Economía

El presupuesto: Delirante El canje: Totalmente inconveniente

Analítica Research (AR): Quisiéramos conocer su opinión con respecto al presupuesto que está planteado para el próximo año.

(%=Image(4264927,»R»)%)Domingo Fontiveros (DF): La política fiscal del gobierno continúa sin reconocer el grave desequilibrio establecido en las finanzas públicas en medio de una bonanza de ingresos petroleros y que se origina por un crecimiento exorbitante del gasto tanto contractual pero también del gasto voluntario del gobierno, es decir de lo que podríamos llamar el gasto de política.

Debido a la crisis de financiamiento por la que se ha atravesado este año, se esperaba que en la presentación del presupuesto del 2003 se reconociera tal crisis y se planteara una política fiscal de correcciones, algunas estructurales. Quedamos decepcionados y muy preocupados por las implicaciones financieras y económicas, que considero graves, que tiene el contenido de la política fiscal.

Financiamiento monetario y transparencia

Actualmente existe expectativa de que con la reforma de ley de BCV se proceda al financiamiento monetario del déficit por una magnitud que todavía no se conoce con exactitud, pero es bueno recordar que el gobierno le tiene la vista puesta a la cuenta de reservas por fluctuaciones cambiarias del BCV cuyo último monto, si no me equivoco, está alrededor de los cinco billones de bolívares. La situación del 2002 era una situación de emergencia fiscal, parcialmente superada los ingresos petroleros, pero no existe transparencia acerca de las fuentes de financiamiento. Por ejemplo, el aumento de aguinaldos a tres meses.

La política fiscal no sólo no es coherente sino que además es muy poco transparente. Continúa siendo un misterio porque el control que se debe ejercer sobre los flujos financieros en el sector público es inexistente.

La incoherencia del nuevo equipo económico

Estamos ante una crisis fiscal, con bonanza petrolera, donde se han liquidado los recursos que tenía el gobierno depositados en el FIEM para financiar déficit fiscal, donde se han utilizado las utilidades cambiarias para financiar el déficit, descapitalizando al Banco Central, tratando los ingresos de capital como si fuesen ingresos corrientes, y también forzando la entrega de dividendos extraordinarios por parte de PDVSA que pone en riesgo el plan de inversiones de la industria petrolera. Todo esto, que pertenece al año 2002 y en medio de la emergencia podría haberse entendido, y el cambio del equipo económico hubiese podido entenderse como fricciones de una transición de ese equipo pero que debería ser corregidas en la presentación de la política fiscal del 2003. Sin embargo, pasa exactamente lo contrario, no solamente no se corrige el problema sino que se plantea un presupuesto con fallas similares o peores a la de los cuatro años anteriores.

En primer lugar, el gasto autorizado en el presupuesto presentado para el 2003, aumenta respecto al gasto autorizado en el 2002 en trece billones de bolívares, pasamos de casi 28 que es lo autorizado en este año a 41,6 billones de bolívares, cifra en que, por lo demás, no están incluidos, la totalidad de los compromisos salariales del año próximo. Hay además una subestimación de los costos por intereses de la deuda, por subestimación de la tasa de interés.

Ingreso ordinario y gasto corriente. Aumenta desbalance estructural

Por primera vez en la historia contemporánea de las finanzas públicas, el ingreso ordinario del gobierno no alcanza a cubrir el gasto corriente en el presupuesto. Esto es una aceptación oficial de una situación que ,ceteris paribus, implica endeudarse o utilizar ingresos extraordinarios para pagar intereses sobre la deuda. La diferencia entre ingreso ordinario y gasto corriente es de 0,6 puntos porcentuales del producto, eso significa que el ingreso ordinario no alcanza para cubrir los gastos incluyendo los intereses, y que por supuesto de los ingresos ordinarios no hay nada ni para gastos de inversión, ni para transferencias de capital, ni para amortización de deuda. Todo eso tiene que venir de otro tipo de ingresos. El gasto total acordado está 41,6 billones de bolívares que es 28,5% del PIB y el ingreso ordinario estimado está en 18,5% del PIB, lo cual nos lleva a que hay un 10% del PIB que aparece como una brecha.

Pero además hay algo que resaltar y es que en el ingreso ordinario no petrolero hay una sobreestimación de ingreso de casi 2 puntos porcentuales del PIB, porque se está suponiendo aumentos de 50% en una situación de supuesta salida de la recesión.

AR: Supone mejoras en la eficiencia muy poco creíbles.

(%=Image(5020826,»L»)%)DF: Exactamente. En el presupuesto también se supone un aumento real importante del IVA, que pudiera explicarse por el aumento de la tasa. Pero el aumento de la tasa ya tuvo lugar en el 2002 y parece exagerado un aumento adicional tan importante como el que se prevé para el 2003. Y así en general, si se corrige la sobreestimación de ingresos ordinarios se tiene una brecha de 17,4 billones de bolívares que son 11,9 puntos porcentuales del producto.

Esta brecha entre ingresos ordinarios y gasto total se cubre en el presupuesto de la siguiente manera: con utilidades del Banco Central de Venezuela por 1,3 billones de bolívares. Allí pareciera haber un cálculo alegre de las llamadas “ganancias cambiarias”, que es un eufemismo para el financiamiento monetario del déficit. Se financia con ingresos por concesiones petroleras, básicamente la plataforma deltana, que es una licitación, no se sabe cuál va a ser el valor efectivo de lo que se va a recaudar y obviamente es un ingreso extraordinario, no recurrente. Ese es un ingreso eventual y al igual que las utilidades cambiarias no es un ingreso corriente, como está clasificado en el presupuesto. Las llamadas “utilidades cambiarias” son efectivamente una descapitalización del BCV. El ingreso por concesión petrolera no debería ser tratado como un ingreso corriente y aunque no implique la enajenación de un activo, sí implica el agotamiento del mismo.

Un tercer elemento de ingreso sobreestimado es el impuesto debito bancario que, de acuerdo a la ley ,fenece el 15 de marzo, es decir dos meses y medio del próximo año. Resulta extraño que se diga que va a recaudar por ese concepto más de 400 millardos.

Incluso aceptando los ingresos descritos como viables, todavía el endeudamiento bruto requerido, de acuerdo al cálculo original del presupuesto, es 10,7 billones de bolívares, esas son las cifras originales del proyecto. Esto implica un endeudamiento neto, es decir de crecimiento de la deuda, de 5,5 billones de bolívares. Esto luce poco consistente con la previsión de gasto por concepto de intereses, porque es previsible que sea básicamente deuda interna y que ello implique tasas de interés superiores a las estimadas.

Un presupuesto delirante

(%=Image(1982380,»L»)%)Si hacemos el ejercicio de corregir la sobrestimación de ingresos ordinarios, entonces el presupuesto implica un incremento de la deuda de 8,3 billones de bolívares, a menos que se obtenga ingresos petroleros muy superiores a los planteados. Este es un presupuesto que se podría calificar de delirante. El gobierno muestra unas cifras que lo que implican es una crisis fiscal de enormes proporciones, pero se dice que todo está normal. Parece que la apreciación política del gobierno contagió al equipo económico. Dice que la economía va a crecer, que la inflación va a bajar y que la tasa de devaluación de la moneda va a ser mínima, dentro de un desbalance fiscal muy grave. Todo esto es inconsistente.

La política fiscal es irresponsable y cabe preguntarse si este proyecto lo va a aprobar la Asamblea Nacional. En su oportunidad aprobó el presupuesto elaborado para el 2002 y conoce las consecuencias sobre la economía a pesar de todas las advertencias que se formularon en su momento sobre los riesgos que involucraba la aprobación de ese presupuesto.

AR: Se está planteando de una u otra manera un proceso de relegitimación de los poderes a finales de este año o principios del año que viene. ¿No tendría que existir un cierto consenso respecto al tema presupuestario, es decir, no utilizar la mayoría simple en la Asamblea?

DF: Sí. Pero actualmente la sociedad se encuentra indefensa frente a lo que en diversas oportunidades hemos denominado políticas económicas erradas por parte de gobiernos irresponsables. La Constitución establece algunas protecciones implícitas a cargo sobretodo del BCV. Pero el BCV es un organismo, ya lo hemos visto durante este año, con muy pocas defensas frente a las agresiones y presiones políticas que se pueden ejercer sobre desde el Ejecutivo y desde la Asamblea Nacional. Presiones que, a mi parecer, son inconstitucionales. Por ejemplo, la reforma de la ley del BCV para atribuir indirectamente al Ministerio de Finanzas la responsabilidad o la facultad para determinar las ganancias que produzca y asimismo determinar cuál es el traspaso de los recursos, para decirlo en términos simples no se le puede dar al Ejecutivo la facultad de manejar la imprenta de dinero. Cosa que está prohibida en la Constitución pero que con tecnicismos, el gobierno, el Ministerio de Finanzas y la Asamblea Nacional han logrado que de hecho el BCV esté monetizando el déficit en el que esta incurriendo el Ejecutivo.

Desde el punto de vista general, si esa garantía constitucional que efectivamente está en la letra de la Constitución no opera en la práctica, y el BCV es una institución que aun con todo su poder, políticamente es indefensa, entonces debería haber un mecanismo político informal que corrija el presupuesto. Sin embargo, no soy optimista.

AR: ¿Cuál es su opinión sobre la operación de canje?

DF: Obviamente uno de los problemas a resolver es buscar un perfil de vencimientos mejor al existente, donde existe concentración en el 2003 y 2004, producto del endeudamiento irresponsable del gobierno. Pero la operación de canje planteada, de la cual todavía no se conocen todos los detalles, indexa la deuda al dólar dándole garantías cambiarias a la banca y reconociendo el riesgo país. Esto es altamente inconveniente por el precedente que se crea y es un trato privilegiado a la banca. Puede agravar los problemas futuros en forma importante.

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