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Sólo la refundación en paz garantiza la solución viable de Venezuela

Leer el estupendo artículo «Guardián de tu Hermano»  publicado recientemente por el Monseñor Ovidio Pérez Morales nos llevó a reflexionar desde otro ángulo del análisis inicial, sobre la causa y fondo del malestar del  extremo deterioro de la compleja y actual situación venezolana. Sobre todo porque induce al lector a aceptar que se ha llegado a una situación, según la cual pareciera no haber otra salida concluyente a la que plantea la corta y lapidaria frase de: «sálvese quien pueda».

Venezuela, un país en donde hace poco más de dos décadas los análisis y estudios económicos y sociales evidenciaban la disposición de, en relación a su población, la clase media más grande y poderosa de Suramérica, sólo necesitó ser sometido a una gestión político administrativa de 22 años para pasar a ser lo que se aprecia actualmente. 

Tal nación registra la condición económica, social, administrativa y moral de lo que ha podido el accionar de la paternidad histórica continental de todos los epítetos negativos, a partir de lo que ha hecho posible  un desastroso régimen gubernamental.  

Sus administradores, entonces, han convertido al otrora gran país en una integral y dolorosa caricatura en el que  hoy se exhiben los niveles más bajos de pobreza, miseria y ruindad, sin poder evitar que gran parte de su ciudadanía rompa todos los récords de protestas diarias, mientras sus ciudadanos productivos, por miles,  huyan a diario fuera de las fronteras del territorio donde nacieron, en procura de la materialización de alguna esperanza reivindicadora.

Ante ese escenario, es cuando el artículo antes señalado y los propósitos que exhibe el autor, adquiere un alcance de inquietud extrema, al formular un emplazamiento que no puede desestimarse en el medio de la situación que se vive,  al sugerir la  trascendental propuesta de  «LA REGLA DE ORO  a que las grandes religiones apelan, como clave de un recurso para una buena marcha social. 

El autor, entonces, echa mano de una expresión inobjetable y con un propósito preciso que está expuesta en el mensaje Cristiano, al presentar el «Amor» como el mandamiento máximo del género humano. Así lo expresó San Pablo en su carta a los Romanos, en la que  les precisa que «con nadie tengas otra deuda que la del mutuo amor; pues el que ama al prójimo, ha cumplido la ley «

El hambre, la miseria, la inseguridad, la injusticia y el deterioro han sido tierra fértil para el odio y desesperación del pueblo venezolano. Es una población en la que, tristemente, casi el 80% de los 30 millones de ciudadanos, la principal preocupación al inicio de cada día es: ¿cómo podré comprar hoy el alimento para mi familia?. 

Esta situación no le permite a la población pensar en la -o las- verdaderas causas del deterioro y en, mucho menos, cómo darle solución. Tampoco darse cuenta que hoy, aproximadamente, un 90% de la población no apoya al régimen por su mala gestión. Sino también que le lleva a desestimar el alcance político que traduce el hecho de que tan sólo una pequeña minoría es la responsable del continuo desastre, por lo que la condición de vivir en un ambiente de empobrecimiento la sufre la casi totalidad de la población venezolana.

El deterioro es muy grande. Todo anda mal y la solución no es un asunto de creer que los cambios son apenas un tema  de elecciones o de un referéndum revocatorio a un Presidente, Gobernadores, Alcaldes o cualquier cargo público. La gran y verdad es que, con ello, solamente se  estarían propiciando encarnizadas luchas por el control del poder, sin lograr ir al verdadero tema de fondo. 

El país está destruido y arruinado. Hay que REFUNDARLO, como lo plantea la Iglesia Católica. Y ya no se trata de imitar lo que, en su momento, fue y significó la Cuarta República del pasado, ni la Quinta del presente. Ambas Repúblicas, sin entrar necesariamente en comparaciones, ya no se ajustan a los conceptos modernos de la administración, del desarrollo, del progreso y de la justicia ciudadana. 

Tales propósitos políticos con conceptos constitucionales presidencialistas, centralistas o caudillistas, con Constituciones hechas a la medida del Presidente o del  caudillo de turno, no han permitido un desarrollo progresivo de las regiones o provincias en el país, con autodeterminación, autoridad local, administración propia y una verdadera participación ciudadana. Tampoco han  permitido que los ciudadanos hayan podido  pasar de ser simples habitantes a verdaderos ciudadanos, integrados al desarrollo y al progreso del país en su conjunto.

El país está en el momento preciso de lograr su rescate y de, unitariamente,  alcanzar su REFUNDACIÓN INTEGRAL. Los venezolanos tenemos que olvidarnos de soluciones parciales. Es imperativo ir al fondo. También hay que olvidarse de mezquindades, de rencores, de odios y de venganzas. Quien tenga causas judiciales, que se defienda,  y que se le garantice la oportunidad de acudir a un auténtico sistema honorable de justicia, para que pueda dirimir sus causas. «Todo ciudadano es inocente, hasta que se le demuestre lo contrario». 

Hay que olvidarse de egoísmos, de fanatismos y de ambiciones personales. Pero sí hay que recordar siempre la REGLA DE ORO,  y que la meta de los venezolanos no sea otra  que recuperar al país. Y de hacerlo unidos y en paz. Nadie quiere invasiones ni intervenciones extranjeras; mucho menos pleitos entre los venezolanos y dirigidos o estimulados  por quienes promueven dichas diferencias. Sólo es a los venezolanos a quienes les corresponde superar el problema de las diferencias entre venezolanos. 

En México, o en cualquier escenario de diálogo, la solución integral y constitucional para Venezuela debe darse a partir de acercamientos en los que participen todos los sectores, todas las corrientes políticas y en un ambiente de paz. Y lo ideal debería ser que se produzca  con base en un proceso CONSTITUYENTE para REFUNDAR la República,  como acertadamente recomienda la Iglesia Católica, única institución que, hoy por hoy,  conserva el respeto, la confianza y la credibilidad del soberano para acordar decisiones de este alcance.

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