a ser alcanzada por la humanidad, que es la abolición de la esclavitud, colocada a la par de la proscripción de la guerra, como forma para la solución de los conflictos entre las naciones.

Puede decirse que no obstante los innumerables conflictos bélicos que se iniciaron apenas finalizada la guerra mundial, como lo fue la guerra de Corea (1950), que más bien fue “en” y no “de”; y que se han extendido por 70 años hasta la invasión turca a Siria (2019), colocando en medio del conflicto a los kurdos, sigue estando vigente el objetivo de proscribir la guerra y por deseado, quizá, me atrevo a insinuar, que la acuñación de la expresión “guerra fría”, fue el tributo que los guerreristas pagaban a los pacifistas cambiando la temperatura de la guerra.

Así no ha ocurrido con el segundo objetivo, la abolición de la esclavitud, pues en medio de la guerra fría vimos avanzar la pretensión totalitaria soviética, que esclavizó a su propio pueblo y tenía ¿acaso todavía tiene? la aspiración de esclavizar a la humanidad.

Desde luego el castrismo es un intento “estaliniano”, quizá Europa lo puede ver como irrelevante por ser el tercer mundo; pero está ahí presente y no son pocos, más bien muchos los “intelectuales europeos” que lo celebran. Es que una visión europea que prescinde de América y se niega a sí misma, porque lo que llamamos “civilización occidental”, no es otra cosa que la civilización judeo-cristiana que nos integra recogiendo la filosofía de los griegos, el derecho de los romanos y los canonistas, las artes y su resurrección renacentista, que no se completan sino con la circunvalación del Almirante de la mar Océana, que hace de América y Europa lo que llamamos la civilización occidental.

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