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Sin consenso nacional no existe propuesta que sea viable, venga de donde venga.

Por Horacio Velutini

El primer boom petrolero de los años 70, en el cual los precios crecieron 560%, propició la nacionalización de la industria petrolera y del hierro, así como el apalancamiento del tipo de cambio.

Se generó un ambiente de bonanza que terminó en la primera parte de los años 80, cuando los ingresos cayeron en un tercio. Para la época, se acabó la fiesta y se vino a asentar el sentimiento de la anti política: había que buscar un culpable por la pérdida del poder adquisitivo de la clase media.

Esta anti política propició el golpe de Estado fallido de Hugo Chávez en 1992; el enjuiciamiento de Carlos Andrés Pérez en 1993 y la elección de Hugo Chávez Frías en 1998 (el precio del petróleo era de 15$/Barril), así como el agotamiento de las instituciones políticas, todo terminando en una nueva Constitución con nuevas instituciones y actores políticos.

Antes de iniciarse el segundo boom petrolero en el año 2002, en el cual los precios volvían a crecer 560%, las mismas fuerzas de la anti política que enjuiciaron a CAP y propiciaron la elección de Chávez, intentan un golpe fallido, que significó que el Gobierno diera un giro radical a la izquierda y la estatización de la economía, algo que ya había en décadas anteriores.

Esto vino a afianzar aún más al estado empresario y los controles de los años 70. El fin del segundo boom petrolero en el año 2013, cuando los ingresos vuelven a caer a un tercio, trae ahora consigo la conflictividad política y la agrava, no permitiendo que se realicen los ajustes urgentes que se reclaman en el plano económico y es así que desde el año 1983 a la fecha, la moneda se ha devaluado 104.000% y dependemos más que nunca de la renta petrolera.

Los males de antes, hoy están presentes más que nunca en una forma de crecimiento con esteroide. La necesidad de un consenso de país con soluciones no logra tener cabida dentro de la batalla campal de la política venezolana, que tiene una reminiscencia de la segunda etapa del siglo XIX.

Viene un nuevo período parecido a los mediados de los 80 y finales de los 90, en los cuales el precio del petróleo e ingresos se mantienen estables, lo que tal vez, al igual que en 1989, obligue a alguna forma de apertura y la transformación en el esquema del desarrollo económico, bien desde el mismo Chavismo a un modelo más ortodoxo y de apertura o por la llegada de un nuevo gobierno.
En ambos casos se requiere un consenso nacional. La propuesta de apertura de finales de los 80 no contó con el consenso político.

Nadie defendió la llegada de un modelo liberal económico más moderno como en el resto de Latinoamérica. Todos los actores políticos se concentraron en aplaudir como caía la cabeza del presidente Carlos Andrés Pérez.

La sociedad de entonces no se percató que los tiempos por venir podían ser peores y solo enfatizaría los males que se sufrían ayer y hoy por igual. Hoy, uno no deja de preguntarse si estamos cometiendo los mismos errores de 1993 y 2002.

¿No está acaso probado que siempre se puede estar peor? ¿No es un momento de exigir argumentos a quienes quieren nuevamente transformar al país? ¿No está claro que sin consenso nacional no existe propuesta que sea viable, venga de donde venga?

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