Economía

El caos del Metro; reflejo del régimen

Los usuarios del Metro de Caracas podemos percibir cómo día a día se deterioran las instalaciones de esa extraordinaria obra de ingeniería. Nada más letal que la mixtura indolencia-ignoranc ia. En 1947 dos empresas francesas propusieron al Consejo Municipal de Caracas la construcción y administració n de un sistema de transporte subterráneo. Ya para 1948 los técnicos preveían el caos por la congestión futura del transporte en el área metropolitana.

El ministerio de Obras Públicas considera el apremio y en 1963 crea la Oficina Ministerial de Transporte. En 1968 se inicia el proyecto del Metro con asesoría de las empresas Parsons, Brinckerhoff, Quade & Douglas y Alan M Voorhees de Washington, con gran experiencia en la materia. En 1977 se funda la Compañía Anónima Metro de Caracas, adscrita MTC, presidida por el ingeniero José González Lander. Este reconocido profesional estuvo al frente del proyecto durante 20 años continuos (1977-1997) sin contar los diez anteriores que dedicó a la planificación. La vilipendiada «IV República» le brindó total apoyo durante seis períodos constitucionales.

La primera etapa de la Línea Uno, Propatria-Chacaí to, de 14 estaciones, fue inaugurada en 1983 por el presidente Herrera Campíns. En octubre de 1987 el presidente Lusinchi inaugura 9 estaciones: Las Adjuntas-El Pedagógico-Avenida La Paz y en abril 1988 cuatro estaciones hasta Los Dos Caminos. Deja listas otras 4 hasta Palo Verde que inauguraría el presidente Pérez en noviembre de 1989. Rafael Caldera (1994) abre el tramo Plaza Venezuela-El Valle con 4 estaciones.

Así pues ese pueblo tan manoseado por Chávez hacía gala de un transporte decente propio del «Primer Mundo». El transeúnte, sobre todo, de la clase trabajadora se sintió dignificado, encomiado, atendido y orgulloso de «su Metro». Nada de monsergas huecas. La obra no fue hecha para los «oligarcas» del Country Club, La Lagunita, La Castellana, y Altamira. Todos nos regocijábamos del óptimo servicio. El orden, limpieza y confort provocó en los usuarios un civismo colectivo sin precedentes. Incluso era un espacio admirado por turistas extranjeros. Conducta que prevaleció hasta que se instauró el caos inducido por este régimen irresponsable.

¿Cuál la realidad del Metro hoy? Inseguridad personal; estaciones y trenes hacinados, sucios y mal olientes, sin aire acondicionado; vagones inhabilitados, retrasos permanentes, escaleras mecánicas paralizadas desde años. En resumen, un orden caníbal a la usanza revolucionaria. Este gobierno tarambana tiene la firme intención de acabar con todo vestigio de civilidad heredado de gobiernos anteriores para evitar sea contrastado con su incompetencia.

El síndrome destructivo del Metro también ha contagiado al Poliedro, teatros Teresa Carreño y Municipal, vías interestatales y urbanas, plazas y parques públicos como los del Este y Oeste, monumentos históricos y ornamentos públicos, autopistas, edificios estatales. El miasma ataca no sólo a las categorías perceptibles en nuestro trayecto cotidiano como el estado Vargas; también a los servicios públicos confiscados como electricidad, acueductos, bancos, supermercados, cementeras, bloqueras, siderurgia, fincas agrícolas y ganaderas. El régimen presume idiota a la mayoría del país al suponer que no puede conjugar lo edificado en el pasado con sus desatinos. En septiembre cada venezolano está obligado a decidir entre el proceso de destrucción iniciado hace 11 años y el inicio de la restauración.


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