El Editorial

La oscuridad integral

Si algo es común a todos los regímenes antidemocráticos sean estos comunistas, fascistas, tiranías, dictaduras, autoritarismos de diversos géneros, absolutismo monárquico o teocracias, es el miedo que le tienen a la libertad de expresión; por eso es que la primera medida que imponen es el control férreo sobre los medios de comunicación.

En nuestro país lo hemos padecido muchas veces. En el siglo XX fue la principal arma de control social de la tiranía de Juan Vicente Gomez y de la dictadura de Marcos Perez Jiménez. Luego con el advenimiento de la ‘revolución bonita’ de Hugo Chávez, lo primero que hicieron fue imponer la hegemonía comunicacional a través de diferentes medidas aplicadas progresivamente. La primera y más notoria fue el cierre de RCTV, sustituyéndola por un inocuo y fastidioso medio oficialista, luego vinieron las «compras» de diversos medios autónomos como Globovisión, la Cadena Capriles, El Universal. Pero como eso no era suficiente, a través de Conatel impusieron la aplicación de la ley mordaza, mediante la cual los medios radio eléctricos y televisivos subsistentes sufrieron censura y la amenaza de multas o, peor aún de no renovación de concesiones. Ese proceso no terminó allí y prosiguió en el interior del país con el cierre de numerosas estaciones de radio y a la prensa escrita le quitaron el acceso libre al papel, que quedó en manos de un ente dependiente del ejecutivo.

Ahora, el régimen totalitario, al parecer no contento con controlar todas las instituciones del Estado y su casi total hegemonía en el espacio radioeléctrico, enfila sus baterías hacia las RRSS y los medios digitales.

La causa evidente de esa nueva acción coercitiva en contra de la libertad de expresión es la pérdida absoluta de popularidad del régimen evidenciada el 6D cuando, a pesar de gastar gran cantidad de dinero en propaganda y de amenazar a sus seguidores con quitarles “los beneficios” del clap si no votaban, no lograron que participara en ese evento un 10% de la población, mientras que la Consulta Popular, apoyada solo por las redes sociales y algunos medios digitales, fue capaz de alcanzar una participación de 6 millones cuatrocientos mil venezolanos.

Es evidente que, para mantenerse en el poder el régimen necesita apagar cualquier vestigio de luz informativa que aún quede en el país y vemos como se orquesta una campaña en contra de medios digitales y se confiscan los equipos de una televisora digital.

Si oposición, sociedad civil e Iglesia no reaccionan de manera unitaria y denuncian este nuevo intento de imponer la oscuridad integral, que terminará con la censura de las redes sociales, la lucha por la democracia y la libertad habrá recibido la puntilla que nos convertirá en una nueva cuba, Corea del Norte o cualquier otro ejemplo antidemocrático que promueve e impone el silencio comunicacional.

Es hora de que centremos el esfuerzo de todos en luchar contra este estado de cosas y no en pelear entre nosotros sobre quién y quiénes tienen la mejor verdad.

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Un comentario

  1. En el fenómeno que conocemos con el nombre de Totalitarismo hay un elemento que constituye su fuente u origen visible: el imperialismo. Como ideología política, el totalitarismo no surge de una voluntad consciente de un individuo que un día decide asumir el dominio total de un país organizado como nación – Estado, y ocurre que después se transforma en la expresión omnímoda del querer de un solo hombre o un solo sistema sobre otras naciones, otras culturas.
    Su existencia en la sociedad mundial es considerada como una desviación en el orden jurídico de las naciones occidentales, constituidas en Estados como la forma política que toma el conjunto de hombres que viven en comunidad organizada. El mundo europeo era una sociedad de Estados que tenían por suporte el principio nacional. Quedaban en el siglo XIX dinastías como la monarquía de los Habsburgo, pero las colectividades apelaban como siempre al sentimiento nacional.
    Nuestro país no tiene dinastías. El gobernante aspira a la gloria y termina en el vacío.

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