El Editorial

El problema no es el PIB

Muy dados son los economistas y ejecutivos en general a soltar disquisiciones con amplias y sesudas frases sobre cifras y elementos económicos que impresionan al lector o al oyente de conferencias, pero que no necesariamente son las que impresionan al pueblo. Lo del PIB, ponga usted por caso, imponente y abstracto símbolo que mide el valor monetario de la producción de bienes y servicios finales de un país durante un año. Impresionante concepto, sin duda, y elemento de una especial elegancia en charlas y en intercambios de opinión cuando debe uno quedar bien. Pero no es lo que impacta ni interesa al pueblo ni a la clase media, a las amas de casa que deben hacer verdaderos milagros económicos para desacelerar las necesidades perentorias de sus familias ante la permanente aceleración de los precios, ni a los electores que día a día sufren los tormentos de un país en bancarrota política, social y económica, los que aguantan sin que nadie les explique porcentajes la desnudez del ciudadano venezolano ante la lluvia, el desorden e irrespeto diarios de automóviles, camionetas, camiones y motorizados, los que ya no pueden ni fumarse un cigarrito ocasional no por el cáncer ni la ferocidad de los fumadores pasivos, sino porque simplemente no tienen con qué pagarse un cigarrillo al detal. Chávez, caudillo astuto, no habla del PIB hacia arriba ni hacia abajo, y cuando cae en la tentación de alguna sala situacional de embarcarse en porcentajes, pierde brillo y se pone fastidioso. Chávez habla de sueños, sean bonitos como una vivienda o el aumento de salarios a las Madres del Barrio, o vigorosamente abstractos como lo del socialismo, y ése es el Chávez que arrastra. La oposición parece ir entendiendo, al menos para las elecciones de este mes, que los mensajes no son los de que Chávez se vaya ni de los porcentajes de cualquier tipo, sino los compromisos a resolver los pequeños y grandes problemas palpables de las derrotadas cuadras, callecitas y escalinatas de los barrios. Con el mismo criterio sencillo y directo de bodeguero –que es quien de verdad sabe, junto con las amas de casa, de economía- los candidatos deberían ponerse a explicar cómo es la cosa ésa de la unidad y los votos en el tarjetón, porque no es sencillo de entender. Si van a esperar que millones de electores sean instruidos por funcionarios de las mesas electorales, con buena o mala voluntad, muchos votos podrían perderse por simple confusión. Va siendo hora de que dejen de usar los espacios que les están cediendo los medios, para hablar, en vez de lo buenos que son, de dónde debe ponerse el voto y como funciona eso de la “unidad perfecta”. Va siendo hora de que algunos candidatos y candidatas de oposición, con enormes recursos, entiendan que las elecciones no las ganan las campañas bonitas y creativas, ni estudiadas actuaciones dramáticas, sino presentaciones eficaces. Que no hablen del PIB electoral, sino de la economía de las marcas en los pequeños óvalos.

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