Economía

La pobreza de Venezuela vs. la riqueza de Bermudas

(AIPE)- En 1995, Bermudas votó para seguir siendo colonia británica, conservando su autonomía interna. En 1998, los venezolanos votaron por Hugo Chávez. La sabiduría convencional indica que Venezuela, país democrático con inmensas riquezas petroleras y minerales, tiene que ser mucho más próspera que Bermudas, esas islas de 53 kilómetros cuadrados, a 1.100 kilómetros de la costa más cercana, sin una sola universidad, que importa prácticamente todo y no tiene más riquezas naturales que sus playas.

Sorpresa: la sabiduría convencional no suele tomar en cuenta la inmensa capacidad de hacer daño de los políticos latinoamericanos ni el bien que producen los gobiernos limitados, no intervencionistas ni redistribuidores de la riqueza, aquellos que proveen un estado de derecho, seguridad e igualdad ante la ley, sin la demagogia marxista de Hugo Chávez ni el populismo de sus antecesores socialistas.

Dos terceras partes de la población de Bermudas es negra, descendiente de esclavos. Pero el ingreso per cápita en Bermudas es de 36.845 dólares al año, mientras que el ingreso del venezolano –descendiente de los libertadores de media América del Sur- es de 3.200 dólares al año. Es decir, en promedio, once venezolanos ganan menos que un solo habitante de Bermudas.

¿Cómo puede ser eso posible? Empecemos con el hecho que en Bermudas no hay desempleo, mientras que en Venezuela más de la mitad de la población está desempleada o trabaja en la economía informal. ¿Por qué? Porque en Venezuela hay tantas leyes y regulaciones que se vive bajo la dictadura del burócrata y del políticamente poderoso. Bajo los gobiernos socialdemócratas, las llamadas “tribus” de abogados de Acción Democrática cobraban por la obtención de veredictos favorables y, actualmente, desde el Tribunal Supremo de Justicia para abajo se siguen fielmente las instrucciones emanadas del palacio presidencial. El Poder Legislativo también hace lo que Chávez quiere y así nadie invierte ni crea fuentes de empleo. El gran empleador es el gobierno nacional y éste puede emplear sólo en la medida que aumenta el precio del petróleo, la inflación, los impuestos y la recaudación.

En Bermudas no hay impuesto sobre la renta para personas ni para las empresas, no existen impuestos a las ganancias de capital y los impuestos sucesorios son mínimos, por lo que la gente no tiene que sacar su capital del país para que los hijos gocen del esfuerzo y ahorro de los padres. Mientras que de Venezuela se fugaron 9.000 millones de dólares el año 2001.

En Venezuela, cuando cae el precio del petróleo y bajan los ingresos fiscales se recurre a la devaluación y al control de cambios. El Banco Central de Venezuela, en tiempos de campañas electorales, se convierte en la principal fuente de apoyo para el gobierno de turno, imprimiendo billetes a mansalva. No siempre fue así. En los años 50, Venezuela gozaba de una inflación de menos de 1% anual, inferior a la de Estados Unidos. Pero en su primera administración, Carlos Andrés Pérez no sólo estatizó el petróleo sino también al Banco Central y Chávez no ha hecho otra cosa que profundizar y llevar a su lógica conclusión todas las infames políticas de los gobiernos que lo precedieron.

Como resultado primero de la creación del cartel de la OPEP y luego de la nacionalización petrolera, ha caído año tras año la importancia de Venezuela en la exploración, producción, refinación y exportación de petróleo. Es muy triste observar que los padres y abuelos de los actuales obreros petroleros tenían mejores sueldos y vivían considerablemente mejor trabajando para la Creole (Standard Oil) o la Shell que hoy bajo el monopolio estatal PDVSA.

Por el contrario, la única empresa estatal en Bermudas es el correo. Estas islas no tienen banco central y su dólar está legalmente atado al dólar de Estados Unidos. Por ello, jamás hemos oído de una fuga de capitales de Bermudas y los evaluadores de riesgo la colocan a la altura de Hong Kong y Singapur, donde la democracia sigue en pañales, pero donde la gente goza de total libertad económica; es decir, donde el mercado funciona libremente y se avanza a toda velocidad en la globalización.

El estado de derecho imperante en Bermudas es conducente a la seguridad personal y bajo su régimen no intervencionista, con regulaciones mínimas, sin una asamblea legislativa inventando y promulgando leyes todo el tiempo, es grande la motivación a ahorrar, a invertir y a crear puestos de trabajo. El “capitalismo salvaje” y el respeto por la propiedad privada resultan en el mundo real mucho menos salvajes que la corrupta revolución “bolivariana” de Chávez o el peronismo ladrón de Duhalde.

Si este artículo lo lee el gobernador de la bella isla de Margarita, yo le recomendaría ir de paseo una semana a Bermudas, para luego regresar y proponerle a la asamblea legislativa estatal la declaración de independencia del gobierno de Caracas. Así los margariteños podrán gozar de libertad y aspirar a ganar, cada uno, 36.000 dólares al año.

* Director de la agencia de prensa AIPE y académico asociado del Cato Institute.

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