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El Salvador en expectativa ante el poder absoluto alcanzado por Nayib Bukele

El Salvador ha sido en las últimas décadas uno de los países más controvertidos de la región, tanto por la violencia que caracterizaron sus luchas revolucionarias, como por los enfrentamientos políticos que marcan su historia. En la actualidad, su situación cobra gran relevancia, al contar con un presidente, Nayib Bukele, que obtuvo el poder absoluto con el control mayoritario de la Asamblea Legislativa. Las expectativas son altas y la tensión también.

La historia reciente de El Salvador ha estado marcada por la lucha de clases, guerras civiles, enfrentamientos armados, revoluciones, violencia y ahora con la aparición de un fenómeno electoral que parece romper con el esquema político predominante hasta hace poco: el bipartidismo. Se trata del presidente Nayib Bukele, quien ahora alcanza el poder absoluto con el triunfo y poder sobre dos terceras partes de la Asamblea Legislativa.

El pasado 28 de febrero se celebraron en El Salvador las elecciones municipales y parlamentarias para la Asamblea Legislativa, en la que 2.707.794 de votantes (el 50,25% del padrón electoral) eligieron a los 84 diputados que integran el ente legislativo nacional. 

En esta contienda electoral, el partido Nuevas Ideas, del presidente Bukele, obtuvo 56 escaños (66.46%), lo cual le da a esta organización la mayoría cualificada para legislar.

Los asambleístas tomarán posiciones de sus escaños el próximo 1 de mayo, para cumplir con un periodo de tres años, tiempo suficiente en el que podrán hacer muchas reformas sin inconvenientes, ni una oposición importante que pueda echar para atrás lo que decida esta mayoría cualificada.

¿Qué cambia?

Los resultados obtenidos y la avasallante victoria lograda por el equipo de Bukele son inéditos en la historia del país, que desde que se instauró la democracia en 1992, había tenido asambleas legislativas controladas de manera casi pareja por los dos partidos dominantes, el derechista Arena y el izquierdista FMLN, que mantenían cierto equilibrio con tiras y aflojas permanentes, y negociaciones casi obligadas.

La política del país cambia radicalmente con estos resultados, por cuanto ahora el presidente Nayib Bukele tiene, en teoría, pleno control sobre la Asamblea Legislativa y sobre las decisiones que se deben asumir en cuanto a diversos aspectos importantes que incidirán en la toma de decisiones del gobierno.

Por ejemplo, una vez instalados los recién electos diputados, decisiones como las designaciones del Fiscal General, el Procurador General de los Derechos Humanos, un tercio de los jueces del Tribunal de la Corte Suprema y hasta el nombramiento de las autoridades de la Contraloría de Cuentas, no tendrían que ser negociadas con ningún partido, todo quedaría a la libre elección de Nuevas Ideas y de lo que designe Bukele.

También podrá aprobar presupuestos y leyes, que podrá elaborar a medida, con el apoyo de sus diputados aliados y sin una oposición. Esta situación preocupa a muchos, toda vez que con una Asamblea Legislativa a total favor del presidente, con decisiones que no pueden ser debatidas al contar con una mayoría cualificada de dos terceras partes, y con una nueva dirección de gobierno que aún se desconoce, todo podría cambiar para los salvadoreños.

Experiencias registradas en otras épocas y otros países, y hasta en el propio El Salvador con la dictadura, han demostrado que todo el poder concentrado en un solo hombre puede llegar a ser contraproducente. Por ello se acrecienta el temor ante lo que pueda suceder, y más con Bukele, que ha demostrado ser un gobernante irreverente que va en contra de todo lo instituido.

Mayoría contundente

No obstante, para otros que respaldan al presidente desde que asumió el poder, en contra del bipartidismo reinante de 30 años, de Arena y del FMLN, y con el favor de un pueblo cansado de décadas de corrupción e inoperancia, ahora es cuando empiezan cambios positivos para el país, que se augura estarán marcados por el progreso y el desarrollo.

El apoyo del electorado fue contundente y habló en las elecciones parlamentarias del pasado 28 de febrero, con un amplio respaldo a la inusual manera de gobernar del presidente Bukele, quien en su andadura suma, tanto odio como respaldo, en un juego político que apenas comienza. “Amanecerá y veremos”, dice un popular refrán, que mejor no puede adaptarse a la actual situación política de El Salvador.

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