Economía

No habrá recuperación económica sin inflación

La afirmación que titula este artículo no es ninguna grosería. En primer
lugar, esperemos que el amigo lector esté claro en el significado exacto de
la palabra «inflación», que es el incremento general y sostenido en el nivel
de precios. No tiene nada que ver con desempleo, con crisis política, ni
inseguridad; aunque con más sinceridad, si hay relación (directa, indirecta,
o distante), pero el concepto específico es ése y no otro.

Decimos eso porque hay una famosa Teoría Cuantitativa del Dinero, y porque
hay además toda una ciencia económica que bien estudiada puede derivar en
eso. Actualmente hay una inflación moderada (no aceptamos el término de
«baja») que se corresponde con el modelo de la economía de Venezuela y no la
de otro país, y que tiende a estar acompañada de recesión (porque una
expansión del 0.3% es casi una recesión, y si consideramos los datos per
cápita, el ingreso sigue disminuyendo), o sea, una «estanflación».

La economía del país está seca, se maneja sin dinero, y los bancos
venezolanos son unos enanos peleando por una torta pequeña, pero con muchos
cuchillos para picarla y con tantos comensales (habitantes, usuarios) como
si la torta fuera grande; es decir, el sector financiero venezolano está
subdimensionado, y hay que ponerlo a crecer. Y hasta donde sabemos, no
puede haber expansión de la demanda si no hay con qué, o sea, si no hay
dinero, por lo que expandir la liquidez es imprescindible para impulsar la
economía, y toda expansión de la liquidez viene acompañada de un
aceleramiento de la inflación. De allí viene la afirmación que encabeza
este artículo.

Casi doce años de políticas monetarias restrictivas ( admitimos que la
historia no ha sido lineal) han terminado por dejar seco al país, y la
tendencia tiende a mantenerse en el tiempo, más ahora que es
anticonstitucional la política monetaria expansiva y que la única posible es
la restrictiva. En otras palabras, si consideramos que en la nueva
constitución es culpable y tiene que pagar con sus patrimonio o con cárcel
el funcionario que le ocasione daños al país, y si consideramos además que
la política monetaria únicamente puede ser restrictiva (y disculpen tanta
redundancia en estos párrafos), ya todos los directores y funcionarios
responsables del Banco Central de Venezuela (BCV) están cometiendo delito
porque no tienen para donde agarrar, ya que la política monetaria
restrictiva le hace daño al país, pero si aplican la expansiva entonces
estarían incumpliendo un mandato constitucional.

La salida es muy sencilla: dado que la Constitución se observa pero no se
cumple en todas las demás áreas de la vida nacional, pues que tampoco hay
que hacerle caso a la misma en el campo monetario, porque ya de por sí está
condenando a todos los altos funcionarios del BCV a la cárcel, y aceptar un
cargo es aceptar también ir preso y autocondenarse como delincuente al tomar
la primera decisión, excepto si salva el voto en cualquier decisión que
adopte el directorio (pero pueden salvarlo uno o dos miembros, no todos ni
la mayoría, porque entonces se paralizaría la institución).

Minibancos e iliquidez

Uno de los instrumentos para estimular la economía nacional son las tasas de
interés (hay otros, tanto económicos propiamente dichos como
institucionales), las cuales deben bajar. Y la única forma de hacerlo por
la vía del mercado, sin regulaciones, es aumentando la oferta monetaria.

Pero en la actualidad la oferta es muy restringida, y también tiene un gran
demandante, que es el gobierno nacional (se están substituyendo los TEM por
bonos de la deuda pública nacional emitidos en bolívares en el mercado
interno), y eso nos da como resultado que si la oferta es baja y la demanda
de un solo sector es alta, entonces las tasas deben ser altas.

Pero como el mercado es pequeño, y hay unos costos «autónomos» en el sector
financiero (por ejemplo, la computadora para manejar 100 cuentas de Bs. 50
mil cada una gasta lo mismo que aquella que maneja 100 cuentas de Bs. 20
millones cada una), entonces una de las maneras de reducir los costos es
pagando menos a los depositantes, y otra forma de aumentar los ingresos es
mediante las comisiones. Esta es una de las razones para que el diferencial
entre activas y pasivas sea tan alto.

Por lo tanto, si queremos mejorar la economía, hacer que crezca el empleo,
entonces «a juro» tendremos que transitar por la vía de la expansión
monetaria (prohibida en la nueva constitución), lo que significaría también
una inflación mayor y una disminución de la sobrevaluación (devaluación) del
bolívar.

Hay que hablarle claro a la gente, y no ofrecerles cuentos de pajaritos
preñados, como eso de «crecimiento sin inflación» en el corto plazo, promesa
que le encanta a los políticos, dirigentes empresariales, sindicales y
vecinales, y los economistas que tratan de complacerlos, que por diferentes
motivos también los hay.

La confianza en la economía

La confianza no se decreta. Lamentablemente, a lo largo y ancho de América
Latina los dirigentes nacionales se la pasan declarando en época de
conmoción que hay mucha confianza en la economía de su país, que todo va
bien, y eso también lo hacen en los países desarrollados cuando tienen
crisis económica. Sin embargo, la confianza no se decreta sino que se da
(algo así como los golpes de estado, que no se anuncian, sino que se dan).

Eso mismo se observa en todos los ámbitos de la vida: quienes menos parecen
son los que más lo afirman. Los hispanos que más reafirman su condición y
lo repiten a cada rato son los que viven en Estados Unidos o en los países
de su influencia directa (Puerto Rico, México, Cuba, Rep. Dominicana),
mientras que los habitantes de Sudamérica ni siquiera se dan cuenta que lo
son. En Europa quienes más dicen que son europeos son los españoles, tal
vez por aquello de que «Europa comienza en los Pirineos; al sur ya es
Africa». Los turcómanos que más afirman serlo son los de Turquía, tal vez
porque son los menos tártaros, y los judíos que más hablan de «semitismo»y
«antisemitismo» son los europeos, precisamente porque no tienen ni un ápice
de semitas. Los hombres más hablan de su condición son quienes menos lo
parecen (juangas, etc.).

Debe ser por eso que el público, cuando escuchan a un funcionario decir «no
habrá devaluación», o «ni este banco ni ningún otro caerá» salen en
estampida a comprar dólares o a retirar sus depósitos del banco en cuestión.

Todas estas cosas tienen que ver con las llamadas «expectativas racionales».

Cuando las autoridades correspondientes son predecibles para el gran
público, los agentes económicos (yo, usted, su vecino, el banquero, el
especulador) se adelantan a las decisiones y anulan sus efectos.

La reciente decisión de PDVSA de retirar sus depósitos a plazo de la banca
nacional fue realmente inesperada, nadie la predijo y todavía está dando de
qué hablar, pero generó gran desconfianza porque ahora no se sabe a quién le
corresponde la política monetaria, si es al BCV (como debería ser), al
ejecutivo nacional o a las empresas públicas. Fue tan inesperada que hizo
perder dinero a mucha gente y ala misma PDVSA, y ahora no sabemos si el
gobierno está para estimular a los agentes a que ganen dinero o a que
pierdan, y sus efectos sobre el mercado cambiario fueron mínimos (no llegó
al 1%, y ya está retornando a su nivel previo), además de que indica una
tendencia en la política económica a acentuar la sobrevaluación, y por ende,
la recesión y el desempleo.

El único susto que nos falta es que dentro de unos días, en vez de volver a
revaluar el bolívar, lo devalúen inesperadamente, y entonces si que
tomaremos todas las palabras al revés.

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