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Un país devastado por la “camorra”

En este país extraño, como hace poco lo definiera Leonardo Padrón, el clima social es tenso y en cada uno de los lugares que visitamos percibimos el ánimo de la gente decaído, o irritable, es como si la cotidianidad de cada uno de los venezolanos, se llevara adelante con angustia, con desasosiego, pareciera como si el venezolano sintiera que todo está perdido en un país destruido, corrompido, existe una CORRUPCIÓN MACRO que pasa por los pasaportes diplomáticos que sirvieron según las informaciones de la prensa internacional, para depositar millones de dólares en la Banca Privada D´Andorra (BPA), por el caso del Mayor General Hebert García Plaza, exministro de Alimentación y Transporte Acuático y Aéreo y expresidente de Bolipuertos, acusado de supuestas irregularidades en la compra de tres ferrys en Europa, el caso de Rafael Isea exministro de Finanzas, exgobernador del Estado Aragua, expresidente del Banco del Alba, el cual está siendo investigado por el caso de las notas estructuradas, incorporado a la lista de personas solicitados por Interpol, por la Fiscal General de la República.

Pero existe también una CORRUPCION MICRO, representada por el “bachaqueo” en los supermercados que ha llevado a las familias de la clase media a pagar por los productos hasta cuatro veces su valor regular.

En este país “extraño” nada pareciera ser trasparente, es como si cada venezolano tuviera la puerta entreabierta para observar lo que está ocurriendo en la calle del barrio, en el edificio de apartamentos, en el tránsito de la ciudad, en los centros comerciales donde la gente deambula de pasillo en pasillo mirando las vidrieras como si estuviera haciendo una especie de “estudio de mercado” para ver en que invierte el poco dinero de sus ahorros aniquilados por la inflación, (un par de calzado, un jeans, un brassiere, un par de bloomer, o cualquier otra cosa).

En Venezuela vivimos en una especie de país en ruina, es como si todo se hubiera destruido, en Venezuela no queda nada en pie, las Universidades destruidas, la vialidad en escombros, los servicios públicos colapsados, no se consigue nada, no hay, carne, pollo, azúcar, café, harina pan para las arepas, leche, jabón para lavar ropa, jabón para el aseo personal, desodorante, tollas sanitarias, papel higiénico, hojillas de afeitar, baterías para vehículos, los medicamentos, sumémosle a todo lo anterior, un hampa criminal desatada que ya compite en muertos con la Guerra Civil de Siria y que mantiene a los venezolanos viviendo con miedo, y no continúo enumerando la tragedia del país, porque esta crónica se convertiría en una enciclopedia.

De manera pues, que salir hoy de compras para abastecernos de los productos necesarios para vivir, así como lo lee amigo lector, para VIVIR, es una vieja narrativa perdida en el ámbito de lo mitológico, es decir, un discurso relativo a una cultura de otra época, por cuanto la Venezuela de estos tiempos es un mundo abigarrado gobernado por una especie de camorristas de aldea parecida a los abruzos de la antigua Nápoles en los tiempos del Neolítico, donde una camorra de la mafia napolitana tejió de violencia la región central de la península italiana frente al mar Adriático.

La “Camorra” destruyó toda la arquitectura económica que construyó la democracia en 40 años, una arquitectura económica que hizo posible que la clase obrera dejara de recibir salarios de subsistencias al mejorar sus condiciones laborales gracias a que sus organizaciones sindicales, conjuntamente con las políticas laborales de los gobiernos democráticos, mejoraron sustancialmente su contratación colectiva.

Mientras esto ocurría con la clase obrera, la apertura de las Universidades permitió la formación de profesionales, con lo cual mejoró sustancialmente la productividad incrementándose por esta vía los beneficios empresariales, lo que permitió a su vez, el incremento de la inversión privada, tanto interna como externamente.

Las políticas económicas de los 40 años de la democracia tenía a su vez un importante componente social, lo que hizo posible una significativa movilidad social, pues, tanto la clase obrera como los profesionales accedieron a viviendas cada vez más dignas, compraron automóviles, renovaron sus electrodomésticos y su línea blanca. Los 40 años de la democracia, fue sin duda, la gestación de una importante clase media que en 16 años la Camorra la ha diezmado, sustituyéndola por la cultura del ocio, los “raspas cupos” el “bachaqueo”, los vende cupos en las colas de las Baterías, Supermercados, Seniat, Saime, etc. etc.

La “Camorra” ha dispuesto del patrimonio del país (el territorio, su flora, su fauna, las creaciones y las expresiones del país, sus instituciones sociales y legales, sus bienes tangibles e intangibles y fundamentalmente de su riqueza petrolera), como le ha dado la gana sin rendir cuentas a nadie. La honestidad y la transparencia en el manejo de lo público son valores que han estado ausentes en la “Camorra”, su administración podría ser incluida en el catálogo de los comportamientos corruptos.

Para volver a los principios éticos y las convicciones democráticas, tenemos que crear una política coherente y creíble que “enamore” a los sectores populares de la población y los “vacune” e inmunice contra la plaga de la “Camorra”.

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