El Editorial

Alerta con el síndrome de Estocolmo

El síndrome de Estocolmo es un estado psicológico en el que la víctima de un secuestro, o una persona retenida en contra de su voluntad, desarrolla una relación de complicidad con su secuestrador, o con quien la tiene confinada obligatoriamente. En muchos casos, se ha visto cómo los prisioneros terminan ayudando a sus captores a alcanzar sus fines.

La pérdida total de control que sufren los rehenes o confinados en una situación de virtual secuestro, pueden hacer que terminen identificándose con algunas de las acciones o medidas que asuma el carcelero.

Este comportamiento surge de la presión psicológica que significa estar aislado, indefenso y temeroso de que la situación pueda aún agravarse aún más y, por lo tanto, comiencen a ver con mejores ojos las pequeñas migajas que les pueda dar quien los tiene sometidos.

Esperamos que esa no sea la circunstancia que se apodere de las mentes de algunos de los venezolanos frente a algunas supuestas concesiones que pueda «otorgar» el régimen, particularmente en lo que se refiera a un aumento relativo de suministro de combustible, que por demás solo podrá ser accesible a una porción ínfima de la población, ya que la mayoría, por estar confinada, tiene pocas posibilidades de movilizarse en sus respectivos vehículos.

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Un comentario

  1. Cuando el ex jefe del gobierno español, el señor Rajoy, se puso su mono de ejercicios y con sus gomas Nike salió sin mascarilla hacia el exterior de su piso para combatir el estrés en el parque de su vecindario, estaba violando la ley y al ser detenido, confesó a la policía que no sabía donde estaba ni que hacía en su parque. Obviamente, que estaba huyendo de algo y sumisamente le colaboró a una policía que, con la mayor candidez lo llevó hasta su domicilio y aquí no ha pasado nada. Todos se vuelven colaboradores y sumisos cuando si te pasas de la raya, se te quita lo que se te daba y a cambio, se te deja cierto grado de libertad para que termines agradeciéndole a tu controlador lo bueno que él es, porque el malo eres tú.

    El problema para el controlador ocurre, cuando los presuntos sumisos reaccionan colectivamente en negativo, al observar que tú vas a pie y ellos en vehículos de 400.000 $, o sus hijos estudian en universidades europeas y los tuyos no pueden pagar una privada, o se curan en los mejores hospitales y tu mujer pare en el piso, o los apagones ya te dejaron sin electrodomésticos, o tu salario no puede pagar el combustible en dólares a los testaferros de los milicos que, ahora serán los que administren ese negocio. Lo cierto es que la semilla del descontento ya germinó y lo que brilla por su ausencia, son líderes o caudillos que dirijan la insubordinación, aunque sea para vender una ilusión por algunos meses o años. El hecho es que, por ahora, nadie cree en nadie ni en nada y todos desconfían entre sí. No obstante, vientos de cambio soplan con fuerza y el todo es que por un buen rato, se firmen y se cumplan los pactos y alianzas entre los enemigos de siempre, mientras se alcance el objetivo de quebrar el «SÍNDROME DE ESTOCOLMO «.

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