Economía

Deterioro del capital social, un país africanizado sin instituciones para el crecimiento económico

(%=Image(3016095,»R»)%) 1. Los cambios institucionales y destrucción de las reglas de juego: desmonoramiento de la seguridad jurídica y la descapitalizacion de la economía

En general, todo proceso revolucionario dirigido a un cambio político radical, trae consigo el desmantelamiento de las instituciones que sirven al “viejo orden” y en consecuencia a la depreciación del capital social acumulado por ese “viejo orden” y por la pérdida de gobernabilidad. Esas “revoluciones”, sin importar si son realizadas “pacifica y democráticamente” o por la violencia, provocan en la población una reacción política y social con consecuencias económica imprevisibles. La incertidumbre se apodera del espíritu empresarial de la gente, de su capacidad productiva, de su ahorro, cae la productividad laboral, se deteriora la calidad de vida de en los sectores que la revolución busca sacrificar para el beneficio supuesto de los sectores mas pobres. La inversión cae, la economía se deprime y el desempleo, arrastra no solamente a los sectores mas capaces en la pirámide productiva, sino a quienes y en su nombre la revolución aparenta conducirse, a los pobres.

Esa acción política –colectiva- de la sociedad civil, sus instituciones, gremios, sindicatos, corporaciones, en conjunto, la sociedad civil, es catalizada por el manto de incertidumbre que es generado por los cambios políticos que son contemporáneos al desmantelamiento de instituciones, formales e informales, que arbitran la economía. En este campo, el de la economía, la incertidumbre crece al ritmo con que el “orden revolucionario” desarma los mecanismos de arbitraje, sin los cuales no es posible el proceso de creación de riqueza y progreso.

En nuestro país, la economía de mercado, y sus instituciones de arbitraje, ha sido consistentemente amarrados, maniatados, lo que por efecto ha arrastrado la economía hacia estadios de barbarie económica en el borderline de un régimen de autarquía. La caída de la actividad económica, medida por el crecimiento económico negativo que sucede a la revolución y a la crisis política que ella ha generado, es parte del intenso proceso de descapitalización que se vive en estos anos. Apuntamos que la contraparte económica y financiera de este proceso político se observa en el cierre de empresas, en el desempleo, y en la inmensa salida de capitales que en tres anos supera los treinta mil millones de dólares, algo inédito en la historia económica venezolana reciente.

Las restricciones y limitaciones impuestas al proceso de toma de decisiones, por parte de individuos racionales, han afectado el entorno de seguridad jurídica que en condiciones “normales” hace posible el éxito en los negocios y protege los derechos de propiedad. En su defecto, como es evidente de nuestra realidad institucional, el ritmo del intercambio económico ha descendido bruscamente provocando un colapso del proceso de producción de riqueza.

Normas constitucionales, leyes, decretos y muy particularmente, el voluntarismo revolucionario, han restringido y limitado severamente los mecanismos de arbitraje, precios, mercados, seguridad jurídica, reglas de juego, derechos de propiedad y confianza institucional. El vació institucional resultante del “proceso revolucionario” ha traído incrementado los costos de transacción en la economía. Sabemos por evidencia empírica e histórica que el incremento de los costos de transacción contrae la actividad económica. En ese sentido, la solución al problema económico-institucional que hoy vive Venezuela requerirá del reestablecimiento de reglas de juego cierto y seguro marco de seguridad jurídica.

2. Una acción colectiva contra el crecimiento de la pobreza: la contrarrevolución

La suma de todas esas perversiones impuestas por el “orden revolucionario” ha provocado una decisiva reacción política de la gente, que en forma de acción colectiva ha respondido al deterioro del entorno institucional plagado de incertidumbre y riesgo, y al decaimiento económico de los sectores mas productivos de la sociedad. Esa movilización política y social ha impactado negativamente en la economía, con caída de la inversión y el gasto; los extremos se cumplieron con el paro cívico y el paro petrolero de diciembre pasado.

Las consecuencias de la crisis política, de sus hijos legítimos en el paro cívico y petrolero constituyeron en un principio una especie de trade Of. entre los costos enfrentados a la fecha y los que potencialmente producirían los paros cívico y petrolero, ciertamente costos elevados impuestos por la fuerza de la revolución política que se dirige a la captura del Estado y de los contrapesos del sistema democrático. Al caer la actividad económica, incluida la petrolera, se disparan las alertas fiscales, dada la fuerte caída del ingreso fiscal generando dudas sobre la capacidad fiscal y financiera del Estado en el cumplimiento de las obligaciones con el mercado.

EL gobierno, enfrenta la responsabilidad de ejecutar un ajuste fiscal en consecuencia, sin embargo prefiere derrumbar las reglas presupuestarias pervirtiendo la distribución del restante gasto público. Se activan de esta manera los mecanismos inflacionarios para financiar el gasto, además de más impuestos y un insostenible crecimiento de la deuda publica para dotar al gobierno de los bolívares necesarios, a nivel de gobierno central para enfrentar las distorsiones económicas y fiscales que ha venido cultivando la crisis político-institucional.

El resultado neto es el colapso de la economía, sin que se avizoren a la fecha vías de salida de la fuerte contracción económica y del endemoniado ritmo de descapitalización que la realidad fiscal impone a la gente con el masivo endeudamiento y la inflación represada que en su debida oportunidad traerá una maxidevaluación y manto hiperinflacionario. Venezuela ha entrado en un periodo de ocaso económico, robustecido por el esquema de autarquía impuesto por los controles de cambio y precios.

En ese escenario y bajo esas expectativas, la gente espera una profundización del empobrecimiento, la reacción política de la gente esta entonces en relación directa con el sentimiento de empobrecimiento que le envuelve. Ese es el caso de vastos sectores de los sectores medios que han exportado sus ahorros y capitales, desactivándose económicamente. Es importante acotar que el gobierno teje una trampa política donde eventualmente todo el mundo, gobierno incluido, caerán porque no hay paz social ni política que pueda pagarse con el entorno de castración económica que empobrece a la gente a velocidad.

Los efectos no terminan alli, ya que al disminuirse el empuje económico de la clase media: aguas abajo, el impacto negativo lo siente de inmediato la gente de menores recursos, ahora desempleados, dado el cierre por desinversión y descapitalización de millones de puestos de trabajo. En esas condiciones el Estado es poco lo que puede hacer para remediar los efectos económicos de la crisis política, porque la redistribución de pocos a muchos, que es el leit motiv ideológico del gobierno y su revolución, es físicamente imposible, dado que el costo de una crisis fiscal y financiera es muy alto políticamente hablando. Los lideres políticos de la revolución no quieren ver esta secuencia, porque la dependencia ideológica y el marco de voluntarismo económico característico de regimenes militares y socialistas, les impide elaborar el diagnostico adecuado, que conduce no solo al recipe cierto, sino a la corrección política.

3. Centralismo ya autoritarismo económico: sin reglas de juego para una economía de mercado

El proceso político “revolucionario”, se ha caracterizado por el diseño de políticas públicas que buscan exacerbar la intervención del estado en la economía, más allá de las barreras naturales del capitalismo y del mismo capitalismo de estado. En este marco conceptual “revolucionario”, el diseño y toma de decisiones de políticas públicas se ha expresado políticamente en la acumulación de poder en un centro ejecutivo autoritario que ha debilitado continua y sistemáticamente la reproducción del capital y del mercado como medio de arbitraje por excelencia. No es posible un crecimiento de la inversión y el gasto, y que notamos en la caída del crédito bancario, en un régimen donde el marco donde operarían las reglas de juego es inestable, confiscador e irracional, económicamente hablando.

La desfiguración que sufre el régimen democrático por irrupción de la violencia política como mecanismo de arbitraje político, percola a la economía bajo la sumisión del mercado al centro totalitario de toma de decisiones en materia económica. La característica esencial del régimen es la administración de los precios a través de controles, estos están presentes hoy con carácter omnipresente en todas las esferas del proceso de creación de riqueza. Los controles de precios, y de cambio y el crecimiento insostenible de la deuda pública, amen de la desnaturalización de los objetivos del Banco Central son componentes obligados del discurso político, habiéndose agotado los mecanismos espontáneos y racionales de hacer economía.

La reacción de la sociedad como sumatoria de agentes económicos individuales frente a este “autoritarismo económico” del estado y el gobierno ha ido en sentido contrario al esquema básico de creación de riqueza que caracteriza el régimen de propiedad privada y pleno ejercicio de los derechos de propiedad, descapitalización y pobreza.

4. El neocapitalismo de Estado: un salto atrás un buen caso de path dependence.

En el área de la economía y sus instituciones, el llamado proceso revolucionario ha conducido la intervención del estado en la economía por vía de leyes, decretos y mecanismos jurídicos que hacen subsidiario la actividad económica privada y que ha llevado a la descapitalización, y masiva salida de capitales y del ahorro nacional.

Esa dinámica legislativa se ha conducido de espaldas a los mercados y en detrimento de los derechos de propiedad, lo que ha traído como consecuencia el incremento de los costos de transacción, proceso que ha acelerado la descapitalización por cierre de empresas y exportación del ahorro de la gente.

Lo anterior se manifiesta y expresa en la mutilación de mercados por el establecimiento de controles, por debilitamiento de los derechos de propiedad contenido en instrumentos jurídicos y normas constitucionales, proceso este catalizado por la violencia política e irrespeto directo de la propiedad privada.

En conjunto, esos fenómenos institucionales y políticos han encarecido los costos de transacción, lo que ha inducido la perdida de rentabilidad del proceso económico de creación de riqueza, causa fundamental del continuo y perverso proceso de descapitalización del factor humano, con el creciente desempleo que abarca a todos los sectores de población, particularmente a los sectores de la economía formal que han visto por primera vez desaparecer sus fuentes de trabajo.

La reacción social y política ante estos procesos de destrucción ha llevado al país por la senda de la violencia política, hasta los extremos de conducirla por eventos que podríamos caracterizar de suicidios colectivo, como lo constituyo el paro cívico y petrolero.

En esencia ha ocurrido una severa ruptura del marco jurídico requerido para el funcionamiento de una economía de mercado, quiebra de las reglas de juego, perdida de confianza, por descomposición de los contrabalances naturales del poder en una sociedad democrática que desee persistir en el marco de una economía de mercado.

5. Los costos de la revolución: el paro cívico y el paro petrolero y del post-paro del control de cambio, de precios y la escasez.

En ese sentido es posible discernir en una “estructura de costos” que defina los factores – políticos, sociales y económicos- que han inducido el severo proceso de contracción económica en curso, identificando en primer lugar las llamadas variables de impacto y en segundo termino la dinámica de su evolución en el corto plazo.

Así se identifican, la propia dinámica contractiva de la economía que se arrastra des hace cinco trimestres, desde finales del 2001, el paro cívico, el petrolero como elementos sociales y políticos contenidos en el proceso de empobrecimiento y descapitalización de los sectores productivos, empresariales y laborales, y finalmente el control –torniquete- cambiario.

Este último factor, muestra una demoledora fuerza destructiva y contractiva de la economía, dada la incidencia de insumos importados para la industria, comercio, como en productos de consumo final. Es necesario acotar que el control de precios, induce las mismas consecuencias contractivas en la economía, caen la inversión, crece el desempleo y se contrae la demanda.

El resultado neto final de esos factores se siente en la aceleración del entorno de empobrecimiento que abarca en las actuales circunstancias no solo a los sectores de menores ingresos, cuyo salario real se contrae por efecto de la inflación y la perdida de empleo, sino en los sectores mas favorecidos, donde la perdida de empleos contrae no solo la demanda agregada de esos grupos, sino que lesiona los incentivos para la creación de riqueza, destruye capital social y el arruina el natural esfuerzo empresarial de la gente.

II

6. La vorágine del empobrecimiento: la pobreza de las políticas publicas

Cuando un gobierno impone políticas inadecuadas, el impacto de esos errores conlleva al empobrecimiento de la gente porque esas políticas afectan el bienestar por perdida de calidad de vida. La angustia social, causada por la perdida de calidad de vida alcanza niveles explosivos cuando a ese empobrecimiento material le acompaña una crisis política por la perdida de gobernabilidad y destrucción de capital social.

Como el subyacente de ese vertiginoso empobrecimiento es la crisis política, en el ánimo de la gente, bloqueados los incentivos para hacer economías, aparece un espeso manto de incertidumbre y elevado riesgos que afecta la inversión y el gasto; la economía se contrae, cierran empresas y crece el desempleo, generándose un circulo vicioso cuyo desenlace político y social, incierto puede ser violento, lo que podría incrementar los niveles de pobreza en sentido irreversible en el mediano plazo. La historia esta plena de estas recurrencias.

Los mecanismos de empobrecimiento activados, por la crisis política, son reforzados por el mediocre diseño de políticas publicas cuyo objetivo central es el fortalecimiento del Estado y su conversión como empresario y regulador de mercados, debilitando la base de la economía privada, lo que en términos netos exacerba los costos por el creciente desempleo que se manifiesta por el cierre de empresas.

7. Masivo desempleo: el impacto por el deterioro de la seguridad jurídica del proceso de creación de riqueza

Muchas de estas empresas que cierran salen del mercado porque el Estado y la política les cierran las posibilidades a invertir, estas restricciones institucionales ocurren por vía del control de precios y de cambio, para nombrar los mas protuberantes fenómenos de ineficiente intervención del Estado; otras lo hacen porque los costos de transacción para operar como firmas son elevados, dado el desmoronamiento de la seguridad jurídica, destrucción de las reglas de juego de la economía de mercado, lo que incide en su capacidad de competir.

En conjunto, ambos casos producen un masivo desempleo, cuyo nivel (25%) dobla los niveles históricos de desempleo que esta economía ha mostrado en décadas, con un nivel de endurecimiento y depreciación del capital humano por el grado más creciente que en el desempleo ocupa el desempleo estructural…

En estas circunstancias de empobrecimiento, la evidencia en estos anos señala culpas al “proceso revolucionario” dado que la acción política al desmontar los códigos de confianza y contrapesos institucionales, convirtió a la economía en una actividad subsidiaria de elevado costo en el comportamiento del tejido social.

8. Elevados costos de transacción: más barato cerrar una empresa que abrirla.

En otras palabras crecieron desorbitadamente los costos de transacción para que la actividad económica de la gente tuviera la racionalidad adecuada que exige el proceso de creación de riqueza. En efecto neto es crecimiento de la pobreza, la exclusión y la marginalidad. Los números que refleja el volumen creciente de economía informal y la caída del salario real promedio en ese mercado colocan al país en el mismo plano de economías destruidas, fenómeno muy común en Afrecha, donde las guerras tribales y la quema de instituciones es la base de sus recurrentes hambrunas.

Los indicadores económicos y sociales dicen que los venezolanos han encontrado en estos anos con lo peor de dos mundos: inflación y desempleo masivo por descapitalización de la economía. La situación económica empeora a velocidad porque la crisis política inducida por la “revolución” destruye reglas de juego, fractura seguridad jurídica y debilita derechos de propiedad, contagiando una conocida enfermedad africana que caracteriza un path dependence que como un círculo vicioso solo es capaz de reproducir la pobreza.

9. Los remedios a la crisis política: El control de cambio como mecanismo de represión política?

La caída del ingreso fiscal por contracción económica y desmantelamiento del capital petrolero que resulta de la crisis política llevó al gobierno por el camino del peor expediente voluntarista para represar la inflación con control de cambios y de precios; políticas que conducen a la gente fatal e inevitablemente a sufrir los rigores de una esperada maxidevaluación con su respectivo impacto hiperinflacionario en el corto plazo. Veamos algunos detalles.

Un ministro muy revolucionario el, decía en estos días, bajo los efectos de un exceso de sinceridad, que el control de cambios tiene razones políticas, por supuesto que con ello no descubría el hueco del macarrón, la opinión publica general y especializada lo viene acotando reiteradamente en estos tiempos, al constatar que la acumulación de reservas internacionales, de la cual el gobierno se lo anota como un gol – diría mas bien autogol – no tiene el menor sentido económico ni financiero, dada la fuerza destructiva que el control de cambios impone en el aparato productivo nacional, en escasez, descapitalización, inflación, y masivo desempleo.

10. El control de cambio: Un régimen bimetálico que destruye la economía y al BCV

En consecuencia, el mercado cambiario -operando off shore, sin cruzar las fronteras – en esas condiciones de extrema astringencia cambiaria transmite un fuerte impacto negativo a la economía privada dado que esas restricciones casi absolutas para la compra de divisas reduce fuertemente su capacidad instalada de la economía, colocándola en los limites de un régimen de autarquía en lo que refiere a insumos y bienes de consumo final e intermedio, en una economía donde las importaciones constituyen mas de la mitad del PIB.

El impacto contractivo del control de cambio se suma al proceso de expansión de la pobreza, porque la economía privada es la mayor fuerza empleadora (80%) de la economía. De esta manera, el control de cambio incorpora más de 600 mil nuevos desempleados al creciente desempleo de estos anos de revolución y descapitalización de la economía nacional.

Un país no puede desarrollarse, cuando los derechos económicos fundamentales de la gente son conculcados por el Estado y el gobierno. Por ello, además de la una vasta cosecha de leyes, normas constitucionales y decretos que restringen los mercados y limitan los derechos económicos de la gente y empresas, los controles de precios y de cambio vigentes, introducen elementos de defoliación de los derechos de propiedad, expropiación y confiscación del ahorro de la gente.

Los efectos perversos impuestos a la economía por la restricción política a la venta de reservas crean mecanismos depredadores en los precios tanto de las divisas como en los bienes de consumo, hace explicita una maxidevaluación que es evidente en el mercado paralelo. Además, causa enormes problemas al Banco Central que no puede ejecutar objetivos de estabilidad de precios dado que su autonomía para hacer política monetaria esta secuestrada por el decreto cambiario y la voluntad política de no vender divisas.

El BCV muestra perdidas suficientes que en el corto plazo amenaza con comerse su capital, la inexistencia de un mercado cambiario elimino los típicos y naturales mecanismos de esterilización necesarios para que la política monetaria se pueda practicar con algún grado de eficiencia, el volumen de pasivos con costo financiero del BCV alcanza los niveles de la base monetaria, algo que nunca ocurrió ni siquiera en los tiempos de los bonos cero cupón. En el corto plazo esos bolívares se irán al mercado cambiario y a los precios, y consecuentemente al alza en las tasas de interés, para así completar un fatídico circulo ya vivido recientemente en 1994, 1998.

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