Economía

Coyuntura para un nuevo orden mundial

Las coyunturas son momentos limitados por lapsos del tiempo, para resolver
nudos críticos de una situación conflictiva, antagónica o disfuncional de un
sistema de relaciones. Puede también servir la coyuntura para crear
situaciones que engendren otras nuevas coyunturas. O convertirse en una
contrariedad sin resolución en su tiempo, que fenece en algún momento; bien
sea porque es reemplazada por otra más aguda y profunda, o bien porque
desaparece debido a la evolución dinámica de la historia.

Es el caso de la coyuntura que aparece hoy en día como consecuencia de la
revitalización de la OPEP. A propósito de la Cumbre de Caracas, la OPEP
tiene que cumplir un nuevo rol. La nueva coyuntura que se le presenta a esta
organización del tercer mundo, es determinante para delinear una propuesta
viable en establecer ahora el tan buscado Nuevo Orden Internacional (NOI).

Como coyuntura, que tiene un tiempo hábil, la OPEP puede jugar un rol
protagónico en colocarse al mismo nivel decisorio de los países del primer
mundo. Particularmente sus relaciones con los Estados Unidos tienen que
cambiar. La OPEP no puede seguir sumisa ante el líder del grupo de los 7 y
cabeza del mundo superdesarrollado.

Es imperativo que la OPEP como organización asuma su rol tercermundista y se
comporte como una estructura de poder de los países subdesarrollados. La
OPEP tiene que superar su rol de mercader de petróleo, para convertirse en
un factor de influencia en la geopolítica mundial. El comercio ha sido su
objetivo en todos estos años. Ahora, la nueva coyuntura por su remozamiento,
si los líderes de los países miembros la saben interpretar y si existe
suficiente conciencia en ellos de la división mundial entre ricos y pobres,
lo que en su época de vigencia se entendió como la lucha de clases, la OPEP
está en capacidad de oponerse a las tácticas imperialistas de dividir a las
naciones subdesarrolladas. Puede inclusive llegar a imponer no solamente
precios estables y justos, sino también la recuperación del concepto de
soberanía nacional y redimensionar la preponderancia del Estado-Nación en
las relaciones internacionales. Eso sería el inicio del Nuevo Orden
Internacional, definido principalmente por el tercer mundo.

La coyuntura actual hay que resolverla revirtiendo las decisiones de los
centros de poder mundial de ajustar el sistema internacional en función de
sus objetivos particulares. Allí es donde tiene que jugársela la OPEP.

Buscar que el impacto de las nuevas estrategias productivas de las
transnacionales que hasta ahora conducen a un mayor nivel de fragmentación
de las economías nacionales, no afecten la aplicación de las políticas
económicas del tercer mundo.

El NOI tiene que romper el monopolio ejercido por las megacorporaciones
mundiales en lo relativo a la investigación y desarrollo en tecnologías de
punta, para su aplicación en el diseño, producción y comercialización de
nuevos productos. Tiene también que re-jerarquizar los problemas globales de
la humanidad ya que, el desarrollo mundial está pasando a un segundo plano,
mientras que los del medio ambiente, los derechos humanos, el narcotráfico y
las guerras regionales ganan importancia. No es que hay que dejarlos de
atender. Ellos son parte de la complejidad del mundo actual. Pero, para el
mundo subdesarrollado, el hambre, la marginalidad, la salud, la injusticia,
las necesidades elementales de subsistencia son prioritarios.

El NOI tiene que definir, a un mismo nivel de equidad global, el
establecimiento de las nuevas estrategias de comercialización de las
megacorporaciones con vistas a enfrentar los nuevos estándares de la
competencia a nivel mundial. Y tiene también que paralizar el proceso
progresivo de transferencia internacional de las presiones inflacionarias
hacia los países subdesarrollados.

A la OPEP se le presenta esta coyuntura para trascender la historia como una
organización al servicio de la humanidad y de los países en vías de
desarrollo. No obstante, aunque la OPEP tiene miembros que mantienen una
posición dura que entienden y promueven este rol, existen otros, de postura
blanda que juegan más a servir de extensión de las políticas del primer
mundo. Esos países, representados por sus líderes pro-occidentales, pueden
carecer de conciencia y ceder fácilmente las presiones de los centros de
poder. Principalmente de los Estados Unidos, por su incuestionable
supremacía militar, tecnológica y de control económico.

La coyuntura también es para Venezuela. Si su Presidente quiere trascender y
figurar en la historia como líder mundial, he aquí una oportunidad única.

Trabaje, política e ideológicamente con la OPEP, para instaurar el NOI. Eso
si sería revolucionario y directamente incidiría en la rectificación de la
que se ha querido implantar en Venezuela. Gestos, actitudes y conductas que
ganaría reconciliaciones de los sostenedores de un proyecto original.

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