Economía

Cuando el oro hiede a carroña

La destrucción del complejo industrial y de la economía del estado Bolívar por parte del régimen chavista tiene registros, documentos, testimonios y una inocultable imagen de devastación física y ética, porque a veces el pudrimiento ético, como en este caso, puede ser fotografiado aunque sea inmaterial, si no que lo desmienta la mafia de cabilla del caso Sidor. Los trabajadores de las empresas básicas de la zona del hierro, que vivieron una luna de miel política con Chávez de seis años de duración, con líderes obreros que entraban a Miraflores y se retrataban con el Presidente, puño en alto en señal de victoria, hoy son los principales denunciantes del desastre causado en las plantas industriales por una gestión inepta, abusadora y corrompida.

Los sectores estatales siderúrgicos y de aluminio, hierro, hidroelectricidad, carbón, tubos y prerreducidos son denunciados a diario por los propios trabajadores que, de vanguardia y laboratorio social para la implantación en todo el país de un fascismo con ropa marxista, pasaron a ser víctimas de la represión judicial y salarial del régimen. Ahora el turno es para el oro de El Callao.

La empresa estatal minera, Minerven, fundada en 1974 para explotar los inmensos y ricos yacimientos auríferos de El Callao, está quebrada, la quebró el chavismo. Primero aparecieron los síntomas de la quiebra económica: desde hace varios meses la empresa había entrado en mora con sus proveedores y contratistas. Minerven paga como el más resabiado de los pícaros morosos, es decir, no paga. Luego comenzó el escamoteo de los derechos a los trabajadores.

Nadie se explicaba lo que sucedía, Minerven entraba en crisis en los momentos en que uno y otro día el oro bate su propio récord de precio: nunca el oro tuvo tanto valor (alcanzó 1.600 dólares la onza). La cosa se puso delicada cuando, de un tiempo para acá, la nómina no se paga puntualmente. Hace más o menos sesenta días el ministro de Empresas Básicas y Minería, a quien nombran “el Chino” Khan, pero debería ser rebautizado Pilato por lo guabinoso, indiferente y ausente que es, nombró una comisión interventora de la estatal aurífera, dizque para ver lo que pasaba, pero dejó en la presidencia al mismo con el que la empresa entró en quiebra, el señor Luis Herrera.

En otras palabras el ministro “Chino” Khan, en un acto característico de sus “pilatadas”, y demostrando de nuevo que lo que ocurre en Guayana le importa un pepino, intervino la empresa sin intervenirla. ¿Qué es lo que sabe el señor Luis Herrera del oro, de la deuda impagable de la empresa minera y de los negocios con los “cupos de oro”, que el ministro no se atreve con él?

Este mes de julio que termina comenzaron a vérseles los perfiles a este nuevo escándalo de corrupción contra Guayana y Venezuela. La semana había empezado con una denuncia que hizo el diputado Andrés Velásquez ante la Asamblea Nacional detallando la corrupción y quiebra de Minerven, que provocó el gran titular de la edición del diario El Nacional del día lunes. Pero el pasado jueves 28 de julio el diario Correo del Caroní hacía un llamado en primera página a una desplegada noticia firmada por la periodista Diana Pérez, que ocupa gran parte de la página A6 y que merece la mayor atención. Elvis Soto, secretario general del Sindicato de Trabajadores de la Industria Minera, cuenta que la producción ha caído 70%, que desde hace 18 meses no producen ni 80 kilos de oro al mes, que antes producían hasta 450 kilos, que ahora están por los 20 kilos para poder cobrar; que Minerven está en mora con proveedores, cooperativas y comunidades (un dato, el año 1885 esas minas produjeron 8.200 kg de oro).

La denuncia de este dirigente sindical alcanza su nivel más grave cuando narra las calamidades por las que atraviesa Minerven: afirma Soto que la empresa adeuda a una sola empresa ¡1.300 kilos de oro! Debemos entender que Minerven vendió un oro que ni tenía ni puede producir, o lo que es peor, que recibió dinero -contrajo una deuda ilegal-, a cuenta de oro y ahora no tiene ni el dinero ni el metal. Dice Soto que los trabajadores no tienen cal ni cianuro para producir, que tienen tres días sin transporte, que carecen de implementos de seguridad, que bajan a la mina sin botas, mascarillas, tapa oídos, guantes ni ventilación adecuada. Elvis Soto ha destapado una inmensa mina de corrupción y vergüenza. Ahora, como es usual en el régimen chavista, lo están amenazando, les tocó la parte del corazón donde alojan a la patria: el bolsillo.

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