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Resolución de la OEA avalaría referéndum revocatorio

La reunión del Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA), celebrada en su sede en Washington el miércoles, no tiene nada que ver con el extenso informe del secretario general Luis Almagro. Sin embargo, la resolución allí adoptada por los 34 Estados miembro, una fórmula poco comprometedora pero de gran tradición en la OEA, logró establecer los caminos que abran las compuertas al diálogo en Venezuela, mucho antes de la convocatoria a evaluar la aplicación de la Carta Democrática, a realizarse entre el 10 y 20 de junio, a solicitud de Almagro.

Asimismo, y a pesar de no decirlo expresamente -como muchos piensan-, la resolución de cuatro artículos respaldaría el referéndum revocatorio promovido por la oposición venezolana, luego de que la OEA declarase:

3. Su respaldo a las diferentes iniciativas de diálogo nacional que conduzcan, con apego a la Constitución y el pleno respeto de los derechos humanos, de manera oportuna, pronta y efectiva a la solución de las diferencias y la consolidación de la democracia representativa.

4. Su apoyo a todos los esfuerzos de entendimiento, diálogo y a los procedimientos constitucionales.

La especialista en Derecho Internacional y exembajadora, Milagros Betancourt, indica que el lenguaje diplomático es un lenguaje que hay que saber leer e interpretar, y aclara que si en un documento «lees que ‘se respetan los procesos constitucionales’, no se necesita ser muy inteligente para entender que se le está llamando la atención al gobierno en que hay unos procesos que se deben respetar».

Otros especialistas consultados por Analitica.com coinciden con Betancourt, y recuerdan que el día anterior a la reunión, las cancillerías de Chile, Colombia, Argentina y Uruguay firmaron un documento en el que manifestaron su apoyo a los “procedimientos constitucionales tal como el relativo al referéndum revocatorio».

Betancourt sugiere que quizás la OEA ha preferido usar un lenguaje un poco más apegado a la mediación, para poder lograr el consenso de los países, y que en el área diplomática esa, la descrita por los países mencionados, es la interpretación que se le da, «no hay otra forma de entenderlo».

Se debió participar en una maratónica sesión de 10 horas, signada por una serie de desencuentros e insistencia del embajador, Bernardo Álvarez, de suspenderla, para obtener lograr el corto y conciso documento, a pesar de posturas al margen de su aprobación, como la expuesta por la delegación de Paraguay que, pese a no obstruir el consenso, aclaró que no puede apoyar el texto porque no incluye la “exhortación” al Gobierno de Venezuela para que permita la convocatoria del referendo revocatorio.

«Evidentemente hubo todo este forcejeo de parte del gobierno de Venezuela porque alegaron que no habían sido consultados para el proyecto de declaración (propuesto por Argentina), y después porque el contenido de la propuesta no reflejaba lo que ellos hubieran querido que estuviera allí», indicó la exembajadora Milagros Betancourt.

Además, aclara que aunque la declaración fue consensuada, no fue una decisión unánime.

«Consenso no es unanimidad, de hecho Paraguay aprobó el consenso pero dejó claro que hubiese preferido que la declaración hubiera sido mas contundente. A Venezuela no le quedó mas remedio que acompañar el consenso», asegura Betancourt, algo que se considera lo mejor que hicieron los delegados nacionales, puesto que en todo conflicto la mejor salida es la negociación, «incluso las guerras terminan en una mesa de negociación».

Betancourt, quien participó como embajadora de Venezuela en la firma de la Carta Democrática, aplaude que se haya suavizado el lenguaje en cuanto al tema de la salida y el referéndum revocatorio, «porque en la declaración se habla del respeto de los procesos constitucionales, y del único proceso constitucional del que estamos hablando en este país es el revocatorio».

Victoria por aquí, victoria por allá

La ministra de Relaciones Exteriores, Delcy Rodríguez, calificó como una “victoria” la resolución conciliadora de la OEA, sin embargo especialistas y actores políticos no están en la misma sintonía.

«Creo que esta resolución es un fuerte golpe para Venezuela. Hace seis meses era impensable siquiera, incluso con Almagro ahí, que se convocara una reunión para tratar el tema», recuerda Milagros Betancourt.

La sesión de hecho evidenció una erosión de la gran influencia cosechada por Venezuela, que en los últimos tres lustros le permitió evitar o ganar votaciones polémicas en el principal foro hemisférico con el apoyo de países de la ALBA y Petrocaribe.

Su propuesta esta vez solo contó con el apoyo de Nicaragua, Dominica, Ecuador y Bolivia.

Comunidad Internacional despierta

A pesar de que el pueblo venezolano y sus actores políticos han demandado de distintas maneras la atención hacia la crisis que atraviesa el país, las primeras declaraciones de Luis Almagro, y posteriormente su informe, fue lo que despertó a la comunidad internacional. «El hecho de que el G7, ocupados en temas tan graves como los refugiados en Europa, la situacion en Siria o el problema entre Israel y Palestina; haya volteado su mirada hacia Venezuela, quiere decir que la situación realmente es seria y que amerita un acompañamiento de la comunidad internacional», señala Milagros Betancourt.

Asismismo, la propuesta de Almagro está perfectamente vigente, asegura Betancourt, directora del Centro Empresarial de Conciliación y Arbitraje (Cedca), recordando que el secretario general estableció una fecha en la que el Consejo Permanente pueda reunirse para estudiar el informe de 132 páginas que él hizo, pero entre esas fechas propuestas, está la realización de la Asamblea General de la OEA, que se llevará a cabo en República Dominicana del 13 al 15 de junio. Es decir, toca esperar un poco más de tiempo para saber el verdadero resultado de esta medida.

«Pueden pasar muchas cosas (en este tiempo de espera): que se active la mesa de diálogo y en esa Asamblea se presente algún informe de los avances, o que se presente un informe que diga que no hay manera de avanzar, o que se haga la reunión del Consejo Permanente antes de la Asamblea, y este tome decisiones para acompañar o dejar en suspenso sobre los resultados del diálogo. Hay que esperar la fecha», dice Betancourt.

Privilegiar las soluciones negociadas y agotar todas las soluciones diplomáticas, son normas fundamentales en el Derecho Internacional, por tanto, lo último a lo que se llega es a la sanción. Por este principio, la exembajadora destaca que se si nada de eso resulta, «si el gobierno no está dispuesto a hacer eso, los Estados tendrán que evaluar aplicar las sanciones correspondiente al Estado», pero, enfatiza, «los Estados tienen que ver si efectivamente el gobierno tiene disposición a negociar, o si el diálogo es pleno, incluyente y efectivo, en el que se deben respetar los derechos humanos (Art. 1, 2 y 3).

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