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Con una mano alante y otra atrás

El título es una expresión popular, imagino que en todo el país, en tiempos de la anterior ruina, legado de 100 años de guerra civil o incivil, así calificada por Manuel Caballero, concluida el 21 de julio de 1903 cuando la Revolución Libertadora fue derrotada en Ciudad Bolívar por Ejército Nacional, comandado por el general Juan Vicente Gómez. Tiempos en los cuales quienes fueron prósperos hacendados y comerciantes quedaron arruinados y las familias, más encopetadas, exhibían vestimenta raída, calzado desgastado y cuerpos  enflaquecidos, delatores de la precariedad económica.

Es al comienzo de la proscripción de la guerra cuando en el país da los primeros pasos hacia la institucionalidad. Porque aun cuando  Cipriano Castro como Juan Vicente Gómez fueron sanguinarios e insignes depredadores del tesoro públicos,  el primero defendió “el sagrado suelo de la patria” con todo y la rimbombante proclama, cuando potencias europeas quisieron repartirse el territorio, y el segundo, encerrado en atronadora mudez escuchada hasta en los confines de la patria, canceló la deuda externa que, en buena medida, equivalió a la defensa de  “el sagrado suelo de la patria”.

Claro está que la firmeza frente a países poderosos y la decisión administrativa de pagar deuda vieja sin regateo no rescataron a la nación de la miseria, pero fue un primerísimo intento de  alisar el pedregoso camino que a partir de 1936 fue carretera terrosa y desde 1945 comenzó a ser autopista, hasta que en 1990 la autocracia socialcomunista del siglo XXI, emprendió la demolición de todo lo construido en un siglo, retrotrayendo al venezolano a los  tiempos oscuros de “una mano alante y otra atrás”.

Tanto es así que, inconformes con los daños materiales y morales ocasionados al país con la confiscación de fundos agropecuarios, plantas industriales, establecimientos comerciales; con el cierre técnico del emporio industrial ferrominero y la más que deficitaria operatividad de Petróleos de Venezuela que de producir 3 millones de barriles diarios en 1998, el flujo se redujo a menos de 500 mil y en algún pico a 700 mil en lo que va de 2021. Lo cual demuestra fehacientemente que no se trata sólo de incompetencia por ignorancia supina de los asuntos administrativos (aunque también) sino a la apropiación indebida (robo) de los dineros públicos. Porque empresas de esa naturaleza y magnitudes pueden soportar pérdidas por mala administración, mas no el saqueo sistemático al que ha sido sometido, por más de 20 años, el parque industrial de la nación.

De allí la decisión de vender la todo, petróleo y oro a chinos, rusos, turcos y Al Qaeda ocultada en alguna empresa de maletín, para amortizar deudas contraídas por la la importación de alimentos, medicinas y combustibles. Situación inimaginable en un país de los más importantes productores de petróleo. Pero aún quedan activos por “quemar” y sin formalidades legales, porque son ladrones, vendieron la mayoría accionaria de la refinería en República Dominicana, con pérdida de 43 millones de dólares, sin contabilizar la comisión cobrada por los jerarcas del socialcomunismo.  

Eso es cuanto ha ocurrido. Y Venezuela vagabundea por el mundo “con una mano alante y otra atrás”.

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