Economía

Por amor a Dios Pdvsa, ¡no sintonices Radio Vietnam!

Luego de una larga conversación la semana pasada con Christopher Flavin, presidente del World Watch Institute en Washington, reflexioné mucho sobre lo apartada que se encuentra Venezuela del mundo presente. El caso de la energía es bien ilustrativo.

Hace años, tantos que parece que hubiera pasado un siglo, existía una seria discusión sobre la necesidad de conservar al petróleo, no producir demasiado, ya que podía agotarse.

A la puerta del siglo XXI, plantearse semejante argumento cuando menos sería muestra de la más lamentable de las ignorancias.

La tenología satelital ha permitido demostrar que las reservas de petróleo existentes en el mundo son literalmente infinitas. Esto por sí mismo, debería ser factor más que suficiente para que Venezueloa reconsiderara su política petrolera y realizara las inversiones necesarias para incrementar considerablemente su producción. No obstante, las razones para este cambio de política no se basan exclusivamente en el nivel de reservas. Independientemente de la cantidad de petróleo existente en el planeta, cuaquier proyección que sostenga el predominio de los combustibles fósiles más allá del año 2050 tendría grandes probabilidades de error.

La tendencia del pensamiento energético mundial de hoy se concentra en el desarrollo acelerado de las alternativas al petróleo.

Se está poroduciendo una revolución. La misma se manifiesta con la comercialización creciente de células solares, turbinas de viento y combustible celular capaces de dirigir la sobreabundante energía renovable existente en el planeta para producir electricidad e hidrógeno concentrado que permitirán alimentar de energía a las fábricas, las viviendas, los automóviles y los aviones, sin contaminar el medio ambiente.

Sostiene Flavin que esta nueva forma de producir energía representa para la economía moderna el mismo nivel de importancia ocupado en 1890 por las máquinas de combustión interna y los generadores electromagnéticos.

Las piezas clave de la nueva tecnología ya existen y están siendo comercializadas. Al igual que con el automóvil y la bombilla incandescente, las células solares y los carros eléctricos alimentados de hidrógeno están ganando cuotas de mercado progresivamente, teniendo muy pronto capacidad de producir una tercera revolución energética.

Durante 1990, la energía eólica ha crecido a una rata de 26% anual y la energía solar en 17%. En el mismo período, el consumo de petróleo apenas ha aumentado a una rata de 1,4% anual.

Este impresionante dato no es ajeno a las empresas que dominan el mercado petrolero de hoy. En los últimos dos años la Royal Dutch Shell ha anunciado inversiones billonarias en campos eólicos gigantescos, plantas de manufactura solar y desarrollo de combustible celular. No es casualidad, es su única salida para no quedar excluida del mundo que se aproxima.

Ante semejante panorama, ¿qué estamos haciendo en Venezuela para responder a estos retos con inteligencia? ¿Es coherente la política energética venezolana?
‘Por sus obras serán juzgados’, reza el sabio proverbio.

¿Qué acciones está tomando Pdvsa para seguir el mismo camino de la Shell?
Venezuela debe modificar hoy mismo su orientación en el área de la energía. El petróleo tiene sus días contados como protagonista. Hoy más que nunca se tiene que aprovechar el tiempo o tendremos que comernos las reservas.

Impulsemos la producción petrolera. Invirtamos el dinero resultante incentivando la creación de riqueza empresarial alternativa.

Que Pdvsa sintonice el canal de la Shell y no la frecuencia de Radio Vietnam. Todavía tenemos oportunidad.

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