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V.S. Naipaul: un irreverente al encuentro con su camino

«…Me gusta cuando provoco una reacción negativa, porque eso significa que sigo siendo irritante. Y eso es bueno. Lograr irritar a la gente es un modo de saber que tus palabras aún siguen teniendo un efecto. Si tus palabras no tienen efecto en la gente significa que probablemente has entrado en el ciclo de morir…»

V.S. Naipaul (2011)

La partida desde este plano terrenal del escritor británico, nacido en Trinidad en 1932, Vidiadhar Surajprasad Naipaul (V.S. Naipaul),  deja un profundo vacío en la narrativa moderna contemporánea. La noticia de la muerte fue anunciada el sábado desde su residencia londinense, y casi de manera inmediata los portales de internet lo describen como el “titán de la literatura caribeña”, como el “hacedorde una herencia multicultural”, como el hombre que con ochenta y cinco años, llega al final de su existencia cargado de vigor, fuerza y dominio de la palabra.

Conocí a Naipaul apenas en el 2010, antes tenía referencias de él pero no le había leído con sistematicidad y atención; desconocía sus aportes a la literatura afro-descendiente caribeña, y sobre todo, desconocía su postura crítica, deliberante, irreverente, crítica, hacia una sociedad que él la concebía multicolor, llena de un paisaje mágico que poco entendemos pero que está ahí. Frente a nosotros y cerca, muy cerca de cada acto manipulado o torcido del destino. Conocí a Naipaul a través de su novela “Un camino en el mundo” (“A Way in the World”, de 1994), una obra que encierra la historia de un viaje de un escritor hacia los orígenes de su herencia cultural y humana; una obra donde el autor se remonta a lo complejo de su pasado y de los acontecimientos que influyeron en ese pasado, iluminado en todas sus escenas por la luz perpendicular que entra del sol al Caribe y que le recuerda sus raíces, su identidad con la tierra y con la naturaleza dispersa en ella. Así me llegó el autor y luego comenzó a llegar el hombre, a través de entrevistas y comentarios críticos que le hicieron a su inmensa obra literaria.

En una entrevista en el 2011, le concede una entrevista a Walter Oppenheimer, para el diario “El País” de Madrid-España, la cual tuvo un final en los mejores términos: “La entrevista va mal (dice el periodista). Desde el primer instante. No hay química. La mirada de Sir Vidia destila cada vez más impaciencia, más desprecio. Sus respuestas secas, cortas, sin ninguna complicidad, desarman al periodista. La provocación de hurgar en su pasado personal agota la escasa paciencia del autor. Sir Vidia no grita: pero corta el aire con el desdén de sus gestos, su lengua de acero, su inglés inmaculado. Al final se niega a moverse del sillón para la sesión de fotos con Ione Saizar. ¿Problemas de movilidad de un hombre de casi ochenta años o rabieta de artista endiosado? Al día siguiente, la venganza: no autoriza la publicación de las fotos. Está acostumbrado a quedarse con la última palabra…”

En esa entrevista de Oppenheimer, Naipaul contesta: “No soy religioso. Pero estoy interesado en la religión…Estoy interesado en el desarrollo de la creencia…Estoy interesado sobre todo en el comienzo del desarrollo humano. Por eso estoy interesado en las creencias africanas. En hasta dónde se remontan en los orígenes del desarrollo del hombre…” Ante una pregunta un tanto incómoda que dice: “…cuando hace poco dijo: las mujeres son desiguales a mí, qué quiso decir…” Responde Naipaul: “…No, no dije eso en absoluto. Ese es un gran error. Me hicieron una pregunta acerca de la escritura, de literatura, y eso es lo que estaba contestando. No estaba hablando de la mitad de la humanidad. No haría algo así” Y el periodista repregunta: “¿Y por qué cree que las mujeres, escribiendo, son inferiores a los hombres o al menos a usted?” Naipaul expresa: “Esa es una afirmación que hice en una reunión pública y dije que la escritura de las mujeres es sentimental y cosas como esa. Pero no quiero defenderme porque eso volvería a agitar las cosas…”

En otro aparte le preguntan: “¿No sabe qué quieren decir cuando dicen que es usted racista? O sea, no es usted racista”; responde Naipaul: “No sé qué quieren decir. Una vez más, tendría que preguntarles a ellos qué quieren decir….” Y el periodista busca de nuevo desmagnetizar el carácter sobrio de Naipaul, y le pregunta: “Déjeme preguntarle algo que normalmente no le gusta que le pregunten. Cuando usted aceptó en público que en el pasado solía tener relaciones con prostitutas, ¿era esa una reacción de culpabilidad por la manera en que se relacionó con Pat, su primera mujer?”; Naipaul reacciona: “No creo que tengamos que hablar sobre eso, porque creo que dejamos claro que queríamos hablar solamente sobre el libro africano. No queremos ir a cuestiones personales. Eso se lo habían dejado claro, ¿no es así?…Creo que es mejor que llamemos a mi mujer. Ella va a afrontar algunas de sus preguntas…”

Ya luego de varias preguntas que molestaba el sentido personal y humano de Naipaul, se le pregunta: “¿Puedo preguntarle acerca de cuándo empezó a escribir?”. Naipaul responde: “…No quiero hablar sobre eso. Se le dejó muy claro que quería hablar de otras cosas, de las que usted no quiere hablar…Ya se lo he dicho: interés. Eso es suficiente. Es suficiente. Y si ha leído el libro entenderá la naturaleza de mi interés. No tiene por qué preguntarme todo el rato acerca de ello. Está en el libro…No tengo por qué contestar a esa pregunta. Si le pregunto a usted por qué es periodista me dirá que le gusta su trabajo y que le parece interesante. No creo que tengamos que ir de nuevo a discutir por qué es periodista. Y es lo que está usted haciendo…Creo que tendríamos que acabar esto enseguida porque no está usted siendo muy cooperativo. Usted cree que lo es, pero…” Así era Naipaul, un escritor centrado en su obra y con carácter para defenderla ante cualquier ingratitud de quienes le entrevistaron más para mostrarlo como un “jarrón chino” que como un ser humano con talento y con una profunda búsqueda interior de sí mismo y sus raíces.

En el 2001, Luis Fernando Afanador, expresaría sobre la obra de Naipaul: “Naipaul es un viajero en busca de sus orígenes. Un viaje que abarca el suroeste de Asia, el África poscolonial, los pequeños países del Caribe: culturas y civilizaciones en épocas difíciles, bajo presión. Su interés comienza en su lugar de nacimiento (Trinidad); en su comunidad (el mundo islámico y la India) y se extiende a la conquista española, a la colonización inglesa (Trinidad pasó del dominio español al inglés); a la esclavitud y a la revolución en el nuevo mundo…Naipaul tiene otra razón para escribir. La historia destruyó el lugar donde nació. La historia ignominiosa de su país ha sido borrada para crear una imagen idílica que atraiga al turismo. Por eso debe contar de nuevo la verdadera vida de Raleigh, volver a hablar del gran embaucador que fue Francisco Miranda, de la muerte de los esclavos, de los padecimientos en las cárceles. Nunca hay que olvidar la brutalidad de los conquistadores. Porque nos desvanecemos, porque otra gente está llegando al mundo mientras nos desvanecemos, hay que persistir en la escritura, reescribir la historia…”

Y en otro ensayo concreto y certero, de Ignacio Echevarrí, para la Revista C-Cultura, en el 2016, se dice: “Llama la atención eso de que el deseo de ser escritor pueda no ir acompañado del deseo o la necesidad de escribir realmente. En el caso de Naipaul, ni siquiera era un deseo derivado de una afición intensa a la lectura. Él mismo, al hacer el magro balance de sus lecturas de adolescencia, concluye: “No podía decir que fuera lector. Nunca había tenido la capacidad de perderme en la lectura de un libro; como mi padre, sólo podía leer a poquitos”. A pesar de lo cual, el deseo de ser escritor -no el de escribir, como se ve- arraigó fuertemente en él ya a los once años…Por muy particular que sea el caso de Naipaul, criado en una minúscula colonia caribeña; por muy otras que sean hoy las coordenadas culturales y por grandes que hayan sido los cambios de todo tipo ocurridos en el último medio siglo, me da la impresión de que el deseo de ser escritor -un deseo extrañamente recalcitrante en unos tiempos tan poco letrados- siguen estimulándolo factores bastante ajenos, en general, a lo que cabe entender por experiencia literaria, ajenos incluso a lo que cabe entender por experiencia del lenguaje…”

A todas estas el ensayista culmina con un párrafo en donde le cede a Naipaul un lugar promisorio en la inmortalidad de la existencia humana: “…Insisto en pensar que las cosas siguen siendo así para tantos jóvenes que también hoy acarician ese deseo de ser escritor de un modo igualmente vacío de objeto. Y en pensar, además -lo cual resulta bastante más discutible, dado lo que uno ve a su alrededor-, que responde, antes que a esa ambición de fama, a una fantasía de nobleza, y no sólo de distinción. Por qué mecanismos se produce esa trasposición es algo a lo que no me siento capaz de responder. En el caso de Naipaul, está el modelo conmovedor de su padre, que le infundió la convicción de que escribir suponía un triunfo sobre la oscuridad, el rechazo a dejarse extinguir…”

Hoy Naipaul ha dejado de existir físicamente;  se dice: “deja un enorme vacío en la herencia literaria británica”, “… su obra perdurará”, y sobre todo como expresa el escritor Salman Rushdie: “…a pesar mis desavenencias sobre política y literatura con Naipaul, esta pérdida me hace sentir tan triste como si hubiera perdido a mi hermano mayor…”

En razón de la entrevista que hiciera referencia al comienzo, me llamo la atención la postura de Alejandro Zambra en ese mismo 2011, titulada “La no entrevista con V.S.Naipaul”, se deja decir el autor: “Que V.S. Naipaul es un cerdo maleducado, misógino y egoísta es algo que ya sabemos todos los que tenemos un mínimo de interés por el mundo editorial. Que los suplementos culturales de los periódicos españoles son cada día de peor calidad es algo que sufrimos todos los españoles aficionados a la literatura desde hace muchos años. Es por esto que una se cansa de repetir siempre lo mismo. Pero para eso estamos aquí. Para eso abrimos este blog que nos da más disgustos que alegrías: Para defender el libro y sus lectores de las fuerzas del mal. ¡No pasarán!…Ya ven, con Naipaul ocurre todo lo contrario que con los jóvenes escritores en español. A Naipaul no le gusta ser entrevistado, pero sin embargo escribe como Dios…”

Siempre es importante advertir que los intelectuales, en lo personal, son parte de un mundo común con detalles tan reales y tan sensibles que marcan huella en temperamento y en egolatría; lo que hace distinto a los intelectuales, o escritores en general, del común de esos hombres que no cuentan historias sino que las viven, es que el talento se reconoce, se destaca y sobre todo, se consagra, por eso Naipaul se le perdona algunas grietas que abrió desde ese cuerpo finito que ya descansa, porque su talento escritural le precedió siempre, mostrándolo más allá del bien y el mal, en su anhelado camino hacia el origen.

En la obra “Un camino en el mundo”, ya referida, Naipaul hace alusióna la vida de Francisco de Miranda y a Venezuela en general, ahí coloca una frase interesante en uno de los interlocutores de texto narrativo: “En Venezuela siempre hemos sabido que a los negros les gustaba disfrazarse y jugar. Eran grandes histriónicos. No recuerdo que nadie se le ocurriera hacer una investigación sobre eso…”

Hacia ese mundo multicolor de la ideas y de la grandeza de los espíritus hoy ha partido Naipaul y con él se va un poco del color profundo del Caribe y un tanto el discurso irreverente y potente de un gran escritor que en el 2001, había sido reconocido con el Nobel de Literatura pero que no necesitaba de eso para ser lo que siempre quiso ser, simplemente Naipaul.

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