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Sólo Pdvsa saca divisas de Venezuela sin justificación

Ni un solo billete de los que rebasaban la famosa valija que tanto incomoda a los gobiernos de la Argentina y de Venezuela pertenecía a Guido Alejandro Antonini Wilson, el multiempresario que se hizo cargo de los dólares al ser descubierto en el aeroparque de Buenos Aires.

Antonini no llenó nunca el formulario de pedido de divisas ante el organismo encargado de vigilar el estricto control de cambio que rige en la Venezuela de Hugo Chávez. Así lo confirmó el presidente de la Comisión de Administración de Divisas (Cadivi), Manuel Barroso.

Ese trámite hay que cumplirlo, al menos para no violar la ley, incluso si se necesita conseguir un puñado de dólares para salir de vacaciones.

Y si no es Antonini, sobre el que ahora pesa un pedido de captura internacional, ¿quién es el dueño de los 790.550 dólares no declarados que viajaron de Caracas a Buenos Aires a bordo de un avión contratado por el Estado argentino? Banqueros, economistas, analistas y políticos opositores apuntan en una dirección: la petrolera estatal Pdvsa.

“Es difícil dudar. Pdvsa es el único ente exceptuado del control de cambio y está autorizada a mover divisas sin justificación», dijo a LA NACION José Guerra, un ex gerente de investigaciones del Banco Central de Venezuela (BCV).

La petrolera quedó atada al escándalo desde el principio. Tres funcionarios de Pdvsa viajaban con la comitiva argentina en el vuelo privado en el que llegó el dinero. También iba el hijo adolescente de Diego Uzcátegui Matheus, que era, hasta hace dos días, el encargado de la filial argentina de la compañía.

Los datos documentados en los últimos días aumentaron las sospechas sobre la empresa que mueve la economía venezolana, con ingresos corrientes de 70.000 millones de dólares al año.

«Pdvsa se ha convertido en una caja fuerte de Chávez, sin control», opinó Carlos Raúl Hernández, sociólogo de la Universidad Central de Venezuela.

La ley de control de cambio de enero del 2003 abarca todas las transacciones (remesas de capital, transferencias, comercio exterior). Cualquier particular o empresa que quiera dólares debe registrarse en el Cadivi y justificar su necesidad. Para una persona física el límite de retiro es de 600 dólares al año, más un cupo de 5000 en tarjetas de crédito y otro menor para Internet.

¿Quién puede acceder a 800.000 dólares en billetes? Dentro de la ley, sólo Pdvsa tiene ese privilegio, tras una reforma de 2005. La empresa tiene una cuenta para gastos corrientes y otra desde la que puede disponer de las divisas que considere necesarias sin rendirlas al Banco Central.

«Pdvsa es un agujero negro, del que el maletín es sólo una muestra menor», señaló el opositor Julio Borges (Primero Justicia). Es una opinión coincidente en las tertulias antichavistas que ocupan horas y horas en el canal Globovisión. Para el antichavismo, el caso significa una puerta que se abre para investigar la corrupción que, según ellos, abunda en el gobierno bolivariano.

«Gracias a Dios, el caso se conoció en la Argentina», dijo el conservador Antonio Ledesma, líder de la Alianza Bravo Pueblo, uno de los infinitos fragmentos de la oposición a Chávez.

Las noticias que llegan de Buenos Aires se esperan con avidez en esos círculos. Ayer, la más comentada era la revelada por LA NACION acerca del privilegio que tenían en Buenos Aires los vuelos de Pdvsa, ya que podían aterrizar en el sector militar del Aeroparque, donde no hay máquinas de rayos X para controlar el equipaje.

El vuelo del escándalo no paró allí por cuestiones logísticas y terminó sometido a revisiones. Fue hace 15 días, de madrugada. El resto es historia: Antonini fue obligado a dejar los dólares; dos días después salió del país; al siguiente, se conoció el caso y horas después el presidente Néstor Kirchner echó a Claudio Uberti, el funcionario a cargo de la comitiva.

Las reacciones en el gobierno de Chávez fueron cambiantes. «No podemos hacernos cargo. El dinero es de un empresario», había dicho la semana que pasó Rodrigo Cabezas, el ministro de Finanzas. Ayer un subalterno, el jefe de la Cadivi, tuvo que reconocer que, al menos dentro del marco legal, el dinero no es de Antonini: «Ya hicimos una valoración; esa persona no tiene solicitud de divisas. Habría que esperar si se identifica alguna empresa».

Antonini había hecho saber que el dinero era de él, que provenía de negocios lícitos y que era para una operación inmobiliaria. Se fue de la Argentina sin reclamarlo.

«Aquí, cualquier escándalo de corrupción representa miles de maletines -indicó a LA NACION el presidente del Banco Venezolano de Crédito, Oscar García-. Pero este caso abre al menos la posibilidad de que se conozca algo más desde el exterior.»

¿Para qué podía ser el dinero? «Este gobierno ha financiado decenas de campañas políticas en el continente», sugirió García.

El gobierno defiende a Pdvsa en los medios y en la calle. «Es un montaje de la derecha internacional», dijo el ministro de Energía y número uno de Pdvsa, Rafael Ramírez. LA NACION pidió entrevistarlo, pero rechazó la invitación.

La valija apareció en medio de una ola de denuncias menos palpables sobre supuesta corrupción en la industria petrolera local. La más reciente la radicó la semana pasada en la Justicia y en la Asamblea Nacional el sacerdote José Palmar, que se proclama chavista, y que al entregar un paquete de legajos dijo: «Y no digo todo lo que sé, por si no se cae el gobierno».

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