Opinión Nacional

La vía electoral: Otra trocha sin retorno

A diferencia de la otra, más bien “espléndida” para ir y volver al Litoral, ésta no lleva a ninguna parte. No es que dudemos del método prescrito en la Constitución, para el relevo de los gobernantes y de los representantes del pueblo en las instancias legislativas. Ni en las nacionales, ni en las regionales. Ni en las comunales. Es que estamos convencidos de que ya está impuesto un orden, una estrategia de poder, de legalidad disfrazada, para una burla vitalicia de la voluntad popular. Por eso, la nueva Ley Electoral no debe merecer ninguna discusión. Como no la mereció –y no la hubo— con respecto al Referéndum del 15 de Febrero. La consulta reeleccionista que no respondió a ninguna exigencia y, como podía y puede comprobarse en el análisis más superficial de la opinión nacional, consulta que jamás se refirió a alguna necesidad del colectivo, por lo cual fue absurdamente inoportuna, costosa e inconveniente. Igual que esta nueva Ley, que al terminar de obscurecer la vía electoral, se transforma en una trocha sin retorno.

Tenemos un Consejo Nacional Electoral (CNE) designado por una Asamblea Nacional sin calidad representativa. Un ente legislativo electo por menos del 18% del electorado. Es decir, sin el consentimiento del 82% de los venezolanos inscriptos en el Registro Electoral Permanente (REP). Un CNE que ha organizado, podríamos decir que “impunemente”, diversos procesos electorales, de carácter nacional y de responsabilidad histórica, a través de un sistema automatizado de votación, el cual tampoco fue nunca solicitado por la opinión y el cual ha sido, evidentemente, rechazado en la gran mayoría de los países y sociedades donde se ha intentado establecerlo. Sistema rechazado, precisamente, por arrojar graves dudas acerca de su transparencia y más bien denunciar la posibilidad de su fácil manipulación por administradores parcializados, que es el caso venezolano. Un CNE escogido interesadamente, por un Poder Legislativo que solo representa a una parcialidad muy minoritaria de nuestra soberanía nacional. Pero hay algo más, igualmente grave: el REP que sirve de base de datos para la participación electoral en Venezuela, también fue organizado, caprichosamente, por la misma minoría que detenta todos los poderes de decisión en el País, incluyendo, desde luego, el Poder Judicial.

Y en ese REP, que crece y se modifica todos los días, sólo caben las manos de un conjunto de funcionarios de la ONIDEX, integrantes del Poder Ejecutivo Nacional, donde la equidad, la justicia, la responsabilidad y la legalidad, son valores que apenas si responden a la voluntad de un solo hombre, el Presidente de la República, Jefe Supremo del País. Es decir, ya era innecesario insistir en la “democratización efectiva” del sistema electoral venezolano, porque cualquier consulta, con el instrumental y los administradores que rigen la materia, resultará siempre carente de la más mínima transparencia y sus resultados serán consecuencialmente sospechosos. Un REP lleno de colombianos, ecuatorianos, bolivianos, nicaragüenses, cubanos, chinos e iraníes, ahora “nacionalizados” por la bondadosa “humanidad” de los funcionarios de ONIDEX y del CNE, prestos a garantizar el promisor futuro del Hombre Nuevo venezolano. Un REP cuya data está definitivamente negada a los sectores que se oponen al Régimen, bajo la “reverente” excusa de que hay que proteger la intimidad de los votantes.

A más de todo esto, lo cual configura la trocha a la que nos referimos, hay que agregar el comportamiento electoral de las instituciones, supuestamente democráticas, bajo el estricto control de los súbditos leales al Jefe Supremo del Estado Nacional. No es necesario describirlo. Un comportamiento francamente descarado, de apoyo irrestricto, de colaboración franca y abierta a los candidatos y a las propuestas del Régimen, de persecución, incluso, a los adversarios –criminalizados, excluidos, sometidos penalmente— mientras el presupuesto público, los bienes nacionales, son puestos al servicio de la causa que sirve a la inspiración del Gobierno. ¿Para qué una nueva Ley Electoral? Pues, para “legalizarlo” todo, las “morochas” –que niegan, de hecho, la representación proporcional de las minorías, así como la facultad para la creación, discrecional para el CNE, de nuevos circuitos electorales, los cuales darán, cada vez, mayor “mayoría” al Partido del Presidente.

No nos olvidemos que no puede haber socialismo de verdad –proceso de transición hacia el comunismo– con ejercicio pleno de una democracia funcional. O una cosa o la otra. O Socialismo o Democracia. La Dictadura del Proletariado no podía permitir ni partidos políticos opuestos al comunista, ni propiedad privada en manos de la “oligarquía”, ni libertad de opinión, factor de dispersión del credo constructor de la Revolución. La única Revolución posible para el Socialismo. La Revolución Comunista. Como la de Fidel. Como la que “montó” Lenín en la URSS. Como la de tantos intentos fracasados en lo que va del Siglo 19 al Siglo 21. Y aun cuando Chávez y sus asesores conciban una nueva metodología, su Socialismo, como todos los otros anteriores, fracasará igualmente, a costa de la sentida Democracia venezolana.

Hemos dicho, repetidas veces, que hay que “romper” la Agenda de Chávez y regresar a Venezuela y a su pueblo, a la Revolución Democrática, para encaminarnos, con grandeza, a la prosperidad del Primer Mundo. En esta ocasión, si nos oponemos a “considerar y discutir” un proyecto de nueva Ley Electoral, no es para irnos al frente de la conspiración militar, ni para abrir el camino a una fuerza invasora que nos libere de la maldad comunista. Es para, definitivamente, convocar al pueblo, al grueso de la ciudadanía venezolana, a una respuesta contundente que “pare en seco” el presente proceso de destrucción del País. Que se exija un nuevo Poder Electoral más venezolano, mejor integrado, profesional y políticamente. Que se construya un nuevo REP, abierto, sin trampas, donde se comprenda la verdadera soberanía nacional. Que se detenga la parcialización del Régimen, se calle al Pregonero de las cadenas y se logre la necesaria independencia entre los distintos Poderes del Estado. Que el Presupuesto Público y la riqueza nacional se coloque al servicio de todos. Que los medios nacionales no sean de unos cuantos y que trasmitan todas las opiniones, por divergentes y contradictorias que fueren entre si. ¿Es eso posible? Creemos que si. No deteniéndonos a discutir, en la oposición, si lo que requerimos es una nueva Coordinadora o una Tarjeta Única, sino proponiéndonos, con arrojo, con valentía, con decisión, a arrebatarle el País a los que lo han secuestrado y convencernos y convencer a los que siguen al Jefe Supremo de la Dictadura presente, que Venezuela no se merece este destino en el cual estamos encerrados; que podemos, entre todos, acabar con la pobreza, disolver la delincuencia, instrumentar un régimen de salud que proteja al universo del colectivo nacional, instrucción gratuita y libre, empleo pleno, libertad, libertad, libertad y que podemos abrirnos hacia otro camino, de crecimiento, de prosperidad, de abundancia, donde coloquemos al País en el lugar que le corresponde entre las naciones más desarrolladas del mundo. Que cambiemos la trocha por una autopista.

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