Economía

Política de sólo un hijo

En 1979 se aprobó una ley draconiana en China en la que se establecía que cada pareja sólo podía tener un hijo, penalizándose a los matrimonios que la incumplieran con multas, abortos obligados, dificultades para conseguir empleo y hasta esterilización forzosa. Se estableció así la llamada política de sólo un hijo, con la que se pretendía frenar el crecimiento demográfico de la nación más poblada del mundo, objetivo que, aparentemente se ha cumplido en buena medida, ya que se estima que en los primeros veinte años de vigencia de la ley se redujo el crecimiento de la población en unos trescientos millones de seres. Durante mi última visita a esa nación en 1993, catorce años después de estar en vigencia dicha ley, se observaba un patrón común en la relación de las parejas jóvenes con sus hijos únicos quienes eran sobreprotegidos, haciéndose evidente entre éstos un comportamiento de niño consentido y mimado. Me preguntaba entonces si se le estaba dando la formación debida a una generación que tendría grandes retos sobre sus hombros, ya que sobre ella no sólo recaería la responsabilidad de educar a sus descendientes, posiblemente más numerosos, sino también cargar con una abultada generación de personas mayores que había que mantener. Es como tener a una generación entre dos pirámides poblacionales invertidas. Pues bien, después de treinta y un años de vigencia de la ley las cosas han evolucionado de forma interesante. En un artículo recientemente aparecido en el Financial Times se informaba que en las pujantes zonas industriales chinas destinadas a la producción de bienes para la exportación, estaba escaseando cada vez más la mano de obra más solicitada, es decir, aquella con edades comprendidas entre los veinte y los treinta y nueve años, precisamente como consecuencia de la reducción de la tasa de natalidad en las décadas recientes debido a la implantación de la política de sólo un hijo. En línea con la ley económica básica de que lo que escasea aumenta de precio, aquella necesidad insatisfecha de mano de obra está haciendo que los salarios pagados a los trabajadores en ese rango de edades estén experimentando importantes crecimientos, mejorando así la calidad de vida de sus familias. De hecho, se prevé que en los años por venir las mejoras en las compensaciones laborales en China pueden ser substanciales, pudiéndose comenzar a producir un anhelado patrón económico, que consiste en basar el crecimiento de la producción en la expansión del consumo interno, más que en el de las exportaciones. Si bien se está aún muy lejos de avanzar con decisión en la consecución de ese objetivo, hay esperanzas de que se esté dando inicio a un proceso continuo para alcanzarlo. De ser esto así, la generación de jóvenes profesionales, técnicos y obreros que conforman la parte más dinámica y prometedora de la fuerza laboral china tendrá más oportunidades de avanzar y vivir mejor, dándole mayores posibilidades de educación y superación a sus hijos, y de generar los recursos requeridos para dar soporte a la generación de personas mayores que está culminando su ciclo productivo, o que ya está en situación de retiro. Quedarían así disipadas mis dudas acerca de la capacidad de la generación emergente de cumplir con las responsabilidades que recayeron sobre sus hombros como producto de la implementación de la política de sólo un hijo. No dejan de asombrar los contrastes, las peculiaridades y el dinamismo de la gran nación asiática.

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