Opinión Nacional

Que se eliminen los cogollos

La Revolución no es un Proceso para mantener la estructura de la democracia
representativa. El sistema político de la IV República, al que a lo sumo se
podría aceptar como reformista, engendró los cogollos de mando y nunca le
dio participación al colectivo. La Revolución, por el contrario, sí es
cambio de estructura. Es decir, la eliminación de los cogollos y su
sustitución por unidades orgánicas de la comunidad creadas para ejercer la
participación directa del pueblo. Sin embargo, los reductos del sistema
anterior siguen vivos. La burocracia del Estado, el modo de gestión de mando
y organización de los partidos políticos, la pasividad de amplios sectores
que no terminan de comprender lo que es la transformación de las relaciones
sociales y la alienación cultural, germen de la plusvalía ideológica, son
elementos que están presente todavía generando contradicción aguda con la
Revolución.

El Proceso iniciado en 1999 se encuentra hoy en día, año 2006, ante una
nueva coyuntura que presenta dos dimensiones: (i) la reelección del
Presidente Chávez y (ii) la exigencia de ascender a un nuevo estadio del
Proceso. Esta coyuntura nos lleva a un cruce de caminos. Por un lado, seguir
en la latencia de la reforma y así demorar el cambio de estructura –lo que
afectaría acercarnos a los 10 millones de votos— o, por el otro lado,
adentrarnos a profundizar nuestros niveles de conciencia para asimilar las
concepciones revolucionarias de los cambios estructurales (ganar afectos y
aproximarnos casi a la cifra del reto).

El cambio de estructura tiene que venir acompañado de una base teórica que
le de sustento ideológico. En este sentido comienza a tomar cuerpo,
concebido básicamente por Hugo Chávez, el Socialismo del Siglo XXI.

Sistematización de principios al que defino como: “Sistema político,
económico y social de fundamentación humanista (espiritualidad), basado en
el Bien Común (amor al prójimo y buena voluntad), la producción social y la
participación directa del colectivo, para la toma de decisiones que
involucre al destino y la prosperidad de la Nación”.

Este concepto nos ubica exactamente en el punto de inflexión social para
saber que sin conciencia: (i) no puede progresar el proceso revolucionario,
(ii) se corre el riesgo de no alcanzar los 10 millones de votos, y (iii) se
anula la producción intelectual. Sin conciencia no habrá teoría que le de
trascendencia universal al nuevo sistema político que lucha por
consolidarse.

Cuando en este concepto hablamos de fundamentación humanista, señalando a la
espiritualidad del ser sustentada en el Bien Común, se requiere amplios
niveles de comprensión para asumir su significado. A diferencia del
pragmatismo, rasgo característico de la reforma, la espiritualidad demanda
la humildad que determine en el individuo su ejecutoria política. Dudo que
exista en los cogollos algo de humildad. Por eso la coyuntura de ahora es
cruce de caminos. O se toma la vía revolucionaria definitivamente y nos
involucramos de frente con su esencia espiritual, o seguimos en la inercia
de la manutención estructural que implica exclusión del pueblo y usufructo
de los cogollos.

Es cruce de caminos porque al hablar de participación directa no podemos
sostener la hipócrita postura de decirnos revolucionarios pero esquivamos
transferir las decisiones al pueblo organizado. Es también cruce de caminos
porque la avaricia, la mentira, el clientelismo y hasta la corrupción no
pueden continuar siendo los factores determinantes que niegan las posiciones
socialistas y excluyen a los revolucionarios.

Así interpreto al escenario político de hoy con sus coyunturas en evolución.

Por eso lo expreso en palabras e ideas para contribuir a aclarar a los
confundidos y a los seres de buena voluntad que desconocen el juego de los
reformistas. Creo también entender las molestias del Presidente y los
reclamos con arrechera que manifiestan las comunidades y organizaciones
populares por no ser atendidas. Esto también es un componente de la
coyuntura y, por lo tanto, cruce de caminos.

En consecuencia, para tomar la vía correcta en este cruce de caminos y
aniquilar a la reforma, hay que exigirle a todo el universo revolucionario,
principalmente a las direcciones de los partidos políticos, que asuman el
Proceso como es. El camino de la coyuntura es que manden las bases y no más
los cogollos.

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