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Tenemos 15 años, que las cosas nos salen mal

A la vaguedad semántica de las elecciones de Gobernadores y la propuesta de reiniciación del diálogo, podrían interpretarse como una apertura a buscar una salida a la tensa situación de confrontación política que hoy vive el país. Pero desafortunadamente la desconfianza que se tiene de estos llamados del Presidente de la Republica, conspiran contra esta interpretación.

La historia reciente de estos llamados no han producido ningún resultado positivo que evoquen resonancias útiles para para la reflexión política, vale decir, que creen optimismo hacia una solución negociada que nos permita salir del lodazal político y económico en que se ha hundido el país. Es en este marco de indescriptible insensibilidad política y económica donde el Presidente, hace el llamado a elecciones de Gobernadores y reiniciación del dialogo.

El país no entiende cómo es que se llama a reiniciar el dialogo gritando que algunos diputados de la oposición son unos asesinos terroristas, es decir, que quien no se acerque a la estrecha imagen mental del Presidente, hay que inventarles cualquier delito para ponerlos presos. Es acá donde radica el carácter intolerante y antidemocrático del régimen, lo cual lo convierte al Presidente Maduro, en el precursor de los atropellos que hoy violenta los más elementales derechos humanos como lo es el debido proceso, principio jurídico procesal que determina las garantías mínimas a cualquier acusado de infringir la ley. Producto de esto último, existe un número creciente de venezolanos detenidos en las cárceles del régimen.

Shakespeare afirmaba que no son las dificultades las que vencen a los hombres, sino el temor, y es precisamente temor lo que no tienen hoy los venezolanos que han tomado las calles del país para manifestarse contra el régimen.

Pero habría que advertir, que la ilusión, las ganas y la necesidad de salir de esta tragedia chavista no son suficientes por cuanto se requiere además de una política definida y coherente, que enfrente a la política del régimen, es decir, nuestra política (la de la oposición), tiene que tener una definición precisa de la complejidad política actual de Venezuela, pues no se trata de realizar una palingenesia de la democracia. La situación actual de Venezuela requiere de algo mucho más complejo.

Con referencia a lo anterior, tendríamos que decir lo siguiente; nuestra política casa mal con la simple retórica de que enfrentamos una dictadura, esto que pareciera ser una obviedad, requiere ser explicado, es decir, la realidad es mucho más compleja que los simples indicadores relativos a una dictadura. En el discurso de nuestra política no puede escapar la reflexión de que esta “dictadura” está inscrita en una estrategia geopolítica global, situación esta que demanda una respuesta más allá de lo electoral. Como vemos pues, no se trata de un problema menor, o de poca significación. Se trata en mi criterio, de la columna vertebral del problema.

La estrategia geopolítica global del chavismo, no puede continuar siendo una identidad ignota para el venezolano común, la paz social, la tranquilidad pública, la reconquista de la democracia, el reordenamiento de la economía, etc, pasan por que las direcciones políticas de los partidos manejen alegaciones más allá del estricto carácter dictatorial y autoritario del régimen. Como vemos pues, nos enfrentamos a un régimen que ha venido participando hace 11 años de la lucha global por un nuevo orden mundial al lado de Cuba, país este que dirige en América Latina la estrategia geopolítica global de Rusia-China-Irán.

Como vemos pues, las direcciones políticas de los partidos, no pueden estar en el reino de las ambigüedades que hacen de la lucha política por la democracia, los acostumbrados entornos clientelares del reparto de las cuotas de poder.

He venido repitiendo obstinadamente en esta columna que hasta que no demos tratamiento a la compleja realidad geopolítica en que se haya incursa Venezuela, no atinaremos a construir una política idónea contra el chavismo. Si no entendemos esto, es que no hemos entendido los problemas surgidos en el transcurso de los últimos 25 años en el mundo. Bastaría con revisar las dificultades que está viviendo hoy la Unión Europea, así como las divisiones del Asia Oriental o del Asia Meridional, la posición de la OTAN con respecto a la situación de Ucrania, el conflicto del Medio Oriente, la reclamación de China de las islas de Senkaku, situaciones todas estas, que se ven hoy repotenciadas por la política exterior de Donald Trump.

Ángel Oropeza, coordinador del equipo de apoyo político de la MUD, reconoció en estos días que la MUD “tiene a veces aciertos, a veces errores, pero errores de cosas que le salen mal, no cosas que se hacen para que no salgan”. Pero el problema es que tenemos 15 años, que las cosas salen mal.

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