Editorial

En este nuevo número de la revista ExtraCámara regresamos a informar sobre la fotografía venezolana e internacional, y como siempre, brindándole dentro de la última un espacio preferente a la fotografía latinoamericana.

Quisiéramos hacer de nuestras entrevistas a fotógrafos o gerentes culturales de la fotografía un lugar estable en la producción de esta revista. Pensamos que conocer de primera mano el acontecer fotográfico es importante para la divulgación y reflexión cultural. Esta vez publicamos una entrevista de Karina Sainz Borgo a Luis Enrique Pérez Oramas sobre esa magnífica exposición, La construcción de un personaje. Imágenes de Armando Reverón, que tuvo lugar en Trasnocho Arte Contacto bajo la curaduría del propio Pérez Oramas, J.I. Parra y Rafael A. Romero. En esta entrevista se aborda cómo la imagen de un personaje –para este caso la de Reverón– y su interpretación autoral (fotográfica, cinematográfica) puede diferenciarse según la mirada y a la vez incidir en una apreciación pública.

Buscando acercar el conjunto del país a esta publicación, esta vez es la fotografía del Táchira la que se nos revela, a través de tres de sus exponentes: Gregorio Aparicio, Eugenio Miranda y Ramón Hernández. Para ello hemos contado con la colaboración de la Fototeca del Táchira, institución que ha perseverado en el tiempo en la investigación fotográfica regional.

La obra de jóvenes artistas-fotógrafos como Luis Cobelo y Manuel Villanueva; o de otro no tan joven, pero siempre en el camino, como Joaquín Cortés (cuyo trabajo sobre la minería en el estado Bolívar se expuso hace muy poco tiempo en la Galería de Arte Nacional); reseñas de libros de reciente publicación y las notas de Aixa Sánchez sobre eventos nacionales e internacionales, integran también los contenidos de este número.

Acerca de la fotografía latinoamericana, y en ese espacio antropológico con el cual tienen tanto que ver las imágenes producidas con este medio, José Antonio Navarrete nos brinda su investigación sobre la mirada que posó el occidental en el indígena latinoamericano desde el siglo XlX y hasta comienzos del XX. Por otra parte, Rosina Cazali nos informa, a través de un serio estudio, sobre las peculiaridades de la fotografía contemporánea guatemalteca y la incidencia del entorno social local en lo personal y experimental del trabajo de los fotógrafos.

Una reflexión general última de cómo los llamados a unir fuerzas en pro del país (de todos) se hacen imperativos cuando las escisiones se van acentuando: privado-público, rico-pobre, oficial- los otros… Quizás no se trate de un espacio físico definido sino de niveles de conciencia, donde caben el bien común (la sobrevivencia de la especie) y el ego (inútil no tomarlo en cuenta). Además, en arte y creatividad las relaciones se vuelven aún más complicadas, pues como bien lo pensó el filósofo, el poeta no se puede dominar y, por consiguiente, en la República (?) se convierte en alguien “desconfiable”. Sin embargo, el poeta (el creador) hace que la vida sea factible, pues posibilita el movimiento de las ideas y los sentimientos. Abrir puertas y comprender
a los diversos actores sociales es el único camino que tenemos. Aún hay un buen trecho
por andar.

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