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¡La imagen de Chávez!

No logramos comprender la irreverente idea que emana y mantiene un grupo numeroso de venezolanos, muchos autoproclamados y aceptados como intelectuales, inclusive ideólogos cultos y pronosticadores, que han tratado de mantener la llamada “imagen de Chávez”. Una estúpida y sin parangón idolatría, que luego de una llamada “revolución socialista”, condujo al país a la miseria en que vivimos; una, sin parangón histórica, que transformó el también llamado “ideario nacional” en la abrupta miseria en que vivimos luego de dos décadas del inicio del tercer milenio en Venezuela.

“Los viudos de Chávez”, como los ha llamado Gustavo Coronel, quienes según él, tienen un plan para reconquistar el poder, consistente en hacernos creer que chavismo y madurismo son diferentes. Idea que compartimos en el sentido de no solo creer, sino mantener la creencia segura, que los personajes impulsores del chavismo ignaro que logró reconquistar la anti política surgida en finales de los 80’ y todos los 90´, hasta lograr engatusar a los venezolanos y llegar a la toma del poder con dulzura engolosinante, que nos condujo a estos lodos de la Venezuela miserable, que pareciera ser el peor trauma de la república en sus más de 200 años de independencia.

Sin dudas, es grande la desesperanza y el martirio de creer que todo está perdido y hemos llegado al destino imperecedero y atosigante logrado como castigo fulgurante por la pérfida ilusión de haber soñado con una patria grande y poderosa, creyendo que los venezolanos nos merecíamos el disfrute de una riqueza dada por Dios.  Eso que habíamos confundido con el llamado “sueño venezolano”, transformado en la “ilusión perdida”, luego del fulgurante engaño del chavismo, que aún quieren mantener como imagen gloriosa sin oprobio; a pesar de la verdad ruda que nos atosiga.  Es imposible olvidar, que Maduro es la funesta extensión de Chávez impuesta por el agonizante y debemos entender, que el madurismo representa al bloque histórico del Chavismo, creador de la desesperanza y el caos que solo tiene un nombre, el “legado de Chávez”.

No podemos verlo de otra manera, aunque quieran “los viudos del chavismo”, hacernos creer otra cosa, sino que es el resultado del antiapostolado creado por el falaz ¡chavismo!, el mayor engaño político que haya existido en nuestra historia patria, que quiso instaurar una doctrina política fundamentada en el desastroso comunismo, creyendo que el mismo concluyó en el fracasado socialismo soviético de la década de los 20´ del pasado siglo; sin descontar la inmensa propaganda surgida en el mundo, ante la insensata “revolución” desatada en muchos países, creyentes del “mito”.

Sin dudas, un engaño que se generalizó por la atosigante maniobra del chantaje petróleo y el terco abuso del dólar petrolero, que el difunto patrocinó a costa de nuestra riqueza. Por fortuna, ¡Dios es Grande! y no permitirá que exista en el mundo, ningún personaje ni grupo ideario que pueda emularlo sin escapulario para las indulgencias.

Muchos venezolanos, entre los que nos contamos, pronosticamos la miseria en que se convertiría Venezuela gobernada por Hugo Chávez, cuyo más lacerante maniobra, después del ¡por ahora!, fue la de querer medir la riqueza patria, buscando el límite de sus reservas internacionales, que con mente chica creyó tener la medida de los recursos necesarios y el cartabón para medir la pobreza; forzando desde el comienzo de su engaño la fábula del pedigüeño, que estuvo convencido de la atrocidad del pujante emprendedor, quien aprendió mediante el estudio en “la universidad de la vida”, que los recursos escasos existen y pueden multiplicarse como Jesús multiplicó los peces y los panes. Pasajes bíblicos que descartan la expropiación y el reparto de lo ajeno, como fórmula para distribuir la riqueza, que solo es concebible como producto del trabajo del hombre para forzar a la naturaleza a producir, o para extraer de las entrañas de la tierra los frutos existentes en ella. Solo así, ¡Dios provee!

Como antes dijimos, en el desastre incontrolado, se habla de vergüenza, no como el escudo natural del desengaño, sino como el don que nos toca vivir por obra y gracia del mitómano que sirvió para enaltecer un gentilicio que perdió el autoestima y se acomodó al fracaso, para seguir engullendo las “verdades mitológicas” que surgieron después de la desilusión generalizada de un pueblo, que entristeció sin sentido, y que, en lugar de emprender el camino de regreso del fiasco, prefirió continuar con el engaño para no sentir esa vergüenza que ha encubierto.

Así surgió el ¡Chávez vive!, creado por los viles aprovechadores del desfalco nacional, que se creyeron grandes en el poder, a sabiendas de que lo minimizaron como el agua que se evapora, suplantándolo por un mediático imperio de la mentira, adornado con oropeles falsos, que solo pueden justificar con eso de que ¡la lucha sigue! y que ¡tenemos patria!; todo en embauque con el que siguen creyendo y pretenden ungirse de impunidad. Esa que piden a gritos, porque saben que están perdidos. Saben que es la hora, que como las ratas les toca abandonar el barco, pero la insistencia del miedo a perderlo todo, acuden a la vergüenza que indigna, pero es lo único que les queda para honrar su triste realidad.

@Enriqueprietos

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