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Vladimir Putín y los 60 “locos”

Egildo Luján Nava

Entre la veintena de países que conforman el grupo de naciones que pueden presumir a nivel mundial de ser y vivir en Democracia, no figura Rusia. ¿Por qué?. Habría que preguntarle a los rusos, desde luego, cómo es que después de la desaparición de la Unión Soviética, quienes tomaron el control de su “cerebro” político e ideológico, no han podido hacer posible  -o querido que suceda- la consolidación de ese gran paso.

Desde luego, quizás es por las ventajas que le ofrece  a quienes rigen el control de poder, vivir bajo el halo de la KGB. 0 también porque cuando las sociedades se habitúan a la convivencia entre las “bondades” que ofrecen el hambre, el miedo y la voluntad de las armas en manos del Estado, siempre resulta más adecuado y apropiado alejarse de los desvaríos que implica esa manía humana de querer ser libre y exigir condiciones para vivir en un ambiente de libertad.

En todo caso, las consideraciones que emergen a propósito del peso mundial que hace sentir la voz del Jefe de Gobierno de ese país, Vladimir Putín, configuran una necesidad. Y es la de poderlo interpretar en su pretensión, cuando pontifica acerca de porqué su razonamiento es una autoridad, de obligatoria aceptación y reconocimiento.

Pero, además, a qué se debe su sepulcral silencio cuando se le insta a explicar en qué consiste su sistemático resguardo a su clientela bélica. Y con base en qué su voz de peso debe ser admitida como un concierto de verdades, al desvivirse en ofrecer servicios de post-venta a sus compradores de armas, sin poder diferenciar su asistencia bajo el formato de casos como los de Siria.

Lo cierto es que a Putín, a quien le provoca urticaria ese empeño humano de vivir en Democracia y consecuencialmente en libertad, no se le debe hacer muy fácil justificar la presencia de su régimen en Venezuela. Aquí, según se sabe, Rusia está involucrada como un cliente de postín, al tener que ver con la actividad petrolera, y su facilidad para, curiosamente, formar parte de un híbrido institucional con un país que participó en la constitución de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (Opep) y continúa siendo parte de su funcionalidad.

Sin embargo, existe otra relación de mayor profundidad y alcances, como es la venta de una serie de armamentos, que, según la prensa internacional, incluye la más disímil variedad, modalidades de compra. Y, desde luego, la prestación de una serie de servicios de mantenimiento que, de repente, han pasado a protagonizar una justificación de la presencia en tierra nacional de un desconocido número de “técnicos” -que no tropa, según Putín-, cuya permanencia y multiplicación, sin embargo, no guarda relación con la voluntad rusa de que permanezcan en el trópico. Sino con las exigencias y alcance de las asesorías al gobierno venezolano.

Pero, realmente, ¿en qué consiste todo eso y hasta dónde puede llegar el exJefe de la KGB, cuando, inclusive, entra en un terreno tan particular, como ajeno para inmiscuirse en las diferencias internas de una nación envuelta en una seria diferencia política?. Por otra parte, ¿su pronunciamiento es espontáneo o se procesa en clientelar obediencia a una petición –o demanda- de que debe embadurnarse, en una demostración de solidaridad   con su cliente y socio, a la vez que entra en el terreno de la descalificación?.

Como quiera que la opacidad es válida cuando lo exigen e imponen ciertas cláusulas que obedecen a justificaciones “estratégicas y/o secretos de Estado”, entonces, más vale tratar de entender  las intrigas. Especialmente, la última que ha provocado ruidos, además de suspicacias, cuando el socio petrolero y vendedor de armas, ha calificado de “locos” a los casi 60  Presidentes que, con su posición y la de sus países, han dicho que en Venezuela hay un Presidente legítimo y otro que es un usurpador.

Tales “locos”, a decir de Putín, sencillamente, conforman una especie de atrevidos individuos que, en nombre de sus erróneas interpretaciones de lo que estaría sucediendo en Venezuela, le dan un visto bueno al interinato del Presidente de la Asamblea Nacional, como Jefe de Estado provisional. A la vez que desconocen, por usurpador, a quien ejerce la misma función, después que propició una extensión de su mandato constitucional, alegando haber sido reelecto en un proceso comicial, cuya celebración y culminación fue desconocida desde el momento de su realización por esos Jefes de Estado.

¿Es realmente un caso de “locos” lo que han hecho esos casi 60 gobernantes, quienes exhortan a la celebración de otro proceso electoral, ajustado a las normas constitucionales y transparencia comicial?.

¿Tal llamado guarda relación, por ejemplo, con lo que sucede en Rusia cada  vez que Putín es reelecto Jefe de Estado?.

¿O es que Putín parte del principio  y se ampara en un criterio subjetivo, según el cual lo importante no es vencer transparentemente durante un proceso electoral, sino mantener la primacía del ejercicio del poder, indistintamente de lo que eso lleve implícito, incluso en contra de la propia ciudadanía?.

Ya es una frase constante y bien posicionada en el territorio venezolano, según la cual “hay que estar loco para vivir en Venezuela”. Pero, sin embargo, lo que no deja de llamar la atención es el desparpajo con el que representantes de múltiples autoridades ajenas a las venezolanas, insisten en pretender solucionar el serio y grave conjunto de problemas que agobian a quienes viven en el territorio nacional. Sobre todo a partir de su visión, percepción e interpretación de lo que pudiera ser la causa y la eventual acertada salida a dicha realidad

Mientras tanto, internamente, los factores en disputa optan por interpretar tales opiniones, capitalizarlas cuando convienen, o desacreditarlas cuando no son favorables. Y nada más. Posiblemente, por creer los primeros que no son importantes la hambruna, la gravedad de los problemas de salud, inclusive, que haya o no ayuda humanitaria internacional. Y los otros, tal vez, por estar convencidos de que basta la asistencia y respaldo internacional, para construir un formato o modelo de gobernanza  que haga posible el bienvenido formato del abundante ingreso de inversiones privadas foráneas.

Al luz de la realidad, nadie sabe si es suficiente esta manera distanciada y hostilizada con base en la cual se pretende sacar a Venezuela del foso en el que ha caído.

Y es por eso por lo que no debe extrañar que Putín, sin calificación alguna para interpretar en qué consiste verdaderamente el llamado que hacen casi 30 millones de venezolanos a vivir en libertad y construir más y mejor Democracia -porque tampoco él cree en la Democracia- califica de “locos” a quienes, al menos, no imposibilitan soluciones a todo aquello por lo que transita Venezuela.

Además que ofrecen alternativas para que aquí no se repita la experiencia promovida por el Jefe de Estado ruso y Bashar Al-Asad en Siria, y que cerró con la destrucción del país, la muerte de centenares de miles de militares, civiles, incluyendo niños y ancianos. ¿Y para qué?. Para que el cliente siga al frente del ejercicio del poder.

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