Economía

¿Quiénes conducirán el desarrollo ?

No puede negarse ni el esfuerzo serio ni la sinceridad de varios agentes participantes en el proceso de difusión de las ideas (sobre consenso, diversificación de la economía, otras) que puedan enrumbar la sociedad y economía venezolanas. Pero, realmente, el proceso de conformación de esa especie de ya sabiduría convencional –aun con todas las diferencias entre unos y otros- en cuanto a las necesidades de perfiles estratégicos para la misma, ha estado influida por la presencia, no siempre útil, de los políticos tradicionales y algunos tecnócratas, así como también de –en algunos casos- falsos empresarios o capitanes de empresa.

La mayor parte de estos, por lo demás, no se han perfilado como Líderes del desarrollo, en el sentido de suministradores de orientaciones de utilidad para la participación de los distintos agentes en los procesos económicos en curso. En tal sentido, es pertinente destacar que -como muy acertadamente ha señalado P. Goldmark (Presidente de la Fundación Rockefeller)-: “El primer requisito del liderazgo es ver pautas en el tiempo tan distantes como sea capaz de mostrárnoslo nuestro período de la historia y de enfrentar los problemas y de concebir soluciones en un período de por lo menos una década”. En el caso del “gobierno revolucionario” actual, esto se ha transformado en fantasías para 50 o 100 años.

No ha sido difícil en Venezuela encontrar posiciones extremas. Un ejemplo de ello está asociado al hecho de que, de haber tenido la nación un crecimiento y desarrollo basado en la protección estatal y la ausencia de elaboraciones puntuales que hubiesen apuntalado mejor a este último, se busca ahora suplir, bruscamente -aunque sea mayormente en la expresión oral- tal conjunto de insuficiencias e ineficiencias. Es así como el discurso de algunos líderes empresariales, políticos de tradición y académicos, termina siendo tan amplio que resulta difícil y no creíble para su ejecución. Esto es, se intenta desde los discursos y los pronunciamientos arreglar todo al mismo tiempo. Puede afirmarse que, esto se ha mantenido como pauta, tanto en los segundos gobiernos de Pérez y Caldera, como en el del Presidente Chávez. Un resumen puede perfilar un transito desde neoliberales extremistas hasta los extremistas de la “revolución” actual.

La gran tarea de los Líderes del desarrollo estaría en poder crear objetivos nacionales creíbles y factibles que, fundamentados en perfiles estratégicos, puedan orientar y entusiasmar a los agentes económicos y a los ciudadanos.

Una expresión que puede relacionarse con la de Líderes del desarrollo es la que presenta Wolfe (en un trabajo publicado en Revista de la CEPAL N° 31, 1987) sobre los Agentes del Desarrollo. Sobre estos señala: “…la experiencia ha demostrado que las políticas nacionales eficaces exigen la personificación de un dirigente, que posea la difícil combinación de tener confianza en si mismo y autocontrol, y sea capaz de infundir confianza en que los principales problemas nacionales pueden tener solución, que las deficiencias de las formas pretéritas de manejar los asuntos públicos pueden superarse, y que todos los intereses legítimos pueden ser escuchados”. En Piñango (articulo en El Nacional 31-2-02), se plantea, también, una idea relacionada cuando se clasifica entre políticos, intelectuales, tecnócrtas y empresarios y se ubica a los buenos políticos como aquellos que, teniendo cultura mínima y criterios sólidos, pueden entender a las otras figuras, convirtiendo en acción las ideas y movilizando la población para ciertos proyectos. Podría hacerse la pregunta de hasta donde en Venezuela existen condiciones para que surjan tales líderes. Realmente, tales líderes deben existir para el mejor encauzamiento de los procesos de transformación productiva. Es el caso, por ejemplo (guardando todas las distancias), de Park en Corea, pero también, puede afirmarse, es el caso de R. Betancourt en los primeros años de la década de los sesenta en Venezuela. En cualquier caso, puede destacarse la opinión de Asdrubal Baptista en el sentido de considerar a Betancourt, precisamente, “…como el ideólogo más exitoso en lo político del tránsito de la Venezuela tradicional atrasada a la Venezuela petrolera rentística…” (1989, obra colectiva).

Es de singular importancia, en cuanto a los asuntos del liderazgo y de lo que interesa resaltar, lo concerniente a las apreciaciones sobre el papel de la visión. Y, de manera muy específica, lo atinente a que el manejo o desempeño en base a una visión clara puede tener importantes repercusiones para la estructuración de un Liderazgo visionario y, correspondientemente, para el desempeño de las empresas, el sector público o la nación. Evaluando la sociedad venezolana actual, e incluso la evolución de la nación a través de las crisis fundamentales del siglo XX (1903, 1928, 1945, 1958, 1992; según los hechos e historiadores como Manuel Caballero), puede afirmarse que aparte de figuras muy excepcionales, se ha conformado un perfil de liderazgo con más sentido político que económico o técnico en cuanto al crecimiento y desarrollo. Hoy día, ese liderazgo tradicional se encuentra bastante probado y agotado. Su larga presencia y su poca efectividad para enrumbar la sociedad venezolana por una senda más estable de crecimiento y desarrollo, enfrenta a la nación con la ausencia de liderazgo en cuanto al desarrollo que se ha señalado, así como con la necesidad de su conformación.

El liderazgo del Presidente Chavez -desde su primer triunfo electoral en 1998-, que ha estado avalado por la voluntad popular, en lo que es su expresión a través de los votos –aunque hoy se encuentra en franca caída-, algunos lo perciben -y él en particular- con posibilidades de enrumbar al país por la ruta del desarrollo. Pero, que va, además de un buen Presidente, se requieren los líderes del desarrollo y el avance en otros elementos relacionados, como son los que destaca M. Desiato, en una nota que es de interés para lo que hemos tratado en esta, y donde se indica que: “La recuperación de una institucionalidad fuerte transita por la formación de un buen número de políticos profesionales capaces y, desde luego, honestos; hombres conocedores no sólo de la política sino también de la economía, de la sociología, dotados de un sano sentido de la realidad y flexibles a la hora de habérselas con el pluralismo propio de nuestros colectivos…” (El Nacional, 24-2-02.)

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