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¿Y si gana Guillier?

Todo el mundo está seguro de que Piñera ganará la próxima elección presidencial. Tan seguro, que la comodidad y el relajo ya se ve en el ambiente. Pero póngase un minuto en el caso de que gane Guillier, quien, a mi juicio, tiene mejores opciones de lo que muchos creen. Suponga además que el nuevo parlamento –nadie sabe qué va a pasar ahí- sea favorable a su visión populista. ¿Imposible? Para nada.

En segunda vuelta Guillier va a aglutinar a todas las fuerzas de izquierda, incluida la DC que buscará a como dé lugar mantenerse en el poder para seguir viviendo del Estado. Si eso es así, bastaría una baja participación de la centroderecha para que la Nueva Mayoría llegue al gobierno nuevamente e incluso logre mayorías parlamentarias aliándose con facciones de izquierda. No parece el escenario más factible, pero no es descartable. Y si eso llega a ocurrir Chile definitivamente se habrá jodido.

El camino populista que inició Bachelet se profundizará, las arcas fiscales sufrirán aún más, nuevos impuestos caerán sobre nuestros hombros y más histeria anti empresarial igualitarista se tomará los medios para distraer a la opinión pública del despilfarro y saqueo que tiene lugar en el Estado.

Algunos incluso han dicho que si gana Guiller se van de Chile, no sin razón hay que agregar, pero inmerecidamente si se tiene presente que han hecho poco o nada por defender este país. Porque se podrá reclamar todo lo que se quiera en contra de la izquierda, sector efectivamente plagado de fabricantes de miseria, pero los responsables de que ella no avance con su programa están del otro lado.

La izquierda –y esto es lo decisivo- tiene ideas, malas pero ideas al fin, mientras la derecha en general protege intereses. Y ya nos advirtió John Stuart Mill que un hombre con una idea es una fuerza social más poderosa que noventa y nueve que solo tienen intereses. Peor aún si, como ocurre en Chile, muchos andan acomplejados defendiéndolos y, salvo excepciones, ni siquiera están dispuestos a invertir para salvaguardarlos. ¿O usted cree que el clima de opinión a favor de la libertad, el respeto por el rol de los empresarios, la admiración por el éxito ajeno, la desconfianza hacia el Estado y todos los valores y creencias que garantizan la prosperidad van a brotar automáticamente en las personas cuando vayan a los malls a comprar?

Esta fue la absurda tesis que se instaló en las últimas décadas y fue reforzada por la comodidad en la que se hundió –literalmente- una élite que parece no estar dispuesta a dar una pelea en serio por lo que ella misma construyó.

Por eso mejor será que los que no quieren populismo se pongan las pilas de cara a la próxima elección y dejen de pensar que ya está ganada. Porque como dijo memorablemente un futbolista filósofo “no está todo dicho hasta que está todo dicho”. Y si gana Piñera, lejos de echarse para atrás, los partidarios de la sensatez van a tener cuatro años para desarmar el populismo radical que se está desarrollando en el país y que podría volver con mucha fuerza en una próxima elección.

No hay que olvidar que hoy casi un tercio –o más– de la clase política se ha situado en una izquierda dura, de esa simpatizante con el socialismo del siglo XXI. Estos ciertamente no son escenarios seguros pero no son imposibles y como dicen los americanos “you have to hope for the bestand plan for the worst”. (tienes que esperar lo mejor y planificar para lo peor)

Los países, en cierto sentido, son como las empresas: requieren de grandes esfuerzos para armarse y mantenerse por buen camino y, como las empresas, la mala gestión los arruina. Hay una diferencia esencial eso sí: mientras en la empresa todos sus accionistas ganan si ella anda bien, en los países hay muchos que ganan si la cosa va mal. Populistas, demagogos, lideres autoritarios, depredadores fiscales y muchos otros se benefician por un buen tiempo del desastre que ellos mismos causan y de la narrativa que imponen -muchas veces con la complicidad de la élite empresarial– para justificarlo.

Si no queremos que los populistas continúen su trabajo de termitas institucionales en nuestro país, mejor hacemos nuestro desde ya otro popular y sabio dicho americano: “freedom is not free”. (la libertad no es gratuita)

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