Economía

Los limites de la paciencia obrera

El Presidente de la República ataca de nuevo, esta vez contra las empresas contratistas que laboran para empresas e instituciones estatales. Detrás de la razzia contra las contratistas y específicamente las petroleras se esconden el contrabando antilaboral y la intención de que todo en manos del Estado “funciona mejor”, empezando por el supuesto reconocimiento de los derechos de los trabajadores, donde serían mejor tratados.

El mandatario nacional haciendo gala de su militarismo hasta por los poros, abusa de la paciencia de los trabajadores, hasta de sus propios incondicionales; los humilla públicamente en cadena televisiva señalando que los contratos colectivos son privilegios de la cuarta república, los despide con pitos y fanfarrias por la misma vía, amenaza cualquier intento de huelga por reclamos laborales con despidos masivos, llegando al colmo de no pagar ni un solo centavo a los 23.000 trabajadores petroleros del 2003, cuando no existe ninguna causal en la LOT, ni el CBV que elimine estos derechos.

Se olvida que los trabajadores somos un cuerpo social totalmente diferente a una tropa y a la disciplina cuartelaria. Casi dos siglos de existencia a nivel mundial y más de 80 décadas en nuestro país ha moldeado una cultura, una visión del trabajo como hecho social, económico de progreso humano, del sentido de la reivindicación laboral y la condición de vida de la familia, radicalmente diferente a la obediencia y la sumisión de la vida castrense.

Ese aprendizaje no ha sido en vano, no podrá ser borrado por el discurso barato de un “socialismo del siglo XXI”, con un tufo cada día más evidente de fascismo tropical, de petulancia y arrogancia al estilo de Mussolini. Las grietas comienzan ya a resaltar hasta en las filas sindicales chavistas, a estos sindicalistas les es difícil justificar ante sus compañeros de trabajo los desmanes presidenciales, los atropellos laborales, el desconocimiento de los contratos colectivos por decretos, en nombre de una revolución que sólo beneficia a una cúpula cívico-militar repartida en las instituciones estatales.

Walt Wittman el poeta norteamericano escribía que los trabajadores a veces son lentos en aprender, pagan la música y otros escuchan la flauta, pero cuando despiertan desatan un huracán social. El Presidente subestima a los trabajadores y al movimiento sindical, incluso a los propios sindicalistas rojitos; cada día es más evidente para los trabajadores que detrás de la eliminación de las empresas y la sustitución por cooperativas y empresas de producción social se esconde la macabra intención de abaratar la mano de obra, eliminando los sindicatos y los contratos colectivos.

En el fondo el objetivo del Régimen es quebrarle la columna vertebral a la movilización obrera, domesticando a la vanguardia que son los sindicatos, dispersando a los trabajadores, reagrupándolos en organismos dóciles de fácil control por los nuevos patronos de las Empresas del Estado, Ministerios, Gobernaciones y Alcaldías. A esta operación gubernamental no le auguro éxito, todavía hay reserva moral y sindical entre los trabajadores venezolanos, de eso estoy seguro.

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