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Venezuela, país problema para la región

Isaías A. Márquez Díaz

La problemática interna venezolana, producto de la aplicación de un sistema político en decadencia, involucionado y retardatorio, se ha trasladado, infortunadamente,  no solo hacia países vecinos del área caribeña, sino que se extiende en sentido horizontal hacia Colombia y Brasil; también, en sentido vertical hacia el cono sur.  Con toda su carga de gente desconcertada, quienes quizá se forjaron perspectivas tras el madrugonazo capcioso y la funesta del “POR AHORA”, celada  urdida desde Cuba, que se trama durante la década 1960-1970 mediante la lucha armada que se ejecuta en nuestras serranías y centros urbanos, donde sinnúmero de jóvenes ofrendaron sus vidas y muchos hasta su futuro para que a vuelta de unos 50 años Venezuela se hallara en pleno acabóse, lo cual, por razones de sobrevivencia, ha propiciado la migración de cerca de unos tres millones de coterráneos.

Es un fenómeno análogo al de Europa, hacia donde la migración  masiva desde África, Medio Oriente (Siria, específicamente) y sudeste asiático, cuyas poblaciones jóvenes y pobres crecen rápidamente.

Venezuela llega a ser tan rica como Noruega durante la década de los 60 pero el mal manejo del ingreso petrolero lleva a todos los venezolanos, sin excepción, a sufrir una crisis económica, aun cuando en el subsuelo del territorio nacional reposa la mayor reserva probada de petróleo en  todo el planeta, que se estima en unos 298.350 millones de barriles de crudo, y  podrían cubrir la demanda actual de los EEUU hasta por los 70 años venideros, según cálculos del MPPP. Un océano de combustible, de riqueza, que, no obstante, no se corresponde con lo que vivimos los venezolanos en la superficie.

Tanta abundancia de petróleo contrasta con la escasez de todo lo demás. Como no hay alimentos suficientes se forman colas larguísimas de gente que se pelea a las afueras de los supermercados por conseguir algo –muy costoso- para degustar en casa. Asimismo, tampoco hay medicinas para todos, ni repuestos para reactivar cerca de unos 25000 tractores que permanecen averiados en el campo, según cifras de Fedeagro/Fedenaga.

Venezuela, el país petrolero, es campeón mundial en inflación. Durante unos cuatro años, desde 2014, lidera la  tal posición. Y, ahora, como el país de economía más miserable a escala mundial.  Ni siquiera un Sudán en conflicto podría arrebatarle ese primer lugar para fines del 2018, ya que todos los pronósticos y proyecciones del Fondo Monetario Internacional así lo indican para este país, donde Nicolás Maduro  pretende ser reelecto, para lo cual ha sacado la billetera del Estado a fin de conceder bonos electorales ante cualquier celebración tradicional venezolana, obviando todas las crisis; principalmente, la asistencial por falta de insumos y medicinas, aparte de la alimentaria porque los productores también carecen de insumos para propiciar las cosechas.

Se traduce en todo un drama socioeconómico/sociopolítico que nos ha convertido en país conflictivo para la región.

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