Economía

Lo cumbre de la cumbre

Felizmente, no fue así. La tentación de hacer mención -por ejemplo- del embargo a Irak fue resistida y bien manejada en la sesión de Jefes de Estado por el presidente Chávez, quien pidió autorización para consultar a los otros mandatarios sobre este aspecto. Respiré tranquilo cuando no dijo: «Yo apoyo la proposición de respaldar el cese del embargo a Irak». La Cumbre, como era de esperarse, resolvió no hacer mención del tema.

Lo cumbre de «La Cumbre» fue la Declaración Final y el hecho de que todas las declaraciones de los mandatarios se circunscribieron a los temas que al final fueron destacados en el comunicado oficial.

En efecto, la Declaración de Caracas cubrió los temas importantes para el diseño de una estrategia para la OPEP de mediano y largo plazos. Para mí, lo más importante fue el punto 6, porque es una declaración de voluntad de inscribirse en la modernidad y un reconocimiento a que los problemas de 1960 (Fundación de la OPEP) y 1975 (I Cumbre) no son los de hoy. Se aceptó que hay que «asegurar que la organización sea capaz de adaptarse al cambio, incluyendo a avances tecnológicos y de globalización…». Esto me tranquiliza por cuanto abre la posibilidad de que la OPEP considere seriamente la posibilidad de incluir a la globalización como una ventana para aprovechar las ventajas competitivas que le da el que sus países miembros sean los productores de menor costo. Esto unido a la voluntad de dialogar con los países industrializados y que éstos -por primera vez- hayan tomado en serio la posición de la OPEP y estén dispuestos a conversar de igual a igual, abre una inmensa probabilidad para que el diálogo pueda celebrarse sin la desventaja inicial que significa utilizar un lenguaje tercermundista obsoleto -felizmente ausente- tanto de lo informal como de lo formal de esta Cumbre.

Lo demás era predecible, pero no por ello menos importante (entre paréntesis va el número del punto correspondiente).

Ratificación de sus objetivos originales (1).

Optimización del uso de los recursos naturales (2).

Ofrecer suministro petrolero adecuado, oportuno y seguro a los consumidores (3).

Desarrollar políticas de precios que sean remunerativas, estables y competitivas con otras fuentes de energía (4). (Una manera elegante de decir que no sería inteligente estimular precios tan altos, como para que estimulen el desarrollo acelerado de fuentes alternas de energía).

Mejor coordinación entre los países miembros de la OPEP (5).

Adaptación a las nuevas circunstancias (6). (Ya comentado).

Mejor cooperación entre las empresas petroleras nacionales de los países de la OPEP, entre ellas y con las empresas multinacionales (7).

Fortalecer las relaciones entre la OPEP y otros países exportadores (8).

Buscar activamente un nuevo y más eficiente diálogo entre los productores y consumidores de petróleo (9).

Participar activamente en las negociaciones ambientales y buscar un acuerdo amplio y justo entre el desarrollo y el subdesarrollo sobre el costo de minimizar los efectos nocivos sobre el medio ambiente (10).

Utilizar al petróleo y al gas como combustibles más limpios en algunas circunstancias (11).

Considerar a la erradicación de la pobreza como una prioridad global (12). (Aunque no es un aspecto netamente «petrolero» está en sintonía con los objetivos declarados de otras organizaciones de carácter internacional).

Señalar la preocupación por los niveles de la deuda externa de los «países pobres muy endeudados» (13). (Un verdadero saludo a la bandera que «suena bien», pero…).

Un llamado a los países consumidores para que no discriminen en contra del petróleo (14). (Salvo el aspecto fiscal y ambiental, tratados en otros puntos de la Declaración, este punto parece superfluo).

Expresar preocupación por el elevado peso que tiene el ingrediente fiscal en el precio final al consumidor de algunos productos petroleros (15). (Bien que se haya incluido, porque esto hay que reiterárselo a los ciudadanos de los países consumidores, con el fin de que reorienten sus protestas por los altos precios de los combustibles a sus propios gobiernos. Curiosamente, esto era algo conocido, pero que -hasta ahora- no había «cogido calle»).

Impulsar esfuerzos para diversificar las economías de los países miembros de la OPEP y solicitar la ayuda y el apoyo de los países industrializados con este propósito (16).

Reconocer la importancia de la investigación científica. Mejorar la información entre los países de la OPEP. Crear un centro de investigación (17).

Fortalecer la cooperación financiera entre los países de la OPEP (18). (Como ya lo he señalado antes, es casi incomprensible que durante 40 años los países de la OPEP no hayan desarrollado -entre ellos- proyectos de inversión energética importantes. Sin embargo, muchos de estos países han celebrado alianzas comerciales, financieras y energéticas con las empresas de los países desarrollados).

Provocar una mayor interacción cultural entre los países miembros de la OPEP (19).

Celebrar estas cumbres de la OPEP con mayor regularidad (20). (Durante el acto de clausura, el presidente Chávez anunció que estas reuniones se celebrarían cada 5 años).

En resumen, la Declaración de Caracas pone a la OPEP en el camino de un diálogo con el mundo del desarrollo, siempre y cuando los países miembros puedan, a pesar de sus diferencias internas (que existen), mantenerse en la posición de modernidad y apertura que se deriva de esta Declaración.

Pero para que no nos hagamos ilusiones excesivas sobre esta nueva imagen de la OPEP, es importante recordar las enormes expectativas que despertó la I Cumbre y -sobre todo- reconocer que, a 25 años de distancia, en Argelia se reafirmó la disposición de atender los requerimientos de las economías de los países desarrollados, «siempre que no emplearan barreras artificiales para entorpecer la operación normal de las leyes de la oferta y la demanda». De manera que el intento de ingresar a la modernidad y la voluntad de respetar al mercado ya existía hace 25 años por parte de los países de la OPEP, que se supone no quieren actuar de acuerdo a estas leyes.

Los discursos formales

La inauguración. El Presidente de Argelia dio un discurso que fue -en casi todos sus aspectos- un preámbulo al carbón de lo que sería la Declaración de Caracas. Pausado, directo, moderno, tanto en su lenguaje como en su contenido. Fue el preámbulo muy profesional de lo que vendría después. Lástima que el sonido de la traducción dejó mucho que desear.

El presidente Chávez, cuyo estilo oratorio debo confesar -una vez más- no me gusta, empleó una hora en lo que ha podido decir en 20 minutos. Terminó bien, apoyando lo propuesto por el Presidente argelino, lo cual fue tranquilizante. De su discurso debo extraer dos aspectos que ameritan un comentario. Uno, su cita sobre los estatutos de la OPEP (Aparte C del artículo 2), relacionado con un suministro petrolero «eficiente». Dijo el Presidente -con toda razón- que esa definición tiene muchas variables, entre ellas, el reconocer que lo que es eficiente para el consumidor puede no serlo para el productor. Cierto. Yo quisiera agregarle una variable, también medio mencionada por Chávez y es que la eficiencia del suministro (venta) petrolera también tiene que medirse contra el telón de fondo del uso que el país productor le da a los ingresos petroleros recibidos. En ese sentido, nuestro país ha sido tradicionalmente ineficiente. Mi pronóstico es que este Gobierno continuará esa tendencia, por cuanto mientras todos los ingresos petroleros sean canalizados a través del Estado, continuará el despilfarro porque no habrán ciudadanos dolientes. A menos de que la implementación de un capitalismo popular nos haga a todos los venezolanos propietarios -de verdad- de nuestro recurso petrolero. De no hacerse así, el Estado seguirá mal administrando los recursos que son de todos, sin que ninguno se considere despojado de su cuota-parte. Por eso se tolera la mala administración. La otra observación tiene que ver con la mención sobre los precios de un barril de Coca-Cola, aceite bronceador y otros bienes. Con la excepción del agua de manantial, que también es materia prima -pero que sólo vale lo que vale una vez que se embotella y se mercadea-, todos los demás ejemplos del Presidente se refieren a productos industrializados de gran valor agregado en relación con las materias primas. Hasta la Coca-Cola tiene tecnología, mercadeo y conocimiento. Si nos llama la atención esa diferencia entre lo industrializado y la materia prima, lo que los países en desarrollo deberían buscar es no solamente un mejor precio para sus materias primas, sino también una participación en el valor agregado de la industrialización. Esto fue, precisamente, lo que se hizo en Venezuela con la internacionalización petrolera y nuestras inversiones en Estados Unidos y Europa, que fueron tan criticadas por voceros que comulgan con este Gobierno. Por eso, lo que quizás le falló a la Declaración de Caracas fue un punto (el 21) que estableciera como metas a futuro la participación de los países productores, miembros de la OPEP, en la industrialización del petróleo crudo. Recordemos que la OPEP tiene 40% de la producción mundial. 63% de las exportaciones de ese petróleo y menos de 30% de los productos refinados. Es decir, del valor agregado de la industrialización del crudo. Allí es donde hay que apuntar. Pero con realismo y disposición a invertir no sólo en nuestros países sino también en los países consumidores.

Lo malo de la cumbre (para la próxima vez)

Tanto la inauguración como la clausura empezaron con aproximadamente dos horas de atraso. En reuniones donde los participantes son solo los representantes de los países miembros, se pueden tolerar atrasos causados por los mismos actores. No así cuando se invita a un considerable número de personas, cuyo tiempo hay que respetar. Peor aún, si por razones que pueden ser comprensibles, si fuesen explicadas, los eventos se atrasan, es de elemental educación hacer un anuncio formal para que los asistentes sepan a qué atenerse. Pero en esta ocasión no hubo ni anuncio de retardo, ni excusas. Falta de educación y de consideración al tiempo ajeno.

Creo que no se invitaron ni a los ex presidentes del país -todos amigos de la OPEP- ni a los ex ministros de Energía y Minas (excepción hecha de Hugo Pérez Lasalvia), ni a los ex presidentes de Pdvsa. Todos han sido actores importantes de nuestro quehacer petrolero y ante un acto de tanta jerarquía como el de esta II Cumbre de la OPEP, no había lugar para mezquindades, ni para pretender que la historia petrolera de este país empieza con este Gobierno. (Por si alguien creyese que estoy respirando por la herida, a mí sí me invitaron, lo cual agradezco y -desde luego- asistí).

Conclusiones.

Solo dos:

1) No hay que prestarle demasiada atención a las declaraciones de parte y parte, que pudieran sugerir que se está gestando un conflicto entre productores y consumidores. Por el contrario, cada declaración de «principio» lo que pretende establecer es una «pica en Flandes», para llegar a la discusión inevitable entre productores y consumidores con el mejor «posicionamiento» posible. En este sentido, la Declaración de Caracas pone a la OPEP en óptimas condiciones de negociación.

2) Con la excepción de las alusiones ambientales y a la muy importante del Punto 6 -ya comentada- los aspectos abordados en esta Cumbre aparecieron casi todos en la Declaración de Argelia. Lo importante de esta Cumbre no es, pues, tanto el contenido sino más bien el momento en el cual salen a la luz pública estas conclusiones, cuando la mirada de los países industrializados está puesta en la organización, dado los altos precios del petróleo. Lo inteligente del comunicado no fue tanto lo que dijo, sino lo que omitió y que algunos esperaban: unas declaraciones agresivas de condena al desarrollo con un lenguaje tercermundista. Al no caer en esa trampa, la OPEP demostró que puede sentarse en la mesa de negociación con el mundo del desarrollo de igual a igual. Ojalá que esta visión sea permanente y no el resultado de una táctica a la luz de las circunstancias actuales.

De ser así, volverían a triunfar los intereses inmediatistas sobre los del largo plazo. El seguimiento que le haga la OPEP a sus compromisos será crítico para que eso no suceda. Pero si sucediera, la Declaración de Caracas sería archivada en el mismo sitio donde reposa la Declaración de Argelia.

Mucho cuidado, pues, con creer que la Cumbre terminó el 28 de septiembre… ahora es cuando falta camino.

Un busto para Pérez Alfonso

El hombre que inventó la OPEP no ha recibido ni internacional ni nacionalmente el reconocimiento que se merece.

Con el reciente auge mundial de la OPEP, su nombre se invoca de nuevo y el Gobierno nacional está dispuesto a colocar un busto suyo en un lugar privilegiado del Parque del Este, en donde se sembrará un bello jardín.

El pasado domingo 24 de septiembre hubo una pequeña ceremonia en el sitio donde se colocará el busto.

Además de gente del gobierno, del secretario general de la OPEP y de los familiares de Pérez Alfonso no hubo la asistencia masiva que merecía el acto. Pienso que, probablemente, le faltó publicidad previa y el envío de invitaciones a tiempo.

Sorprende que tanto El Nacional como El Universal del lunes 25, mencionaron -de paso- el acto dentro de una información titulada: «Gobierno tramita recursos para alcaldías Metropolitana y de Caracas» (El Nacional) y «Hoy presentará Ley Habilitante ante cuerpo de ministros» (El Universal). ¡Por favor!

Por cierto, que en los discursos que recordaban la labor de Pérez Alfonso no hubo ni una sola mención a Rómulo Betancourt quien -sin restarle méritos a Pérez Alfonso- tuvo mucho que ver con la fundación de la OPEP.

El 5 de mayo de 1981, en un artículo publicado en El Nacional, dije: «El rescate del `hombre que inventó la OPEP’ es importante por cuanto escribe definitivamente un capítulo de la historia del mundo contemporáneo, protagonizado por su actor principal. Rescata -además- el concepto de que la ideología vale más que el poder temporal de los recursos cuantificables. Nuestro futuro en la OPEP depende en gran parte de que ni nos olvidemos ni permitamos que se olvide este principio fundamental. `El hombre que inventó la OPEP’ no nos los perdonaría jamás».

Por algunos vientos que soplaron en esta Cumbre, parece que la OPEP recordó eso.

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