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Sublimada excepcionalidad

La confrontación anti-imperialista es propia de un libreto del que supo el proceso cubano a principios de los sesenta, en el marco de la llamada guerra fría.  La actual reedición, disminuida y desmejorada, habla de una extemporaneidad en Venezuela que, engañosa, por debajo de la mesa, cuela otra manifestación anacrónica, desvencijada, acuñada por el caudillismo rural.

En efecto, hacia 1913 culminaba el período presidencial de Juan Vicente Gómez y no se le ocurrió mejor cosa, imposibilitada la reelección inmediata, que una invasión de Cipriano Castro, encarcelar al periodista que propulsó una distinta candidatura, obligándola al exilio, y dictar las medidas orientadas a la elaboración de otra carta constitucional. Al año siguiente, logró sus propósitos.

De hacerse unos comicios transparentes, al gobierno actual no le cabe la menor duda en torno a una derrota calamitosa y, aunque haya sembrado rumores sobre el adelanto de una fecha a la que que todavía teme – y mucho – dar o divulgar, la prefiere bien distante. De acuerdo a la Constitución de 1999, la nueva Asamblea Nacional ha de instalarse el 5 de enero de 2016 y, acaso, la única posibilidad que permita postergarla sea la de decretar un Estado de Excepción en nombre de todas las emergencias que pueda imaginar.

Estado de Excepción que no tuvo necesidad de imponer siquiera en 2002, debido a la abundancia de atribuciones con las que cuenta el presidente de la República, pero – hasta nuevo aviso, guardando las formas – abre el camino para posponer toda competencia eleccionaria, así sea semicompetitiva, en el presente año, pues, ya el asunto escapa de la mera voluntad de Miraflores. La hipótesis resulta válida en las actuales circunstancias: sublimando la excepcionalidad, tiene  su versión en la ley habilitante que, una vez aprobada, no pasará por el trance del control parlamentario, hasta que llegue el momento de la más absoluta y urgida sinceridad.

La justificación de una confrontación anti-imperialista que, por si fuera poco, le permitirá a Maduro legislar sobre lo que se le ocurra, añadido el aumento de la gasolina que habilidosamente estará precedida de otro aumento del precio del transporte público que lo apacigue, escamotea la opción gomecista que lleva en sus entrañas. De modo tal que, escribiendo sus capítulos finales, la novela promete un desenlace sorpresivo.

@LuisBarraganJ

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