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Tristeza y enojo

Una mezcla de ambos sentimientos me ha abrumado los últimos días. Y no sabría decir cuál de los dos es el más enajenante, pero sospecho que la rabia con “a” es la que predomina.  Porque, algunas “actividades recientes y actuales” (para ponerlo en el lenguaje de los reportes de inteligencia) dejan ver hasta dónde ha claudicado la cúpula militar ante las imposiciones de los colonizadores cubanos y del valido que sirve de perifoneador de estos desde el palacio de Ciliaflores.

Primero fue el escándalo de la muerte de varios mineros en Guayana.  Fue cuando, para muchos, se descorrió el velo de la presencia y actuación a sus anchas de elementos irregulares extranjeros —específicamente del ELN— en lo profundo del territorio venezolano.  Ya no era más la afectuosa aquiescencia del régimen para que esta banda armada utilizara porciones de la frontera como guarimba para escapar de la acción de las fuerzas militares colombianas, como lugar de descanso de esos facinerosos y como lugar desde donde se enviaba (en aeronaves oficiales de Venezuela, dicen por ahí) a La Habana a los heridos en combate que requerían atención médica.  Aquellos polvos trajeron estos lodos: los elenos se acostumbraron a mangonear en nuestro territorio fronterizo, a realizar secuestros, cobros de vacuna y extorsiones de todo tipo; todo ello con la aceptación tácita de las autoridades, ya que Boves II decidió —y en un claro acto inamistoso con el gobierno colombiano informó en la Asamblea Nacional— que a esa gente debía concedérsele estatus de beligerantes a la luz del derecho internacional.  Pero ahora se descubre que fueron cogiendo confianza y, junto con ella, terreno.  Hasta llegar a Tumeremo y Upata, a más de quinientos kilómetros del límite internacional más cercano.  En este caso, la actuación de las fuerzas “del orden” venezolanas no pudo ser más nugatoria…

Después vino el ataque aleve contra un puesto de la Guardia Nacional en el estado Amazonas.  El resultado fue una veintena de bajas, tres de ellas letales.  Y lo único que ha hecho hasta ahora el MinPoPo Defensa fue pedirles “por favor” que abandonaran el territorio nacional.  Nada de informar a la opinión pública acerca de las órdenes que fueron impartidas para neutralizar a esos irregulares y evitar nuevos hechos.  Solo el “por favor, niños, no lo hagan más; se los ruego” es lo que queda en el ambiente después de la alevosa acción del ELN.  ¿Dónde quedaron su bizarría y la exactitud en el cumplimiento del deber que deben caracterizar al militar, “cualquiera que sea su grado, clase o empleo” (para ponerlo en las palabras de la Norma)?  Él alegará que sí las tiene y que las demostró recientemente cuando mandó unidades de las FAN a impedir que los muchachos de la UCV salieran a manifestarse…

Y luego, la gota que rebosó el vaso: los honores militares a Alí Rodríguez. Primero vimos el féretro transportado en hombro de cadetes navales y llevado por una calle de honor conformada por una unidad de, también cadetes.  Después, ya en capilla ardiente, pusieron a cuatro oficiales, uno de cada componente, en cada esquina del ataúd. Hasta donde yo recuerde, el Reglamento de Ceremonial y Protocolo Militares es bien taxativo en cuando a las personas que son acreedoras de honores funéreos. En esa lista aparecen nombrados, además de los miembros de las Fuerzas Armadas, algunos funcionarios civiles que por su investidura pueden recibirlos (aunque en la mayoría de los casos no los merezcan). Pero, en ninguna parte dice que a embajadores (que ese señor lo era, lo admito) o exfuncionarios (que también lo fue) les salen dichos honores. Mucho menos puede decir el reglamento que se le rindan honras a exguerrilleros que —en colusión con milicianos extranjeros— tomaron las armas en contra de las instituciones nacionales y causaron bajas a nuestro personal militar.  Que era el caso de don Alí.

Ese personal uniformado no estaba en tales funciones de ceremonial de motu proprio, sino porque alguien en las alturas emitió esa orden.  ¿Para congraciarse con la gerontocracia cubana?  Probablemente.  ¿Para dejar claro, a los pocos ilusos que todavía creían que el alto mando podía ser parte de la solución de la crisis, que con esa gente no puede contarse?  También muy probable.  ¿Para que Platanote haga saber, subliminalmente, que es quien tiene el tramojo y hace lo que le da la gana con los uniformados?  También…

Esos honores a quien no le correspondían legalmente, son los mismos que le niegan sistemáticamente desde hace veinte años a los militares y civiles que SÍ tienen ese derecho.  Con decir que el Héroe del Museo Militar no ordenó que se les rindieran a Caldera —que fue quien lo sobreseyó.  ¿Entienden los lectores el porqué del título?  Tristeza y enojo, amargura y furia, desilusión y disgusto, es lo que siento al recordar a cuántos compañeros de arma meritorios me ha tocado acompañar hasta su última morada sin la presencia siquiera de algún representante oficial de la institución armada, sin las salvas correspondientes, sin siquiera un corneta de órdenes que toque Silencio…

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