Economía

El Problema de la Informalidad

A todos nos incomoda la idea de tener que convivir con los famosos “buhoneros”, estos seres que parecieran ser dueños de las aceras y hasta las calles, que comercializan toda clase de bienes (y hasta servicios), y parecieran ser los promotores fundamentales de la inseguridad en los sectores donde laboran, no son más que victimas de una crónica destrucción del empleo, la cual tiene unos cuantos años de vigencia en nuestro país.

Según el Instituto Nacional de Estadísticas, más del 50% de las personas que tienen un “empleo”, lo desarrollan en el sector informal. ¿Como llegamos a esto?, revisemos una variable fundamental para la creación de empleos: la Inversión Privada expresada como porcentaje del Producto Interno Bruto. Al analizar su comportamiento observamos que muestra un promedio de casi 9% del PIB en el período 1980-2003, en tanto que en los años 1968-1979 el promedio se ubicó en 18% del PIB. Este proceso de deterioro del empleo se ha empeorado desde 1995, cuando empezamos a padecer consecutivamente tasas de desempleo por encima del 10%. Con niveles de desempleo de ese calibre, es fácil adivinar que ha estado ocurriendo con la informalidad, y es que por simple lógica, estas dos variables presentan mucha relación entre ellas: una persona que queda desempleada y al pasar el tiempo no encuentra un trabajo, rápidamente encuentra en el economía informal la solución a sus problemas mas inmediatos.

Es lamentable, pero de continuar el crecimiento de la informalidad, la población ocupada será en conjunto cada vez menos productiva y por ende los ingresos del trabajo seguramente tenderán a ser menores y más volátiles. Según diversos estudios realizados, más del 60% de estas personas tienen menos de 30 años, su grado de instrucción (en el 90% de los casos) apenas llega al bachillerato y presentan muy pocas intenciones de dejar la “acera” por un trabajo formal. Ante semejante currículo, ¿cómo reinsertamos a estas personas en el mercado laboral formal?, si para empeorar las cosas, este mercado ofrece baja remuneración y poca estabilidad.

Además de todo lo antes comentado debemos recordar, que la informalidad impacta negativamente en el consumo y el ahorro de la población, incidiendo también en las decisiones de inversión (comercios cerrados ante la competencia desleal, inseguridad, etc.). Paralelamente se produce una merma importante en los impuestos recaudados debido a que estas actividades no pueden ser controladas por el estado, lo cual fomenta abiertamente el contrabando y la piratería.

Es claro que el fenómeno de la economía informal nos perjudica a todos, siendo necesario establecer las reglas para iniciar un proceso de crecimiento económico firme. De no lograrse un crecimiento económico sostenido acompañado con un repunte de la inversión privada en los próximos años será muy difícil crear más y mejores empleos.

A las instituciones venezolanas se les presenta un problema, que con el pasar de los años se agrava cada vez más. Con un panorama político bien claro, por lo menos en un horizonte de varios años, y con los sectores económicos, tanto públicos como privados dispuestos al dialogo, es el momento de comenzar a establecer políticas para atender este problema.

*Economista
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