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Vendetutti

Nuevamente voy a relatar lo que alguien me cuenta.

Ustedes se preguntarán: ¿Y este de qué escribe? ¿Dónde está el periodismo de investigación? A lo cual les respondo: eso ya está llegando. Ahora mismo innumerables colegas en no sé cuántos portales están verificando con pruebas incuestionables lo que se escucha y se palpa en el ambiente.

Vale decir, que nuestro país ha sido transformado en una inmensa chaca chaca. Para quienes nos leen de afuera, en Venezuela se llama chaca chaca a aquellas lavadoras de ropa que no son automáticas, las que solían ser las más económicas. Las lavadoras de rodillo. Hablamos de una chaca chaca, pues, de dineros mal habidos.

Ahora sí vengo, como es habitual, con la reláfica.

Mi amigo CM se muestra preocupado. “Mi hijo está haciendo muchísimo dinero”, me comenta, y tras una breve pausa, prosigue: “… haciendo negocios con jerarcas y enchufados”.

Desde hace unos años para acá, los más conspicuos jefazos chavistas han tenido que atrincherarse en Venezuela. Nuestra patria se convirtió en un gigantesco presidio del cual ellos son los pranes.

Y, como buenos pranes, quieren darse la gran vida en estas celdas. Adoran los artículos de lujo, prendas, joyas, aparatos de última tecnología y cualquier coroto que les otorgue estatus.

Pero ya no pueden viajar allende las fronteras para adquirir tales mercaderías. Se acabó Panamá. Se les terminó la manguangua en República Dominicana. ¿Miami? ¿Nueva York? ¡Nada que ver! Si acaso todavía luce como que algunos bolichicos cuentan con cierto margen de maniobra en la Madre Patria. Se hace imperativo, pues, quemar y blanquear los churupos en la “república bolivariana”.

Ahí es donde interviene el hijo de mi amigo CM. “Él es propio vendetutti”, alega. “Siempre lo ha sido. Desde chiquito le gustaba vender y comprar lo que fuese. Wheelin’ and dealin’, como dicen los gringos”.

CM Jr, llamémoslo así, comenzó llenando de mercancía un sótano en Chacao. Si el jerarca X deseaba un televisor pantalla plana de sopotocientas pulgadas en alta definición, ¡zuás!, CM Jr se lo conseguía. Si el jerarca Y se encaprichaba con un equipo de sonido vergatario, ¡zúquiti!, CM Jr lo proveía. El chamo se movía mejor que Floyd Mayweather en el ensogado. Viajaba a Panamá, Hong Kong y adonde se le requiriera para conseguir los cachivaches. “Pero dejó de ir a los Estados Juntos del Norte de América. Empezó a temer que lo pudieran requerir las autoridades gringas. Incluso me ha revelado que ya casi ningún testaferro porta por esos lares. Todos se han atrincherado aquí”, me refiere CM padre.

Una de las últimas que hizo fue la siguiente: la hija del súper jerarca gallero se encaprichó con un smartphone Apple de última generación. “Se ganó veinte mil verdes (twenty grand) en esa transacción”, me confiesa CM padre. “¿Qué? Ese aparato no cuesta más de seiscientos en Amazon”, replico. “Sí, es cierto, pero la carajita lo quería engastado en zafiros y rubíes”, me retruca CM padre. No me quedó sino hacer ¡Plop!, como los muñecos de Condorito (exijo una explicación).

¿En qué anda CM Jr metido ahora? Su papá me desliza que está trayendo seis barcos cargados de arroz desde Surinam. Como no existen incentivos para que los productores de Portuguesa y Guárico (los que aun se niegan a rendirse) siembren el necesitado cereal, entonces el rrrégimen azuza a los enchufados y estos, ni cortos ni perezosos, se desatan con la economía de puertos. Y así es para todo: enchufados y jerarcas importan harina de trigo, fertilizantes, carne, medicinas, es decir, todo. Ya en Venezuela no se produce casi nada.

Todo pagado, por supuesto, con divisas provenientes del polvillo blanco aquel y del contrabando de minerales estratégicos (el ecocidio que están perpetrando en Guayana es de espanto y brinco).

Mientras los venezolanos nos morimos de mengua, los jerarcas y enchufados, los chinos del chavismo, los rusos de Putin y los cubanos castristas están gordos y cachetones, como cochinos cebados.

[email protected]

@QAlbuerne

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