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Venezuela aspira, de un modo u otro al bien

Los países, que entran en decadencia, tienen todas las posibilidades de salir de ese fatídico hueco infernal. Esta posibilidad la hace la determinación de lucha, estudio y trabajo bajo la cohesión de la unidad de todos los habitantes de cada nación. Desde allí surgirán hacia donde reside la virtud, la ética y la entereza de ser únicos en el esfuerzo propio. Así, lo reseñan las historias de las naciones.

¿Por qué hay que tener la fe y la esperanza intactas? Sencillamente, porque siempre, toda nación tiene, en sus habitantes, grandes reservas morales que irán al rescate. Éstos, sin instalarse en el presente con la añoranza de un pasado insuperable y sagrado, lograran sus objetivos. Es decir, por determinación, crean, desde el presente, toda la dinámica de crecer con todos los futuros posibles.

Venezuela, tiene reservas humanas éticas idóneas, nunca será una excepción. Estas reservas están en los que creen en sí mismos, en quienes tienen una irrebatible autoestima, en los que confían en sus cualidades y virtudes como fuerzas que empujan al optimismo hacia logros personales y colectivos de gran envergadura. En fin, son grandes individualidades que saben trabajar en equipo, sin segregación ni mezquindad. Además, saben y reconocen el valor, que cada quien, bien merece. Es una trayectoria que viene desde los vestigios del nacimiento de la nación. Estos hombres, son la acumulación de las enseñanzas de maestros y hombres sabios que nacen en todas las épocas. Son las acciones de los creen en el pensamiento y el conocimiento usado con sabiduría. Sabiduría revestida de bien, que está en las diversas generaciones vivas, que sin duda, vencerán a las tinieblas como la lumbre de una lámpara.

Sócrates, padre de la filosofía y espíritu maestro que enciende el pensamiento de su discípulo Platón, sostenía que la virtud puede enseñarse. Lo decía, porque creía en la enseñanza orientada, en la búsqueda del bien y de la justicia.

Los venezolanos, nunca hemos sido huérfanos de sabios maestros y ejemplo de luchas por la libertad. Presencia que se han mantenido desde las luchas inmemorables de los hombres de la colonia, pasando por los grandes Libertadores, hasta adentrarnos en el pensamiento y obra, de todos los preclaros hombres que lucharon por la democracia, a riesgo de perder la vida ante las represivas, sanguinarias y criminales dictaduras militares del siglo XX. Y que ahora, sin duda, se enfrentan al desafío del totalitarismo. Ciertamente, ellos nos alumbran e impelen, sin cegarnos, a proseguir la lucha por las libertades. Todos en un conjunto de sabiduría, desde el pasado hasta el presente, nos hablan sin esclavizarnos en su pasado. Por eso, no habrá muro inexpugnable para que las tentativas de hoy, no tengan logros y merecido éxito.

Estos hombres de bien, entendidos en lo que es la soberanía del país, nunca pretenderán invitarnos a vivir de la sombra de otro país, ni de alguien que se intente totalitario ni del poder de otros que nieguen y violen los derechos fundamentales del hombre. Por supuesto, estos hombres, nos persuaden a surgir por nuestros propios esfuerzos, a escalar posiciones por méritos de lucha, estudio y trabajo; porque, lo que más satisface, es el honor y el prestigio propio sin dejar de admirar, con provecho, el de los demás. Por ello, jamás difaman, trepan ni destruyen a otros para cumplir con objetivos o metas. Estos sabios, saben que en nuestro país, por encima de todo, hay hombres, que jamás pierden la esperanza ni la fe ni las ganas de superarse y de ser libres. Porque la libertad, la honra y el bienestar que se lucha, no nace de una libertad regalada; sino de la libertad luchada, día a día, desde la organización. Esa organización habrá de levantarse desde las barriadas a las urbanizaciones, desde las parroquias a los municipios, desde el municipio al estado, desde el estado a la Nación, basados, por supuesto, en los principios constitucionales.

Los venezolanos no pueden dejar de ser lo que son en nombre de una libertad decretada y signada por virtudes impuestas e incomprendidas. Porque, como lo decía filósofo español José Ortega y Gasset (1883-1955): “Quien en nombre de la libertad renuncia a ser el que tiene que ser, ya se ha matado en vida: es un suicida en pie. Su existencia consistirá en una perpetua fuga de la única realidad que podía ser.” El venezolano, conoce lo que es justo, por eso es imposible que pueda dejar de hacer lo justo. Así lo entendía Sócrates. Es la virtud como conocimiento.

La libertad y el bienestar se construyen con seres humanos que amen al otro, al distinto, a la otredad. La verdadera libertad está en la auténtica democracia. Es la libertad de ser, como se es en el bien, sin renunciar a cambios.  Por ello, según Platón, “todas las cosas, y con ellas el hombre, aspiran de un modo u otro al Bien.” En consecuencia, el Bien, en los griegos, hace a la Polis. Que hoy, es pensamiento y acción vigente. Y se constituye dominante, en el concepto del Estado actual; porque, en su conjunto, se realiza de hecho en ley. De tal manera, ningún gobierno, dentro del concierto de naciones del mundo, podrá desechar el Bien ni las libertades democráticas sin que la justicia lo alcance.

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