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Sarkozy y sus fantasmas

El ascenso del Frente Nacional en Francia y el rechazo de los franceses a los socialistas en el poder ha provocado reacciones tanto en el centro político como en una derecha fragmentada que hace rato perdió también el pulso de los franceses. En los últimos años, tanto la derecha como la izquierda han desarrollado sus agendas alejadas del sentir popular, lo que ha conducido a que el ciudadano común se encuentre desencantado de los políticos.

Nicolás Sarkozy, aprovechando la debilidad y el vacío que ha producido el gobierno de Hollande, ha anunciado el pasado domingo su regreso a la arena política, lanzamiento que algunos consideran negativo y otros providencial. La empresa Odoxa realizó un sondeo de la intervención de Sarkozy en el canal France 2, el domingo 22, donde el expresidente se mostró con un aire renovado y como el hombre providencial tanto para la militancia desorientada de su partido, el UMP, como para los 15 millones de franceses que, según las mediciones de rating, observaron el programa de televisión, atentos a su relanzamiento, a las primarias del UMP que se celebrarán en noviembre y, evidentemente, a las presidenciales de 2017.

Los resultados arrojan que 74% de los franceses no creen en su honestidad y 48% no se sienten convocados a favor de su candidatura. Sin embargo, no todo está perdido, pues 73% de los militantes de su partido están de acuerdo con que se coloque a la cabeza del UMP, sin rumbo después de los escándalos de corrupción que han socavado sus bases. Esa es la estrategia de Sarkozy, hacerse de nuevo con el partido al que incluso le quiere cambiar el nombre, para luego entrar en la competencia presidencial. Tendrá que lidiar primero con Alain Juppé y François Fillon, quienes competirán en las primarias del UMP.

Sarkozy apuesta por que muchos de los socialistas desencantados, así como militantes de centro y centro-derecha vean en su liderazgo una opción clara y contundente ante el cataclismo que representa Marine Le Pen, quien ha aglutinado alrededor del Frente Nacional no solo a la extrema derecha, sino a una parte de la derecha, contando además con una inmensa base popular en las zonas rurales, de franceses orgullosos de sus valores tradicionales que hoy los perciben amenazados.

Dominique de Villepin, político que se mantiene en la reserva de los futuros presidenciables, es el primero que ha reaccionado, anunciando su apoyo a Sarkozy, lo mismo han hecho intelectuales de la talla de Bernard Henry Levi, argumentando que es el único que podría hacerle frente a la ultraderecha y a la debacle que eso significaría no solo para Francia sino para toda Europa, ya que una de las banderas del Frente Nacional es el retiro de Francia de la Unión Europea y el cierre de sus fronteras.

Gaël Sliman, presidente de Odoxa, habla de cierta esquizofrenia en relación con las percepciones de la audiencia, pues si bien juzgan severamente la credibilidad de Sarkozy, reconocen sus cualidades como persona dinámica (83%), valiente (68%) y capaz (53%). Todo lo contrario de lo que perciben del presidente Hollande, lo que el astuto político ha aprovechado. Sin embargo, Sarkozy carga en su equipaje una imagen desprestigiada. Son varias las investigaciones y procesos que, cual fantasmas, lo persiguen y que entraban su empeño de retornar a la política en Francia. Los más relevantes son el caso Bygmalión, sobre la sobrefacturación de 11 millones de euros durante su campaña. El caso Tapie, relacionado con el tráfico de influencias para favorecer un arbitraje multimillonario a favor del empresario. Otro caso vergonzoso tiene que ver con la presunta financiación de su campaña presidencial en 2007, nada menos que por el dictador Gadafi. Un documento revelado por Mediapart en abril de 2012 sostiene que Gadafi le entregó 50 millones de euros. El favoritismo de contratos millonarios a su amigo Patrick Buisson es otro de los casos. El caso Karachi es una investigación abierta sobre la financiación de la campaña presidencial de Edouard Balladur en 1995, sospechoso de haber recibido comisiones ilegales en la venta de fragatas a Taiwán. Nicolas Sarkozy era ministro de Presupuesto cuando Balladur fue primer ministro. La más reciente de las investigaciones, por la que estuvo bajo detención provisional para interrogatorios, es la de su intervención en unas conversaciones que fueron grabadas y que delatan el tráfico de influencias con un juez de la Corte de Casación. En ninguno de estos casos el expresidente ha sido acusado formalmente. Es probable que suceda si en el futuro las encuestas pudieran favorecerlo. En todas partes se cuecen habas.

Hay una gran masa que no se identifica ni con la izquierda ni con la derecha, que padece una profunda desconfianza en los políticos, que se encuentra a la espera de respuestas concretas a sus demandas, preocupaciones e incertidumbres. Henry Kissinger define los requisitos del liderazgo político: “El deber del estadista es tender un puente entre la experiencia de su nación y su propia visión”. La compleja realidad del presente, así como las amenazas internas y externas que padece este país, demanda un liderazgo y una visión política de gran magnitud que logre reunir de nuevo a los franceses en un proyecto común. ¿Quién capitalizará el descontento? Los fantasmas de la indignación, la abstención y del extremismo de derecha están convergiendo en forma acelerada en Francia.

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