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Terciando en terreno ajeno

Cualquier lego expresa sus opiniones legales sin necesidad de ofrecer a la audiencia excusas por opinar sobre un tema que no es de su especialidad. Y hacen bien, porque a la ley se le debe “atribuir el significado propio de las palabras, según la conexión de ellas entre sí” lo que hace razonable que opinen sobre lo que están obligados a acatar, ya que sería insensata la imposición de esa obligación, si los obligados no pueden tomar conciencia plena de lo que se les ordena, se les permite, o se les prohíbe.

Con esa premisa abordo el tema económico, porque pareciera que entre quienes tienen sólidos conocimientos de economía, la valoración de la situación económica puede ir de blanco a negro; lo que me indica que una cosa es “la ciencia económica” y otra “la paciencia” con la cual los ciudadanos debemos acatar, soportar y desde luego sufrir los desaciertos de quienes siendo tan legos en materia económica, como lo puedo ser yo, se consideran capacitados no solo para definir la ruta por la cual debe transitar el manejo de la economía, sino para imponerla a través de leyes.

Es así como el socialismo del siglo XXI le ofrece a los venezolanos un proyecto de “nueva economía”, que alguno pudiera decir que está inspirada en lo que allá en la legendaria China, hace casi 45 años, fuera definido con la súper repetida frase de Deng Xiaoping “no importa que el gato sea negro o blanco, lo que importa es que cace ratones”.

Pero no hay tal, de lo que se trata es de la venta de la gasolina que ya no producimos, a un precio que un sector muy reducido del país está en capacidad de pagar, que se adorna hoy con la ubicación muy próxima a la estación de venta de gasolina de un bodegón; y el expendio, tanto de la gasolina como de las “delicateses” que el país está lejos de producir, son una prebenda un poco más democratizada de ese negocio de las “bolsas clap” para los más desposeídos, cuya tutoría le correspondió a Alex Saab.

Lo cierto es que pareciera que entre los venezolanos, la aparición de la gasolina cuya escasez amenazaba con paralizarnos, y sobre todo de los bodegones son indicaciones de un repunte económico inexistente, en el cual el pueblo venezolano, el pueblo llano que anda a pie, no logra alcanzar ni las migajas que caían de la mesa del rico Epulón.

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