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¿Vivimos en la anomia?

Carlos Armando Figueredo

Para los griegos ἀνομία era “ausencia de regla”

El 1º de julio de 1996, Venezuela Analítica publicó un artículo mío titulado “Estado de Derecho y Estado del Derecho”. En dicho artículo se planteaba:

Puede decirse que en un país se vive en situación de –estado de derecho– cuando el Estado se rige por un conjunto de normas, de mayor o menor jerarquía, que se han fijado a partir de la constitución misma del Estado. No hay Estado de Derecho cuando un país está sometido al capricho de una tiranía que no se rige por leyes ni otras normas prefijadas sino por la voluntad del tirano. En Venezuela, país que tradicionalmente se ha venido considerando como baluarte de la democracia en América Latina, se ha hecho ver que impera el Estado de Derecho –cosa ésta que se llega a poner en duda hoy en día.

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… en Venezuela, desde hace mucho tiempo –y en los años recientes más que nunca– está en muy mal estado el derecho. El acatamiento a las normas, por el hecho mismo de que imponen conductas y actuaciones que deben ser respetadas necesariamente es algo que sólo se hace en contadas ocasiones. Y hay instancias de desacato en el propio Estado, a través de sus poderes: Ejecutivo, Legislativo y Judicial, cuyos órganos abusan de poder, usurpan funciones, desconocen la vigencia de las normas. Hay desacato entre un número demasiado elevado de quienes forman el conjunto de residentes, nacionales y extranjeros, de nuestro país, quienes cumplen la ley sólo cuando sienten muy de cerca el poder coactivo del Estado –y a veces ni siquiera así, en alarmante acercamiento a condiciones de anomia y anarquía.

El artículo fue escrito en una época en la que podía decirse, mal que bien, que imperaba un régimen democrático, dentro de un supuesto Estado democrático y social de derecho y justicia. No puede negarse que había desacato de las leyes en el propio Estado, a través de sus poderes. Sin embargo, persistía, en grado aceptable, división y autonomía de los poderes. Tan es así que, por decisión de la Corte Suprema de Justicia, fue destituido un Presidente legítimamente electo.

Afirmaba que era alarmante cómo se estaba llegando a condiciones de anomia, y quiero detenerme aquí para referirme a lo que, en sociología, se entiende como “anomia”.

Siempre se ha dicho que quien primero introdujo en sociología el término “anomia” (“anomie”), fue el sociólogo francés Emile Durkheim —quien lo tomó de Jean-Marie Guyau—, en un libro titulado “La División del Trabajo en Sociedad” (1893), para luego utilizarlo en su obra sobre el suicidio. Se refería a la anomia como una condición de desaparición de la normativa ética y jurídica que estaba ocurriendo en la sociedad de su época. Describía la anomia como un estado en el que había confusión en cuanto a las normas, en la medida en que esas normas no eran claras o faltaban. Decía: “Es posible que la división del trabajo no cree vínculo social cuando se hace anómica. Es decir cuando los órganos especializados en el seno de la sociedad dejan de tener contacto y proximidad. O cuando sus relaciones dejan de estar suficientemente reglamentadas”. (Emile Durkheim, Division du Travail Social, 1893). Por otra parte, en su obra Le Suicide. Étude de Sociologie, publicado en 1897, en su estudio sobre el suicidio Durkheim emplea el término anomia dándole un carácter muy negativo, por oposición a Jean-Marie Guyau  en Esquisse d’une morale sans obligation ni sanction (1885) quien lo utilizaba más positivamente como la liberación de los límites virtuales fijados por el hombre. Para Durkheim, la anomia o ruptura de las reglas o normas puede ser muy dañina para la psiquis y puede llevar al suicidio. Se ha estudiado, en efecto, que el suicidio crece en proporción a la falta de regulaciones de orden social o económico, por ejemplo bajo crisis financieras, cuando el individuo no halla puntos de referencia y es incapaz de entender quienes pueden regularlo, sobre todo dentro de los grupos sociales con débil regulación.

En el siglo XX, el sociólogo estadounidense Robert K. Merton (1910-2003) toma de Durkheim el término anomie que aparece en uno de sus celebrados artículos sobre sociología publicados en la década de 1940, principalmente al analizar las conductas desviadas. Merton se preocupa en determinar por qué las tasas de conductas desviadas difieren tanto en diversas sociedades y grupos dentro de una sociedad. Dentro de una perspectiva funcionalista, se basa en lo expuesto por Durkheim para analizarlo a su modo. Merton se basa en Durkheim cuando analiza cómo la cultura puede crear desviaciones en la conducta. Se refiere  una situación en la que luce que no hubiera vínculo entre las normas culturales relativas a lo que puede ser las metas en la vida al enfrentarse a los medios apropiados para lograr esas metas. Merton se vale para explicar cómo en un país puede haber comportamiento de desviación debido a la anomia.

En la crisis que actualmente la anomia que persiste en Venezuela no solo está llevando al suicidio individual sino, lo que es más grave, al de la sociedad.

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