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Richard Blanco en el corazón del cambio

Nada más y nada menos que 24 puntos porcentuales distanciarían a Richard Blanco, el candidato unitario  de la oposición venezolana, de Jacquelin Farías, la candidata oficialista. Se dice fácil. Se comprende el terremoto político que está sacudiendo a la sociedad venezolana si se repara en que esa abismal y ya irrevocable diferencia no se verifica en el Este de Caracas, en la zona acomodada de la alta clase media, tradicionalmente opositora. Tiene lugar en el corazón del Oeste caraqueño, que desde el deslave que arrastrara al chavismo en 1998 al Poder de la República ha sido inexpugnable bastión rojo.

Hablamos del Circuito 5 de Caracas, que agrupa a las parroquias de Antímano, La Vega, Caricuao, El Paraíso y Macarao. Cada una de ellas en torno a los 100.000 electores que suman medio millón de votantes en el corazón de Venezuela. En donde hasta hace nada, la oposición, si entraba, lo hacía con armadura, adarga y lanza en ristre, siempre bajo el riesgo de ser recibido a pedradas o a tiros.

¿Qué ha sucedido en Venezuela para que esa zona vital para quienes quieran representar las pulsiones del país profundo, populoso, proletario y combativo de la Caracas que el ejemplo dio haya comenzado a cerrarle las puertas al que se proclamara su gobierno? ¿Qué conmoción está sufriendo el magma de nuestras profundidades como para que el chavismo comience a temer ser aventado y posiblemente para siempre del espacio que conquistara con promesas, regalos, salamerías y engañifas?

No encuentro otra respuesta que ésta: los caraqueños han despertado de la monumental estafa de un caudillo que al morir no deja nada que lo recuerde con amor y agradecimiento, salvo un monigote bravucón y hablachento al servicio de los verdaderos gestores de la estafa, los tiranos cubanos. Ha sucedido que desde lo profundo de la auténtica Venezuela, la única, la Independiente, la libertaria, la agradecida, la generosa, la nuestra se alza el deseo del cambio, del impulso democrático, del castigo y la recompensa.

Ha sucedido que nuestro pueblo ha dicho basta y ha echado a andar. Detrás de un líder que ha conocido la cárcel, la represión y el oscurantismo de una justicia del horror: Richard Blanco. Que a pulso, montado en su generosidad y entusiasmo, ha despertado el amor de su gente.

Y no es un voto comprado: el suyo será un voto conquistado palmo a palmo, en prueba de que el cambio es irreversible. Y de que el corazón del cambio no está en las cúpulas podridas del asalto al erario: está en el pueblo más pueblo, más popular y más venezolano. De allí el carácter épico y legendario que tendrá la victoria de Richard Blanco. Será una victoria anunciadora de amaneceres.

No lo detendrá nada ni nadie. Richard Blanco es el corazón del cambio.

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