Economía

«Bachaquero urbano» ¿necesario para corregir fallas de abastecimiento?

Las largas colas a las puertas de los supermercados, mercados, abastos y bodegas, evidencian la escasez de los alimentos. Lo que llega a los estantes, no alcanza para todos.

Los productores nacionales estiman que el promedio de escasez de alimentos se ubica en 60%. La escasez de la harina precocida es del 89%, del aceite de maíz es de 95%, de la leche en polvo es de 99%, del café del 94% y de la carnes de 64%, solo para citar unos pocos productos de la dieta básica de los venezolanos.

Como no da para todos, la actual coyuntura económica ha generado alternativas de abastecimiento, fuera de los locales de expendios de alimentos, con la extensión del llamado “bachaqueo”.

 

Ante la escasez, el racionamiento

Esta permanente escasez de los principales alimentos de la cesta básica, ha llevado al Gobierno a establecer sistemas de racionamiento y restricciones.

Descartado el conocido método de la carta de racionamiento, que tiene como referencia más cercana el caso cubano, en Venezuela comenzó a aplicarse hace un par de años un sistema electrónica de “chip”, captahuellas y días de turno, de acuerdo al terminal de la cédula de identidad, en la zona fronteriza con Colombia –estados Táchira y Zulia.

Estos controles restrictivos operan con poca eficacia para la venta de alimentos regulados y también la gasolina, que en terreno colombiano, se venden a precios del mercado internacional. El diferencial es tan elevado, que la posibilidad de una ganancia respetable impulsa cada día lo que se denomina legalmente el “contrabando de extracción”.

El diferencial de precio evidencia en primer lugar la sobrevaloración del bolívar frente al dólar (6,30 Bs. x dólar), al cual se calcula el precio de venta del producto que generalmente se importa, porque no se produce en cantidad suficiente en el país. En segundo lugar, se debe también a un estricto control de precios que subsidia los productos de consumo básico, las más de las veces por debajo de los costos de producción.

Al existir ese gran margen en los precios, entre uno y otro lado de la frontera, y en un momento de una elevada tasa de desempleo, la población de los estados fronterizos se ha visto tentada a incursionar en el comercio “internacional”, como medio de ganarse el sustento diario. A este comercio se ha denominado el “bachaqueo”, tal vez en alusión a los bachacos que transportan migajas a ras de la tierra.

En la medida, que se fue agravando la crisis de abastecimiento – ya como consecuencia de otros factores, como las caídas simultáneas de la producción y la importación- este fenómeno del bachaqueo se fue extendiendo a las zonas urbanas alejadas de las fronteras.

El bachaquero de la frontera, es un contrabandista de extracción. En tanto el bachaquero de las ciudades, es un simple buhonero que compra para vender a un precio mayor.

 

Opera la Ley de la oferta y la demanda

Lo que en las zonas fronterizas tuvo su raíz en el diferencial de precios, en las zonas no fronterizas fue consecuencia de lo que se explica por la “ley de la oferta y la demanda”, y por supuesto, con el empuje de la falta de oportunidades de empleo.

Esta simple ley explica que el precio de un producto, será consecuencia de la relación entre los vendedores y los compradores. Básicamente, el precio estará circunscrito a unos límites determinados, por el costo de producir ese producto al mercado, y lo que el comprador está dispuesto a pagar. Si hay una gran cantidad de productos a la venta, se venderá al menor precio posible. Si hay más compradores que ofertantes, ese precio será mayor.

Esta grave crisis, por la doble caída de la producción- importación de alimentos, ha tenido como consecuencia inmediata la escasez de los principales productos. No todos los venezolanos pueden comprar los artículos en el momento que desean o necesitan comprar.

Como además los alimentos regulados tienen precios muy bajos, una gran cantidad de consumidores están dispuestos a pagar más por esos alimentos.

 

La gran oportunidad

Esta situación ha creado una oportunidad, para los venezolanos desempleados, con un empleo “precario” o ingresos insuficientes.

Los bachaqueros urbanos, por su parte, no sienten que estén cometiendo delito alguno. Señalan que deben levantarse de madrugada y hacer largas colas para comprar productos. Preguntan si su tiempo “no vale”. En muchos casos, son personas con historia personal reciente de buhonería, que en Venezuela, se utiliza para señalar a la actividad de los vendedores ambulantes.

Frente a la posición esgrimida por los bachaqueros urbanos, se encuentra la de los consumidores. Los que por cierto tienen el mismo comportamiento, ya sea los pudientes, como los pertenecientes a la masa trabajadora.

El pudiente prefiere pagar, que hacer colas por varias horas. El trabajador, que trabaja de sol a sol, no puede dejar de trabajar para ir a comprar. No pudiendo comprar todo a los buhoneros -sus ingresos no se lo permitirían aunque quisieran- van administrando sus comprar al vendedor ambulante, de acuerdo a sus necesidades más inmediatas. Así una semana compran la leche para los niños, a la semana siguiente compran la harina precocida, etc.

Como ejemplo de esta estrategia de compra, se puede citar lo ocurrido en la parroquia de El Valle en Caracas, cuando la fuerza pública retiró a los buhoneros que vendía productos regulados – a mayor precio- de los alrededores de un popular centro comercial. Por dos días, y para sorpresa de quienes tomaron la decisión represiva, se suscitaron disturbios protagonizados por los consumidores que rechazaban se les eliminara la única opción, de comprar ciertos productos sin hacer colas, así tuvieran que pagar un precio mayor.

 

El actor necesario

El bachaquero urbano, es el actor necesario para corregir una falla en el mercado de los productos de la cesta básica.

Si revisamos las estadísticas de la “fuerza laboral, publicadas por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), encontraríamos la explicación del porque tantas personas están dispuestas a bachaquear.

Desde finales 1989, la llamada economía informal no ha bajado del 40% de la masa laboral. Esto significa que de cada 10 venezolanos en edad de desempeñar un empleo, 4 se dedican al rebusque. Son personas que trabajan por cuenta propia –son cuentapropistas, como les llaman en Cuba- no gozan de las prestaciones legales de los trabajadores formales. No disfrutan de vacaciones pagadas, generalmente no tiene seguros, ni prestaciones, ni utilidades, entre otros beneficios. El día que no trabajan, no generan ningún ingreso.

El listado de ocupaciones informales, es tan larga como el ingenio del desocupado para hacerse de un ingreso: lavadores y cuidadores de carro, “toeros”, servicio doméstico, cargadores, pintores, mecánicos callejeros, buhoneros, etc.

Es así que, con ese eufemismo rimbombante de los burócratas, el sector de estos rebuscadores de la vida, fueron agrupados bajo el elegante título de la economía informal. Además, se les consideran que tiene un trabajo. Para utilizar un paradigma de estos tiempos, fueron dignificados en su minusvalía, por cuanto antes se les consideraba “sub empleados”.

En el caso de los buhoneros, son una figura que existe en Venezuela desde por lo menos el siglo XIX. Referencia de ello son los escritos del costumbrista venezolano Francisco de Sales Pérez. Aunque escrito en 1877, el artículo titulado “Los Buhoneros” aparecería en julio de 1895 publicado en la edición número 85 de El Cojo Ilustrado.

 

La perspectiva económica

Desde un punto de vista económico, la existencia de un elevado número de trabajadores informales –el 40% en el mejor de los casos- evidencia índices críticos del estado de la económica del país.

Al revisar la relación existente entre los trabajadores formales, los informales, los desempleados, los mayores de 65 años y los menores de 15 años (que no trabajan), encontramos que de cada 4 habitantes de Venezuela, solo uno tiene trabajo con todas las de la ley. Los otros tres viven de lo que ese trabajador genera.

En efecto, de los 30 millones 60 mil habitantes, estimados por el INE para el segundo semestre del 2013, solo 7 millones 646 mil tenían trabajo formal. Eso representa el 25,44 %, uno de cada 4.

La primera apertura económica en Cuba, una vez derribado el Muro de Berlín y desaparecidos los subsidios de la desaparecida URSS, fue permitir e incentivar la economía informal. De esta manera el gobierno cubano no debía emplear más personas, ni hacer circular más dinero. De lo que ya ganaba la gente, se pagarían servicios producidos por trabajadores que no tenían trabajo.

 

¿Economía informal a raya?

Por otra parte, desde 1999 y a pesar de los aumentos y caídas de la economía informal, se logró seguir teniendo no menos del 40% en este sector de la economía. Esto, que podría interpretarse como que el Gobierno ha mantenido a raya la informalidad. Por supuesto que eso es relativo. Porque en estos 16 años, el número de venezolanos que se rebuscan el sustento, no solo no bajó, aumentó en casi un millón de informales, al pasar de 4 millones 370 mil personas a 5 millones 201 mil.

 

Una advertencia previa

Las estadísticas relativas a la fuerza laboral, que publica el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) pueden prestarse a malos entendidos. Con la particularidad que, de acuerdo a como se presenten, pueden interpretarse de manera distinta. Lo que no es exclusivo del caso venezolano.

Ya sean las cifras, en términos absolutos o relativos (porcentuales), o hasta la simple denominación de las clasificaciones, pueden inducir al lector a verlas más positivamente de lo que significan en la realidad.

En el caso del título “economía informal”, suena más decente que sub empleo o rebusque. En cuanto a que cifra debemos utilizar para significar la importancia del sector, decir que sigue siendo el 40%, oculta la realidad de que en 16 años no solo no bajó, sino que aumentó en un millón de personas.

 

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