Opinión Nacional

¿Es el CNU Revolucionario?

Difícilmente un organismo creado bajo los parámetros de la socialdemocracia
y usado por las cúpulas de la democracia representativa para hacer de la
educación superior un hecho de exclusiva movilidad social al servicio del
mercado, puede ser juez para decidir el avance de un proceso revolucionario.

Aunque lo presida el Ministro de Educación Superior y asistan los rectores
de las universidades identificadas con la Revolución, el CNU es una entidad
constituida por una mayoría contraria al gobierno y radicalmente opuesta al
liderazgo de Hugo Chávez.

Solamente con la presencia en su seno de los rectores de UCV, LUZ, USB,
UCAB, UCLA, UDO, ULA, UNET, UPEL, UNIMET, USM, UCAT, URBE; más los
representantes de la Universidades Experimentales y de las Privadas; y una
decena de miembros que para nada se identifican con la Revolución
Bolivariana, se crea la situación numérica que logra una afinidad
mayoritaria que se orienta a inclinar la decisión en contra de contenidos
programáticos que incidan en el cambio de estructura. Hecho que en algún
momento los va a incluir a ellos también. No creo que si se saben mayoría
–además el CNU es un organismo que dado su amplitud de miembros hace bien
compleja la toma de decisiones‹- generen voluntad para que sea aprobado algo
contrario a su racionalidad. ¿Aceptaría el cura Ugalde, por ejemplo, que en
el sistema de educación superior se cree un ambiente propicio para erradicar
el Estado actual y sustituirlo por un Estado socialista y comunitario?

Esta reflexión es la que me lleva a pensar que por la vía formal del CNU se
aprueben programas de Universidades y Centros de Estudios orientados a
cambiar la estructura política de la República; a crear una nueva sociedad
sentada sobre las bases del socialismo; propiciar el cambio en las
relaciones de producción; estimular la ruptura con la intelectualidad
tradicional y suplirla con el talento creador del pueblo. Falsas
expectativas de realización revolucionaria se asumen si le seguimos dando
validez a esta entidad para que cobren legitimidad y reconocimiento los
estudios generadores de nuevos conocimientos que establezcan inéditos
paradigmas para interpretar al mundo y la sociedad de hoy.

Por estas razones considero que si las nuevas autoridades de FEVP
suspendieron las Especializaciones alegando que esos programas no han sido
aprobados por el CNU, me pregunto, si las expectativas de estas autoridades
está vinculada congruentemente con la meta de la Escuela; la cual, tengo
entendido, es la formación del nuevo servidor público para cambiar la
estructura del Estado. De ser así, entonces no hay conciencia
revolucionaria. No han desarrollado el sentido del momento socialista de hoy
que busca construir una nueva institucionalidad. Estimo que los programas
de cambio estructural que promueve el pensamiento fundamentado en la nueva
producción intelectual dirigida a romper los paradigmas del academicismo
tecnocrático y quiebra de la dependencia elitista con el pensamiento europeo
para colocar en primera instancia lo culturalmente autóctono y de producción
propia; digo, esos programas van a ser descalificados por quienes
conceptualmente son contrarrevolucionarios.

Si el equipo que administra ahora la FEVP si tiene conciencia revolucionaria
y está en la oda de contribuir con la capacitación del revolucionario que va
a atender la administración pública bajo los parámetros de una nueva
institucionalidad socialista, entonces debe proceder a reabrir de inmediato
las especializaciones. Asumir el reto de educar para la revolución y no para
la reforma. La revolución es cambio de paradigma y sembrar las semillas que
engendren la nueva sociedad. Reforma, por el contrario, es seguir el ritmo
que impone mantener la estructura capitalista sostenida por la cultura de la
alienación. Cultura que estimula una intelectualidad cuya esencia de
pensamiento calza en el marco que definí anteriormente.

El CNU es una entidad de la IV República que debe ser transformada
radicalmente y sustituida por otra identificada plenamente con la Revolución
Bolivariana. Quienes sigan creyendo en el CNU como el otorgante de la
legitimidad de los estudios que demanda la Revolución para la nueva fase que
se ha iniciado con la Enmienda y se plegan a su excluyente decisión, debemos
reconocer que esos individuos no son revolucionarios.

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