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Registros de temperatura evidencian que Caracas son dos ciudades

En Caracas hay dos ciudades.

Eso indican los mapas levantados por Karenia Córdova, investigadora del Instituto de Geografía y Desarrollo Regional de la Universidad Central de Venezuela, que recogen los datos obtenidos mediante sensores térmicos.

En el oeste y en el sur, los cerros donde están asentados los barrios de Antímano y El Valle están manchados por un abrasador rojo. Allí, donde la densidad de la población es mayor y la vegetación es escasa, las temperaturas en período seco alcanzan los 34 grados centígrados. En el este, más verde y menos poblado, ocurre lo contrario.

El mapa marca dos excepciones. El sector que registra la mayor temperatura superficial de toda la ciudad es La Carlota; la base aérea es un hervidero.

En Galipán, el pequeño pueblo de montaña inserto en el pulmón vegetal de la ciudad, las temperaturas altas también destacan.

El este de la ciudad, desde el Country Club hasta Petare, es más fresco. Donde la Autopista Francisco Fajardo se ensancha, aumenta el calor. Lo mismo pasa en las avenidas Bolívar y Baralt, por las que transita el mayor número de rutas de transporte público. En el Cementerio del Este, los movimientos de tierra para nuevos urbanismos, que han dejado el suelo desnudo, y la escasa humedad de la grama que cubre el camposanto también hacen que se concentre el calor.

En Caracas sólo existen tres estaciones de medición de temperaturas: en el Observatorio Cagigal, en la base aérea de La Carlota y en la Ciudad Universitaria. El mapeo térmico, sin embargo, permite conocer las variaciones que ocurren de un sitio a otro. El análisis de esos datos explica el porqué ocurren los cambios.

«La modificación de la capa vegetal y su sustitución por asfalto, concreto, zinc o una superficie impermeable incide directamente en el aumento de las temperaturas y en la generación de un efecto de isla térmica. El oeste está convertido en una zona roja. Y en el este, donde hay baja densidad constructiva y más vegetación, las temperaturas bajan. En las barriadas, los techos se calientan más porque son de zinc o de concreto, que absorben más calor», afirma Córdova.

Para la investigación se utilizaron los mapas térmicos e imágenes de satélite de la base de datos del Servicio Geológico de Estados Unidos, correspondientes a marzo de 2001 y de 2003, considerado el mes pico de calor. Al hacer correcciones geométricas sobre el plano, se mejoró la resolución y se logró superponer las manchas de calor sobre la trama de la ciudad.

El año 2003, explica la investigadora, registró una situación climática similar a la actual: la influencia del fenómeno El Niño en la prolongación de la sequía, el aumento de la radiación solar, el incremento de los incendios forestales y la disminución de los niveles de los embalses de Camatagua, que abastece de agua la ciudad, y Gurí, que da energía eléctrica a 70% del país.

En los dos años de estudio se observa cómo la temperatura subió hasta cuatro grados centígrados en algunos sectores. Córdova agrega que la tendencia es al alza.

Techos y urbanismo verdes

Las propiedades de los materiales que se usan para techar calientan o enfrían las edificaciones. Los de teja roja contribuyen al incremento del calor, así como los de zinc y de concreto. Las torres con fachadas de vidrio reflejan el calor hacia el suelo y aumentan la temperatura en sus adyacencias.

En Estados Unidos, señala Córdova, se desarrollan actualmente los llamados «techos verdes» cuyas técnicas permiten instalar un jardín en el tope de las edificaciones. También se usan superficies reflectantes no metálicas para evitar la absorción del calor.

Para la especialista, es urgente replantearse el urbanismo en las ciudades: «Los corredores vegetales son importantes reguladores de las temperaturas. Es necesario respetar el espacio entre las edificaciones y diseñar cuadras amplias y arborizadas».

Una hipótesis que se planteó antes de la investigación se basaba en que el centro de Caracas sería uno de los lugares más calientes. Los mapas echaron abajo su idea. Las corrientes de aire del Ávila funcionan como ventilador del casco viejo. Sin embargo, el tipo de urbanismo de la vieja capital también influye. El patrón de temperaturas confortables, entre 24 y 27 grados centígrados, se repitió en los cascos históricos de Maracaibo y Mérida.

Las islas de calor son fenómenos de carácter local y suponen la degradación ambiental de las urbes. De acuerdo con la investigadora, no se podría afirmar todavía que el aumento de las temperaturas de las ciudades incide en el calentamiento del planeta.

«Se sabe que la reducción de la capa vegetal tiende a modificar el clima local, pero no se ha medido la contribución efectiva de las ciudades al calentamiento global. No obstante, no se puede olvidar que la atmósfera del planeta es un cuerpo continuo», subrayó.

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