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La cumbre del G-20 arranca en busca de un consenso que permita atajar la crisis económica

Los representantes de los países miembros del G-20, más España y Holanda, ya han llegado al Museo Nacional de la Construcción de Washington (EE UU) para iniciar la primera sesión plenaria de la cumbre extraordinaria del G-20. Los participantes debaten en estos momentos las diferentes propuestas para reformar la arquitectura financiera mundial, aunque sin mucho más consenso que la determinación para salir de la crisis. Los participantes en la cumbre asistieron anoche a la una cena organizada por Bush en la Casa Blanca, en la que el presidente estadounidense alertó de que la crisis financiera que azota a las economías de todos los continentes «no se resolverá en un día».

os líderes del G-20 planean pasar de puntillas sobre las discrepancias entre EEUU y Europa para fortalecer la regulación de los mercados, y podrían marcar de plazo hasta el 31 de marzo para que cada país adopte sus medidas internas, según un primer borrador en mano de las delegaciones. También se especula entre los pasillos de la cumbre que para esa fecha los gobiernos tendrán una lista detallada de las entidades con mayores dificultades. Por su parte, el ministro de Exteriores de Brasil, ha asegurado que esta declaración incluirá un calendario para desatascar la Ronda de Doha, con «conversaciones antes de fin de año».

Estados Unidos y Europa llegan a esta primera Cumbre de los Mercados Financieros dispuestos a sentar las bases que guíen las futuras reformas financieras y frenar futuras turbulencias, pero con distintas sugerencias para conseguirlo. El Gobierno de George W. Bush quiere preservar el espíritu de libre mercado y evitar una excesiva intervención del Estado, pese a que en las últimas semanas ha roto sus propias creencias al nacionalizar gigantes financieros como AIG y volcar en el sistema cientos de millones de dólares para reactivar la economía. La Unión Europea, por el contrario, busca que de estas reuniones salga un compromiso para que los distintos gobiernos ejerzan un mayor control sobre sus sistemas financieros, la única manera posible de evitar los excesos que han llevado al actual desastre económico.

Pese a las diferencias que les separan, todos los Gobiernos representados en la cumbre, los de los países industrializados y los de las economías emergentes, planean incrementar el gasto público para salir de la crisis. Lo más complicado será alcanzar un consenso para reformar las reglas de los mercados financieros internacionales, algo que no se espera que salga de la reunión de hoy.

Sentar nuevas bases

Todos los analistas coinciden en que habrá que esperar a la próxima cumbre, que se celebrará a finales de febrero o principios de marzo, cuando el presidente electo de EEUU, el demócrata Barack Obama, haya tomado ya posesión del cargo. Por su parte, el presidente electo de Estados Unidos ha instado este sábado al Congreso estadounidense a aprobar, con la mayor celeridad posible, «al menos un avance» del plan de rescate previsto para solventar los efectos de la crisis financiera.

Los jefes de Estado que se reunidos en el Museo Nacional de la Construcción se esforzarán, no obstante, para dar un mensaje de optimismo al mundo, presionados por el deterioro que se está produciendo en las economías de los cinco continentes. Además de sentar las bases del nuevo edificio financiero internacional, discutirán las medidas que se deben tomar a corto plazo para reactivar las economías. Reino Unido, Alemania y China ya han anunciado medidas de estímulo fiscal.

Una de las propuestas que ha calado entre los Gobiernos del G-20 es la de crear una red de agencias de supervisión que puedan controlar a los gigantes bancarios que actúan en todos los puntos del planeta. El Gobierno de Bush apoya esta propuesta, que fue formulada por el Gobierno británico. Es un proyecto mucho más modesto que el establecimiento de una agencia única de regulación internacional adelantada por Francia y a la que se oponía Estados Unidos.

Uno de los resultados tangibles de la cumbre probablemente será un aumento de las contribuciones al Fondo Monetario Internacional (FMI), para que cuente con una mayor capacidad de maniobra a la hora de apagar los fuegos iniciales de la crisis. El organismo cuenta con 200.000 millones de dólares y puede obtener fácilmente otros 50.000 millones, pero si un país grande como Polonia o Turquía se viera en problemas, sus reservas se evaporarían.

El presidente estadounidense también adelantó esta semana que otro de los resultados de la cumbre podría ser el compromiso para elaborar unas normas estándar de contabilidad financiera y crear reglas comunes para los productos derivados financieros más sofisticados.

Salgan o no adelante estas propuestas, en lo que sí coinciden todos los mandatarios de los países del G-20, que agrupan al 85% de la economía mundial, es en la necesidad de volverse a reunir en el futuro.

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