Economía

El problema del socialismo

(%=Image(2293154,»L»)%)Ciudad de Guatemala (AIPE)- Ahora que en América Latina le llega el turno a la izquierda mercantilista, después del fracaso de la derecha mercantilista, es oportuno hacer ver que ambos tipos de mercantilismo tienen el mismo problema del socialismo, pues ambos suponen que el estado puede dirigir la economía y suplantar al “mercado”. Por eso también es predecible su fracaso y el ciclo de la pobreza seguirá. Veamos cual es el problema que ignoran los mercantilistas tanto de derecha como de izquierda.

En los años treinta del siglo XX ocurrió un gran debate sobre el llamado “cálculo económico”, el cual fue pronto opacado por las discusiones ideológicas irracionales que dominaron ese siglo y permaneció ignorado por décadas debido a la preeminencia adquirida por la izquierda en el mundo académico. Me consta que intelectuales temían tocar el tema porque, si persistían, su carrera académica peligraba. El resultado fue que quienes estudiaron en las universidades de la época no tuvieron oportunidad de conocer el talón de Aquiles de la izquierda, conocido como “el problema del cálculo económico” y es evidente que muchos aún desconocen su existencia. Por ello, muchas personas inteligentes siguen siendo de izquierda.

El problema consiste en que, para progresar, el valor que la sociedad le asigna a las cosas que desea, tiene que ser mayor que el valor que le asigna a los recursos que emplea. Si no, se estaría perdiendo la diferencia. Ello requiere –y todos lo hacemos a diario inconscientemente- comparar el valor, con base a los precios que le asignamos a los recursos que consumimos y lo que obtenemos. Ese es el famoso “cálculo económico”.

Ha pasado por alto que ese cálculo lo podemos hacer porque las cosas tienen precios, precios que nos informan, más o menos, el valor que la comunidad le asigna a sus prioridades, su actual estado cultural y económico, las múltiples opciones disponibles para lograr sus fines, las implicaciones de la localización física de los recursos naturales y de los creados por el hombre, el estado de los medios de transporte, el costo de obtener información, la infraestructura intelectual del momento, el grado de capitalización de la sociedad y muchas otras cosas que podríamos llamar “lo pertinente a la realidad” del mundo, en todo momento. Esos precios resultan de los innumerables intercambios que ocurren en una sociedad basada en la división del trabajo y subsiguientes intercambios. Esos precios que nos sirven todos los días son conocidos como “precios de mercado” porque resultan de los intercambios que libremente hacemos de lo que legítimamente nos pertenece (propiedad privada), dentro de las opciones que otros también libremente ofrecen; esa es la definición de mercado.

Debido a que toda intervención económica del Estado distorsiona los precios, los precios dejan entonces de cumplir su función y el cálculo económico distorsionado no sirve pues ya no es real, sino un juguete político. ¿Cómo sabría un gobierno la magnitud de la distorsión que causa? ¿Cómo sustituye aquellos precios que nos informan de tantas cosas? ¿Cómo determinar costos si éstos son, precisamente, la suma de los precios de los recursos empleados?
Una investigación en las bibliotecas del mundo revela la inexistencia de una respuesta al problema del cálculo económico y, como ninguna persona inteligente estará a favor de un sistema que nadie ha dicho cómo funciona, la conclusión inevitable es que se puede ser socialista o intervencionista (mercantilista) sólo si se ignora o no se entiende el problema. ¡Qué problema el que tienen!

(*): Ingeniero y empresario guatemalteco, fundador de la Universidad Francisco Marroquín, fue presidente de la Sociedad Mont Pelerin.

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