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Sobre las elites

Una sociedad, objeto de la influencia de la clase política, debe avanzar al mismo paso en
que la elite delibera y propone caminos para el futuro. La elite, y me refiero a ella como se referían
autores como Pareto, Michel y Mosca, que suele tener las más altas aptitudes frente al promedio
general, gobernarte o no, política, artística, intelectual o de cualquier rama del quehacer humano,
tiene un deber fundamental frente a la sociedad: dirigirla según un conjunto de valores y códigos
que la motivan hacia un determinado porvenir, aunque esta tarea no distinga entre el bien o el mal,
y me confieso defensor del bien, está cargada de una profunda interrelación entre los diversos
actores que ejercen esta responsabilidad. Los políticos, los artistas, los intelectuales, los
empresarios, los religiosos, todos tienen que ver directa o indirectamente, unos más que otros, con
el ejercicio del poder.

No quisiera desarrollar el concepto de sociedad en este articulo, pero ella misma, desde su
seno, a través del intercambio de bienes y servicios, teoría marxiana, ha desarrollado las condiciones
objetivas y subjetivas para las grandes transformaciones que ha experimentado la humanidad. Pero
la Élite, que es la llamadas a influir en la realidad a través de diversos instrumentos: el carisma, la
escritura, la escultura, la pintura, la música. La elites que aprehende la realidad para la conducción
de una sociedad, la Élite que determina a través de sus ideas el futuro del colectivo; y vaya que hay
ejemplos de cómo un artista, un político o un luchador social han promovido importantes reformas
mundiales. Esta debe ponerse al frente de la sociedad para indicarle el camino. No faltara alguien
que hable de la autodeterminación del colectivo, que descalificara la categoría de elite para
sustituirla por el concepto de “ejercicio soberano del pueblo para determinar su propio rumbo”,
pero lo cierto, es que siempre, siempre en la historia del mundo, un grupo dirige al resto, hasta en
la Comuna de Paris, el pueblo francés alzado con el poder, seguía direcciones.

No hay sistema con destino menos fortuito que aquel en la que la sociedad sobrepasa a la
elite, y por lo general simplemente se instala una nueva, en el caso de aquellas transformaciones
que se dan con éxito. La lectura, la aprehensión de la realidad, la claridad de las deficiencias y las
virtudes, los acuerdos, y el recurso fundamental del recuerdo histórico, son claves para no perder
de vista las demandas y las necesidades que van surgiendo del colectivo. Una sociedad que hoy está
en constante y rápido desarrollo, una sociedad que, frente a la globalización, cambia sus gustos,
transforma sus tradiciones y se adapta casi de manera natural a las nuevas tendencias mundiales.

La elite tiene un papel clave, la preservación de un sistema, pero también tiene otro que
pareciera contrario: señalar, dirigir y encabezar los procesos de transformaciones políticos y
sociales. Ya lo decía Heráclito: toda tesis tiene una antítesis y en este antagonismo se genera una
síntesis que se convierte en tesis y así un círculo infinito que lleva al mundo hacia nuevos horizontes.

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